Sinsentido

Ignacio Sosa. Puerta de embarque. 2010. Óleo sobre tela.

Me contó mi amigo D. que el martes se suspendió el Festival de Jazz porque había paro de no sé qué. En la página no decía (ni dice) nada al respecto. Los que fueron hasta el CC Recoleta (como mi amigo) a ver a Fernando Tarrés o a Paula Shocron (que tocaban a las 8 y a las 9, respectivamente), se la tuvieron que comer. Paro de no sé qué. Y los pasaron para ayer, que era feriado, como para no extender un día más el festival (se sabe que los equipos y la fuerza de trabajo se alquilan por día). Entonces tocó a las 5 Tarrés, a las 8 Shocron y a las 9 Gillespi (?) “Una noche plena”, según los organizadores.

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Anoche volví a ver El asaltante, de Pablo Fendrik. La dieron por el cable; al encontrarla en la Grilla de TV no pude evitar recordar cómo me había atrapado la primera vez que la vi. Fue allá por el BAFICI de 2008, en el Abasto. Unos días antes habían matado al docente Carlos Fuentealba en un criminal episodio de violencia policial al cual nos tiene tan acostumbrados nuestro país. La película se trata de un ladrón (Arturo Goetz) cuyo curioso objetivo son los colegios privados. AHORA VIENEN LOS SPOILERS-CUIDADO. Al final nos enteramos de que este tipo que roba colegios privados a la mañana (con pistola y todo) es maestro de una escuela pública a la tarde, y que su pistola es de juguete. Recuerdo que una señora saltó indignada, al terminar la función, increpando a Fendrik de cómo podía dejar esa imagen de la educación pública, habiendo pasado lo de Fuentealba etcétera etcétera. El flaco le respondió que obviamente no tenía nada que ver, que la película estaba terminada hacía un año y que lo disculpara si la había ofendido. Es corta la película, 67 minutos.

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En la galería Masottatorres tienen una exposición curiosa a la que trataré de ir en los próximos días. Se llama “Proyecto DANSE!” y consiste en una sala de exposición, un taller y una performance. Es un emprendimiento itinerante que ya pasó por Bogotá, Lyon y Montreal, entre otras ciudades, y consiste en bailar al ritmo de tu música favorita. Iniciado por una DJ francesa, la otra parte consiste en que un artista te filma y otro te pinta en vivo. “La idea es crear un retrato de la humanidad bailando”. Los dos artistas argentinos (el que filma y el que pinta) son Juan Francisco y Javier Adaro. Habrá que darse una vuelta: México 459 (San Telmo), Lunes a viernes de 14 a 20 hs. Entrada libre y gratuita.

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Acreditar

El grupo de Ramiro Flores se presenta este año en el Festival de Jazz. El ramo de lámparas delata Thelonius. Foto: gentileza GCBA.

Cada vez que me acuerdo de que no tengo libreta universitaria me deprimo. La arbitrariedad, más que la precariedad, es lo que me afecta. Porque mi hermano en Exactas tiene desde el segundo cuatrimestre que cursó. Mi novia, Letras, antes aún. Yo empecé el trámite en noviembre de 2008. Volví en exactamente un año (creo que ya lo conté esto, ¿no?), no estaba. “Date una vuelta [sic] en mayo”. Volví en mayo (de 2010), no estaba. Fui hará tres semanas. “Date una vuelta en mayo”. O sea, la Universidad de Buenos Aires no me otorga una acreditación válida más que el cartón de mierda que, como todo en esta alta casa de estudios, es “provisorio”.

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Hoy empieza el Festival de Jazz. Seis días para ver todo el jazz que no se puede en el año. Los nombres locales son más o menos los mismos de siempre: Fernando Tarrés, Ernesto Jodos, Juan Cruz de Urquiza, Francisco Lo Vuolo. Vienen algunos músicos extranjeros de renombre, como Barry Altschul (que tocó hace unos meses en Jazzología con los mismos músicos que lo acompañarán esta vez, hoy a la noche en Notorius). Los recomendados de Fuera de contexto son, extranjeros, Enrico Pieranunzi (mañana en trío, el martes solopiano y el miércoles en quinteto haciendo la música de Fellini) y el mencionado Barry. De los locales, Ramiro Flores (el domingo gratis en el CC Recoleta), Fernando Tarrés (el martes también en el Recoleta haciendo la música de Piazzolla), Juan Cruz de Urquiza (lunes, mismo lugar, 21 hs) y Francisco Lo Vuolo (lunes en Café Vinilo, 20$). Por suerte nos acreditaron con Juanita.

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En el Reino Unido tienen un organismo gubernamental que se llama RAE, cuyas siglas traducidas significarían “emprendiemiento de evaluación de la investigación”. Se trata de un control periódico de todas las instituciones de educación superior del Reino, en el cual se las evalúa según la calidad de su investigación, dividiendola en cuatro categorías: “primer nivel mundial”, “excelente a nivel internacional”, “reconocida a nivel internacional” y “reconocida a nivel nacional”. Después hay una categoría residual, menos que la primera digamos. Entonces todas las universidades que estuve mirando arrancan por ahí: “en biología celular el 87 por ciento de nuestra investigación fue designada por el RAE 2008 como ‘primer nivel mundial’ o ‘excelente a nivel internacional’ “. Acá no tenemos algo así, un organismo que acredite la calidad de las carreras universitarias. ¿O sí? ¿O alguien no quiere que eso pase?

Instrumental

El ministo de Cultura, Hernán Lombardi, y el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, escoltan al escritor peruano Mario Vargas Llosa en ocasión de su visita a la biblioteca Miguel Cané, en marzo de 2008.

Estoy escuchando el disco Crescent de John Coltrane y necesitaba escribir esto acá porque si le decía a Nico de subir una nota a Juanita seguro vamos a colgar y nos vamos a juntar en su casa y hasta que la subimos ya es mañana. Acaba de terminar el cuarto tema. Son cinco temas Crescent de Coltrane. ¿Cuántos discos de cinco temas conocés? “Lonnie’s lament” se llama y dura  casi 12 minutos. Específicamente cuando terminó el solo de contrabajo (cerca de los 10 minutos) fue cuando abrí el Firefox, entré a WordPress (acá ya estaba sonando el tema principal con el saxo de Coltrane), metí mi nombre de usuario, contraseña y le di Fuera de contexto, Nueva entrada.

Instrumental. Es música instrumental, sí. Pero cada tema está digamos “comandado” por un instrumento. Ahora siento que si dejo de escribir algo malo va a pasar. Tengo que seguir escuchando el sonido de las teclas, es como lo que me mantiene vivo. Paro un segundo, por ejemplo ahora. para escuchar el solo de batería de este último tema que se llama “la cosa de la batería” o “The drum thing” más específicamente. Sí, este es el tema de la batería, como el anterior era, me parece, el tema del contrabajo, a pesar de que también tuviera un solo de piano excelente de McCoy Tyner.

Este es el mejor cuarteto de Coltrane, dicen los que saben. Yo mucho no sé porque tengo solo 4 discos de Coltrane, este, Giant steps, The John Coltrane Quartet plays y Stellar regions. Este último no lo escuché todavía pero con los tres anteriores me basta. Creo. Porque viste que cuando estás empezando a conocer a una banda y escuchás un disco que está increíble después te entusiasmás buscás otro y también está increíble pero después ya decís “uh bueno, mejor me quedo con esto porque capaz el próximo es malísimo”. En muchos casos lo que pasa es que es más fuerte que vos uffff cómo sigue la batería esa dios mío y entonces buscás otro y paf era buenísimo también. Y se convierte en tu banda favorita o en una banda que te gusta mucho no sé cuál es la diferencia.

No hay bandas favoritas.

Por fin se hizo justicia y le dieron el Nobel de Literatura a Vargas Llosa.

Qué lindo que sería

Diana Krall al frente de su banda en el Royal Albert Hall de Londres, en octubre del año pasado. Foto: Nadja von Massow (CC)

En su cuarta visita al país, la canadiense Diana Krall deslumbró con un jazz clásico. Poco de su último disco y 90 minutos de show, ante más de 3000 personas en el teatro Gran Rex el pasado jueves 23. Un enviado de Fuera de contexto nos cuenta cómo se vivió.

por Maximiliano Estravis Barcala

La previa del show, en las últimas filas del Pullman del Gran Rex, se vio amenizada con frases como “Ah, este es el último disco que sacó, ¿no?”, “Sí, este sector es exclusivo para los de [marca de tarjeta de crédito]” (¿las últimas filas del piso de arriba? ¡qué lujo!), y “Yo tengo todos los discos de ella en un solo DVD, lo podés poner toda la tarde de fondo”. Por lo menos en este (al parecer exclusivo) sector, el público era íntegramente mayor de 50 años, por lo general parejas; cuando no, pares o tríos de amigas (“las chicas”).

Por suerte, la música era la razón por la que este cronista estaba ahí, y no salió desilusionado: apenas la banda entró al escenario (luego de que una voz en off dijera “con ustedes, DIANA KRALL” en un tono pretendidamente inglés) comenzó a descollar con viejos estándares: estrofa, estribillo, un solo de cada músico, estrofa, mini solitos de batería, final. Así (agradecemos) fue todo el show.

La banda fue absolutamente impecable, con solos de altísima calidad que hicieron que, en total, la cantante los presentara más de 3 veces: Anthony Wilson en guitarra eléctrica, Robert Hurst en contrabajo, y Karriem Riggins en batería. Diana Krall misma tuvo solos muy inspirados, además de su ya conocida y hermosa voz.

Si bien la campaña publicitaria presentaba el show como basado en su último disco, Quiet Nights, de esta placa sólo hubo dos temas: “Walk on by”, y el que da título al álbum, versión inglesa del clásico de Jobim “Corcovado”. Más aún, en el disco la instrumentación es orquestal y low-tempo, mientras que el recital fue en un tradicional formato de cuarteto. Si bien yo prefiero esto último, no considero correcto que el show se haya publicitado como distinto.

Entre los temas, destacaron una versión (dedicada a sus hijos gemelos) de un tema de Tom Waits, “Jockey Full of Bourbon”, y viejos clásicos como “Just you, just me” y “Cheek to cheek”.

En síntesis, si bien gran parte del público probablemente no sabía lo que estaba viendo, fue un show antológico y sorprendente; es bueno ver que la vieja llama del jazz no se mantiene solamente en tugurios de madrugada o en nostálgicas películas.

200 años entre libros

El Ernesto Jodos Trio, franqueados por Mariano Moreno, anoche en la Biblioteca Nacional.

La Biblioteca Nacional celebra en estos días sus 200 años de historia con importantes actividades conmemorativas. El fin de semana hubo feria de escritores, charlas y conciertos. Hoy, el acto central y un cierre musical con Fito Páez y Gerardo Gandini.

Un día como hoy, de 1810, Mariano Moreno fundaba la “Biblioteca Pública de Buenos Aires”, hoy Biblioteca Nacional. Tras cambiar de sedes y de directores (entre sus más célebres se encuentran Paul Groussac y Jorge Luis Borges), en 1993 se instaló en el edificio diseñado por Clorindo Testa, Alicia D. Cazzanica y Francisco Bullrich. Es en este bloque tan moderno y llamativo que se alza por sobre la arquitectura de la ciudad, donde se celebra en estos días su bicentenario.

Las actividades comenzaron el pasado sábado 11, con una Asamblea de Bibliotecas Nacionales de Iberoamérica y una serie de Lecturas de obras nacionales a cargo de importantes actores. La Plaza del Lector, ubicada hacia la avenida Las Heras, fue sede de una Feria de Escritores y Editoriales independientes, que ofrecieron en vistosos puestos color violeta la variada producción libresca de la ciudad, desde infantiles hasta política, pasando por historia y libros de música.

Los más pequeños también tienen su lugar en los festejos de la Biblioteca. Se trata del programa Biblioteca Lúdica, que se desarrolló ayer domingo y hoy, lunes 13, de 15.30 a 16.30 hs, y de 17.30 a 18.30 hs, en el salón Raúl Scalabrini Ortiz, con juegos, actividades plásticas, narración oral y función de títeres. Tampoco están afuera los bibliotecarios, protagonistas indiscutidos del patrimonio cultural de cualquier sociedad, quienes celebrarán mañana su III Encuentro a partir de las 13.30 hs en el Auditorio Jorge Luis Borges.

La música fue otro elemento importante a la hora de celebrar estos 200 años de libros. Ayer se desarrolló un festival desde las 11 hs, con la Orquesta Sinfónica Nacional, en la explanada de la Biblioteca. Entre los actos más significativos de la tarde estuvieron el Cuarteto Cedrón y Juan Falú (quien señaló, jocoso, la rareza de tocar la guitarra “por línea”). Ya cerca de la medianoche, el trío de Ernesto Jodos con Hernán Merlo y Eloy Michelini trajo una buena dosis de jazz para apaciguar el frío y el viento que hacían estragos entre los pocos asistentes que quedaban. A las 12 de la noche, entrando en el día bicentenario, un espectáculo de fuegos artificiales sobre la Biblioteca coronó este festejo nacional.

Para hoy se espera el acto central, a las 19 hs en el Auditorio Borges con la presencia del Secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia, el Director de la Biblioteca Nacional, Horacio González (a quien este enviado vio muy divertido, ayer, escuchando a casi todas las bandas y disfrutando de la pirotecnia) y el escritor Noé Jitrik. A las 21 hs, en la explanada, Fito Páez y Gerardo Gandini interpretarán la música del primero con arreglos para ensamble del segundo.

Pueden descargar la programación completa acá

Las palabras y los días

Enrico Rava y Gianluca Petrella, durante la actuación del Quinteto en el Crossover Festival de Imola. Julio de 2003. Foto. Claudio Casanova.

La semana pasada andaba por Palermo antes de una charla, tenía algo de tiempo para pasear y el colectivo paró justo frente al Zivals de Honduras, que tiene una gran sección de jazz, nacional e internacional. Entré.

Me acordé de que en el Festival de Jazz el año pasado había visto a una banda de acá excelente, pero no me podía venir el nombre. Aparte en el jazz la mayoría de las “bandas” son el nombre de uno de los músicos más el tipo de conjunto que es. Pero no me acordaba. Acá lo encontré: Mariano Loiácono Quinteto. Así se conocen.

Recordé otro músico que me había gustado mucho, sobre todo la segunda vez que lo vi: Enrico Rava. La primera había sido en el Festival de Jazz de 2007, creo, o 2006, con Stefano Bollani haciendo un dúo de piano y trompeta que, a decir verdad, me aburrió bastante. Encima en una platea del teatro Coliseo, estaba de cómodo… Pero la segunda, con su Quinteto,  en 2007, realmente me sorprendió. Era en un festival de “jazz italiano”, que es cierto que es distinto del yanqui.

Acá estaba un disco de ese año del Quinteto de Rava, lo que me hizo sospechar que sería la misma banda que yo había visto. Solo recordaba el nombre del magnífico trombonista, Gianluca Petrella, que sí, era el mismo. Lo compré. Sí, era la misma banda.

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Anoche vi por el cable Taxi driver. Qué joven que era DeNiro, che. Qué buena película. Era la tercera vez que la veía, la primera en el cable, la segunda en el hermoso cine El Progreso de Lugano. Ese tema… un jazz bien neoyorquino, bien meloso y sensual, con esa melodía que ni a palos vas a encontrar en un disco de Rava o de cualquier otro jazzista más o menos free.

Claro, porque la película se trata de un tipo que se mete en el mundo del hampa de la Nueva York de los 80, con los pimps y los pushers y los faggots y las prostitutes y los junkies; y no está preparado para eso. La escena en que habla con el “As” en la vereda y ninguno de los dos puede articular una puta frase con sentido, es simplemente pasmosa. Recordé el sample que está al principio de Brothers gonna work it out: “no te das cuenta de que para deshacernos de ellos tenemos que deshacernos de los chulos y de los transas y de las putas; – Sí, pero nadie me va a sacar de mi negocio (responde la mina), ni vos, ni la yuta: nadie”.

El tipo quería limpiar toda la mierda, pero recién al final se da cuenta de que tendría que haber empezado por él.

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Una dulce melodía como la de Taxi driver solo puede ser adecuada para ese mundo de basura. La tapa del disco del Rava Quintet The words and the days es demasiado clara para eso.

Bañistas


Jennette Williams. Sin título (serie The Bathers). Budapest, 2006. Fotografía, impresión en platino.

Anoche hablé con mi amigo D. Hacía mucho que no hablaba más de 10 minutos con él, incluyendo hace dos semanas cuando me vino a ver a unas Jornadas, donde presenté un trabajo. “¡Sabés que justo te iba a llamar!”, me dijo apenas atendió. Le creí en el acto: pude sentir algo en su voz, en esa innecesidad de mentir que tienen los viejos amigos. Cuando terminamos quinto año D. me escribió en mi agenda: “¡Es un gusto haberte conocido!” No debería contar esto pero la verdad es que me emocioné. Fue un sentimiento muy fuerte, sobre todo porque nos habíamos conocido ese mismo año, porque él se había quedado libre y entró a mi división recién en quinto.

El jueves que viene empieza el festival de Jazz. Cada año se pone más comercial la cosa: ahora los carteles dicen más grande “entradas en venta a partir del miércoles 25 de noviembre” que el nombre del evento, y ni qué hablar de los artistas. Es lo mismo con el de Tango, con el Festival Internacional de este año (FIBA), que pasó sin pena ni gloria. Me acuerdo del FIBA de 2005. Fui con P. y mi hermano a una intervención de luz y sonido en el Cementerio de Recoleta que era impresionante. De noche, además. No había entradas, simplemente tuvimos que comernos ir un día y que estuviera suspendido por lluvia y después la semana siguiente un par de horas de cola, a la cual nos metimos por la altura que estaba P., por abajo de la valla.

Las entradas tenés que cobrarlas tipo 40, 50 pesos para los más grandes internacionales (no más de 6 espectáculos en todo el Festival) o regalarlas “desde dos horas antes del comienzo de la función”. Porque lo que pasa, si no, es un frenesí que al segundo día de ventas ya no quedan más entradas y después las salas están vacías. Claro, porque el señor va y compra, “total salen 2$” (esto es en serio, en el FIBA las obras de teatro nacionales salían 2$) y después si no da ir, te quedás en tu casa viendo a Tinelli (o “Botineras”, que empezó ayer). A mí me gusta más “Ciega a citas”.

Hasta el 9 de diciembre de este año está abierta la exposición “The Bathers: Photographs by Jennette Williams” en la Special Collections Gallery de la Biblioteca Duke, en el West Campus de la Duke University, Durham, NC, Estados Unidos. Un poco lejos, sí, pero vale la pena (?). Acá pueden ver una galería de fotos de la muestra.