Los 10 mejores discos de los 2000

Terminamos el conteo de la música de los 2000. Los discos seleccionados representan, en mi opinión, las tendencias más importantes de la música popular internacional entre los años 2000 y 2009. Hay grandes bandas, como los White Stripes o Beck, bandas poco conocidas y prometedoras, como of Montreal o Super Furry Animals, y bandas marginales pero con excelentes discos, como The coral.

Antes de resumir el conteo, quisiera aclarar un tema. Habrán notado la ausencia de bandas argentinas. Esto fue hecho adrede por varias razones. En primer lugar, una razón de mercado. Las bandas argentinas gozan, en nuestro país, de una circulación mayor en disquerías, radios y televisión que las bandas internacionales. Por este mismo motivo, me cuesta abstraerme de esta deformación a la hora de evaluar su importancia en la música de los 2000. En segundo lugar, la música argentina tradicionalmente ha discurrido por carriles musicales diferentes de los del resto del mundo -y no fue esta década la excepción. Así es que no podría hacer dos conteos paralelos. Por último, un conteo “internacional” y otro “argentino” me pareció una idea excesivamente nacionalista.

Dicho esto, aquí están los 10 discos:

of Montreal – Hissing fauna, are you the destroyer? (2007)

The Coral – Magic and medicine (2003)

The white stripes – Get behind me Satan (2005)

Calle 13 – Residente o visitante (2007)

Danger Mouse – The grey album (2004)

Super Furry Animals – Rings around the world (2001)

Beck – Sea change (2002)

Arcade fire – Funeral (2004)

The beta band – Heroes to zeros (2004)

Justice – Cross (2007)

Bonus track: Vale callampa (2002)

Estos fueron los 10 mejores discos de la década del 2000 para Fuera de contexto. Esperemos que la década que comienza nos traiga tan buena música como la que pasó, y la anterior, y la anterior…

BONUS TRACK: un tema y un EP

Terminamos el conteo. Cuando, a mediados del año pasado, me surgió la idea de hacer este conteo de la música de los 2000, tuve una conversación con mi amigo P., quien formalmente no participó en la selección pero sí la inspiró y discutió conmigo muchos de estos discos. Una de las primeras cosas que me dijo fue que había que incluir como “bonus track” este tema.

“Crazy” (2006) de Gnarls Barkley. Y sí. Cómo suena. El productor Danger Mouse (que ya tiene por sí solo su lugar en este conteo) se unió con el cantante Cee-Lo Green, quien se había vuelto loco con el Grey Album. Damon Albarn también se había enganchado con el productor para que lo ayudara en lo que sería el segundo disco de Gorillaz, Demon days (2005).

El tema condensa lo mejor de la música de los 2000 que venimos hablando. Tiene onda, es alegre, comandada por una base electrónica medio jungle. Tiene la cadencia de la voz de este negro que te hace mover los cantos. La instrumentación se apoya en un fuerte bajo continuo. Y lo fundamental: un estribillo pegadizo con cuerdas de fondo y muchos agudos.

Pero después de Gnarls Barkley se me ocurrió otro “bonus track”, de una banda mexicana que también ha sido desde sus inicios una de las más interesantes de la música latinoamericana. Me refiero a Café Tacuba. Durante esta década sacaron dos discos desparejos (Cuatro caminos y Sino) pero un EP francamente excelente: Vale callampa (2002).

Es un disco de covers, homenaje a Los tres de Chile. Arranca con el éxito “Déjate caer”: bombo en negras y voz susurrante, a la que le sigue el bajo y, más adelante, el teclado, la guitarra chingui-chingui y la batería programada. Una letra de primer nivel, profunda y reflexiva. Las voces de Rubén Albarrán alcanzando los extremos del arco sonoro y una sincera expresividad.

“Olor a gas” se apoya en el coro “uhhhhh uhhhhhh aaaaaaa ssssssssss”, impresionante. Y el estribillo súper rockero. Las canciones de Los tres tienen un registro lírico íntimo y melancólico. “Sin sábanas, sin un colchón/ duerme tranquilo como un león/ seco el corazón…” Le sigue “Amor violento”, llena de sonidos deformes y acrobacias vocales del cantante. Por último, “Tírate”, un himno al desamor y la pena (“y si me dices que te vas/ que no lo quieres intentar/ entonces abre la ventana/ tírate”).

Un tema. Un EP de cuatro temas. Eran dos joyas que no podían dejar de figurar en este repaso de la música de los 2000.

CROSS (2007)

En 2007 hubo muy buenos discos, algunos de los cuales están incluidos en este conteo (Hissing fauna) y otros no (Raising sand de Robert Plant y Alison Krauss). Recuerdo que para la Encuesta anual del suplemento NO de Página/12 dos músicos habían votado este disco como el mejor del año: Gustavo Cerati y, si no me falla la memoria, Ale Sergi de Miranda! Yo ni tenía idea de qué significaba. Meses después lo escuché y me voló la cabeza.

Cross (en verdad es un dibujito, con forma de cruz, pero así se lo conoce) fue el disco del año 2007. Cuando se pensaba que la música electrónica big beat o de estadios había alcanzado su tope con Daft Punk vinieron estos (también) franceses a incorporar nuevos sonidos y sensaciones.

Son los golpes que te da la industria musical: no pasa nada y de repente te cae un tanque de estos, con un corito de minas cantando “do the D.A.N.C.E” tranquilo y después el bardo. Excelente. Necesitamos más de estas bandas. La música de los 2000 se movió mucho así, por espasmos: en 2006 los Arctic Monkeys también sacudieron el escenario, aunque duró poco porque resultó evidente que su fuerza era de corto aliento (como tantas otras bandas…)

La música electrónica no puede salir del “culto” porque en su mayoría trabaja con otra temporalidad: no tiene “singles”. Por eso es que de vez en cuando salen “bandas” de electrónica (que no sean solo un productor o DJ) que generan buenos “hits”: desde los Chemical Brothers (“Hey boy, hey girl”) hasta Justice, pasando por Daft Punk.

En “New Jack” vemos cómo generan un ritmo breakbeat a partir de versos disonantes e incompatibles. Las dos partes de “Phantom” son un himno a los sintetizadores. “Valentine” es una canción de amor robótica, con el teclado setentoso marca registrada y una melodía romántica principal. Justice no tiene miedo de mandarte una guitarra metalera en medio de beats electrónicos. Probablemente sea “Waters of Nazareth” la que mejor resuma su estética: batería trashera pero bailable (muuucho hi-hat abierto), teclados celestiales y quiebres bruscos.

El coqueteo de Justice con la música clásica es más irreverente que el de Daft Punk: en “DVNO” se ve cómo las cuerdas tiran una nota tipo Psicosis que marca el ritmo y casi no se escucha más que cuando no hay voz. Los temas no encajan uno en el otro perfectamente más que en contadas ocasiones (las dos partes de “Phantom”), lo cual lo hace apto para el disco pero poco para el DJ set (escuchar, por ejemplo, su presentación en el NYE de hace unos meses o su Essential mix).

En fin, para terminar con este conteo vamos con Justice y su renovación de la electrónica all-stars. ¡Salud!

HEROES TO ZEROS (2004)

Reconozco que me había olvidado de este disco para el conteo. Me vino a la mente de improviso y ni lo dudé: Heroes to zeros es uno de los 10 mejores discos de la década.

Empieza con una guitarra muy “I will follow” de U2 pero después se pone más moderno, con la batería y su cadencia lisérgica. La letra dice “Creo que me abrí el cráneo mientras salía/ creo que perdí la cabeza cuando me acosté“. Al final le da una guitarra distorsionada tipo Pixies para luego meterle un solo símil metalero y terminar a toda orquesta, bien arriba.

Ya el segundo tema se pone más volado. Acá podemos apreciar la música de la Beta Band. Sonidos acuáticos y suaves surfeados por la esforzada voz de Stephen Mason. Al final de nuevo cambia: en esto me hace acordar a The coral, su búsqueda por lograr un collage sonoro en cada pieza.

“El principio es el final/ más o menos”; “Es martes a la noche y no puedo estar/ con la gente que amo”; “¿Es verdad/ lo que se dice/ sobre la vida/ cuando estás muerto?/ ¿es verdad/ lo que se dice/ sobre las cortinas que se cierran/ cuando te vas?” Las letras de Heroes to zeros están llenas de frases enigmáticas y hermosas.

El cuarto tema (no sé por qué pero nunca me aprendí el nombre de las canciones de este disco, y eso que lo tengo original), que (ahora veo) se llama “Easy” arranca con un bajo slap medio jazzero y en el medio se pone por momentos más country (guitarra acústica subiendo y bajando en dos acordes), por momentos más oscura (un teclado celestial y tenebroso). Los moods son el fuerte de este disco.

En “Wonderful” el recuerdo nos lleva al riff de “Paint it black”. “Con el tiempo te vas a dar cuenta/ de que todo lo que hago es por vos”. Qué románticos… También sentimos deslizarnos por las verdes praderas de la camaradería en “Troubles”: “tantos problemas, tantos problemas/ quién sabe porqué vivimos tanto/ tantos problemas, tantos problemas/ es hora de vivir y reír, reír, reír, reír…” El arpegio de guitarra y el teclado, más depre, no parecen acompañarla.

El power llega con probablemente la mejor canción del disco: “Out-side”. Se escucha la lluvia y todo en este tema. El título de work-in-progress de este tema era “Pot pissin’”, o sea, “meando faso”, digamos. “Me encantaría tener una planta de faso para mear en ella/ la llevaría afuera/ la llevaría afuera para que se agarrara una lluvias”. Al final, como todas las canciones de este disco, cambia al mood opuesto: en este caso se calma con una escala de piano.

“Space beatle” arranca con solo un metrónomo y voces sobregrabadas. Después se mete el corito tipo Beach Boys (hay mucho de Brian Wilson en esta banda). Las cancioncitas experimentales tienen acá su lugar con la hermosa e instrumental “Rhododendron”. Los instrumentos provenientes de la electrónica sobrevuelan todo el disco: son más visibles, por ejemplo, en “Liquid bird” (el sampleado del ataque de guitarra).

La eclecticidad, la producción impecable, los múltiples instrumentos, el uso de la electrónica, bandas indie desconocidas pero de lo más interesante: la música de los 2000 vive en Heroes to zeros de The beta band.

FUNERAL (2004)

Una de las más gratas sorpresas que me llevé durante la década del 2000 fue Arcade fire. Me lo pasó mi amigo Petris en 2006. “Tomá, es una banda nueva, canadiense, de 2004”. Lo escuché y dije “The coral ya fue, los nuevos salvadores del rock son estos tipos”.

El primer tema empieza con un piano algo oscuro y una guitarra distorsionada, mínima. Entra la voz de Win Butler, lastimosa y cruda, cantando la primera de las cuatro odas homónimas del disco, “Neighborhood #1 (Tunnels)”. La batería marca el beat casi electrónico, muy bailable, sobre la voz desgarradora. Es como si Radiohead se hubiera mezclado con los Chemical Brothers.

El segundo tema es más clásico. Todo Arcade fire es extremadamente pop, con melodías pegajosas (el acordeón de este tema) repetidas por más de un instrumento en alternancia. Los coros de Régine Chassagne (esposa de Butler) agregan aún más dramatismo a los paisajes.

El otro costado de la banda, exquisito y delicado, aparece recién en el tercer tema, “Un année sans lumière”, que habla de la búsqueda de una camina en la oscuridad a bordo de un caballo con anteojeras. La tensión dramática del disco se mantiene en toda su extensión. Funeral parece una procesión o una ópera.

Los niños son protagonistas de varias letras. En “Neighborhood #3 (Power out)”, por ejemplo, nos cuentan la historia de un pueblo en el cual se corta la luz durante la noche y nadie sabe cómo recuperarla. La luz, nos dicen, está en el corazón del hombre. La mentira es otro tópico fuerte. En varios temas se la relaciona con los sueños: ambos son escondidos bajo las sábanas, por las noches. “Cada vez que cerrás los ojos/ (¡mentiras!, ¡mentiras!)” También aparece mucho la figura de los párpados (eyelids), a través de los cuales puede ver el corazón, aunque uno no quiera.

A nivel musical Arcade fire se construye con delicadeza, por partes. “Un année…” o “Neighborhood #4 (7 kettles)” lo demuestran. Este último empieza con la guitarra haciendo un riff circular, al cual se superpone la voz y luego las cuerdas. Al final de “Rebellion (lies)”, como en los primeros temas de The coral, estalla la banda en fiesta y movimiento. Es difícil rastrear su “árbol genealógico”. Hay algo de U2, claro (los telonearon en el Vertigo tour), hay algo del Radiohead grandilocuente de los 90; pero también hay algo de la experimentación de los 80 tipo Brian Eno o Lou Reed.

Una sensación de fragilidad sobrevuela todos los temas. Efectivamente parece un cortejo fúnebre, lo cual no llama la atención si leemos las dedicatorias a las memorias de sus seres queridos fallecidos en los meses previos a la salida del disco. Mismo los temas más sólidos y espectaculares, como “Wake up”, no logran dar la imagen de superbanda. Más bien nos recuerdan al rock hímnico onda The Joshua tree.

Hace años que no escucho un disco tan redondo como Funeral de Arcade fire. Será la suerte del primer disco (el segundo, ¡ay!, es bastante flojo), pero tiene un lugar bien asegurado en este conteo.

SEA CHANGE (2002)

Sea change, de Beck, fue publicado simultáneamente con cuatro tapas distintas.

Voy a poner Sea change por Midnite vultures. A ver si se entiende. Venía escuchando Sea change, me gustaba, sí, pero algo me decía que un lugar en esta lista le quedaría grande. Pero hoy, que escribo esto (que no es hoy que lo publico y lo leen ustedes) lo escuché y después puse Midnite vultures (1999): dije “ya está, por este disco tengo que ponerlo”. Ojo: si Midnite vultures hubiera salido en 2001 y Sea change en 2004 no sé con cuál me quedaba…

Otra vez un disco bajón: sí, qué le vamos a hacer. Sea change es un disco de separación, un disco de dolor. “No es nada que no haya visto antes/ pero aún me mata como lo hizo antes”, aúlla en “End of the day”. Nunca había escuchado un disco tan depresivo en mi vida, y miren que pasó Radiohead, pasó Eliot Smith. Pero Beck es distinto, es el bajón después que pasó, no parece un disco… no sé, no es “desgarrador” como “Paranoid android”, que te querés tirar abajo de un puente. Es más tranquilo esto: y peor.

La producción de Nigel Godrich (hablábamos de Radiohead…) no es un dato menor. La perfección y la pureza de los sonidos, la mezcla, la orquestación: todo hace a una atmósfera sin igual. “¿Cómo podría este amor/ siempre mudable/ de una vez fijarse en mí?/ ¿Cómo podría este amor/ siempre cambiante/ al fin cambiar mi sentir?“

Si alguna vez me separo heavy me gustaría que mi (ex)novia me escribiera una canción como “Lost cause”: “tus ojos lastimeros/ me llegan hasta los huesos/ me hacen difícil/ dejarte sola”. O como “End of the day”, un acorde para el verso y un break instrumental casi infantil; y después el estribillo demoledor que está más arriba.

La instrumentación es bastante acústica. La orquesta está en su justo lugar: brilla en “Paper tiger”, una de las más despojadas y sobresalientes del disco, asusta en “Round the bend” y sostiene “Lonesome tears”. Ahí está también la banda de sesionistas, siempre ajustada, con la que trabaja desde Mutations: Justin Medal-Johnsen, Joey Waronker, Smokey Hormel, Roger Manning, James Gadson y Jason Falkner, además de Godrich en teclados. Algunas canciones se parecen (los inicios de “The golden age” y “Guess I’m doing fine”), pero qué le vamo’ a hacer…

Después de la fiesta de Midnite vultures, con la fruta que no existe y los freaks de Hollywood, nos tiró con este disco. Eso es un artista de los 2000 (a pesar de que en los 90 también se destacó). Bueno, hubo una separación de por medio, se sabe (“son solo mentiras lo que estoy dejando/ son solo lágrimas lo que estoy llorando/ sos solo vos lo que estoy perdiendo/ supongo que estoy bien”). Pero Sea change nos prueba que Beck sigue siendo, en la actualidad, uno de los músicos más creativos y polifacéticos de la década del 2000.

RINGS AROUND THE WORLD (2001)

Este es un disco lleno de soniditos. Me encanta. Lo escuchás una y otra vez y siempre encontrás una voz más o un juguetito que hace “pim, pim” mientras suena el segundo estribillo del tema tal. Rings around the world, quinto disco de estudio de los galeses Super furry animals, es una caja de sorpresas.

Al principio puede parecernos clásico, suave y recargado. Al finalizar seguramente sostendremos el tercer calificativo y tal vez el segundo, pero jamás el primero. Rings… tiene una producción impecable: todo suena en su lugar, desde el piano de “Alternative route to vulcan street”, la guitarra distorsionada y la base de “Sidewalk serfer girl” y hasta la voz con eco de “It’s not the end of the world?”

Los paisajes sonoros se caracterizan por la delicadeza y la sobriedad. Así, desde el caótico pero simétrico “Sidewalk serfer girl” se pasa a esa perfecta parodia de blues/rock, “(Drawing) Rings around the world”. Las transiciones nunca suenan absurdas, ni siquiera dentro de un mismo tema, como se ve en la que tal vez sea la mejor canción del disco, “Receptacle for the respectable”.

El bajo suena perfecto, la batería suena perfecta, los soniditos suenan perfecto, Paul McCartney mascando una zanahoria en “Receptacle…” suena perfecto (entrevistado sobre esta colaboración, el ex-Beatle dijo que había sido lo mejor que le había pasado en el año). Aún así, sabemos que en la pasada década muchas bandas que sonaban prístinas, con la mejor producción, no lograron edificar una obra tan contundente (pienso en Arctic Monkeys, Keane, etc).

Los SFA no tienen miedo de meter un tema instrumental lisérgico con lo que parecen gemidos de mujer seguidos de un pianito, una sección de cuerdas y un bajo potente. La mezcla es claramente una de sus características y en este disco pasamos por las baladas pop (“Juxtaposed with U”), los himnos barrocos (“Run! Christian, Run!”, “No sympathy”), las canciones experimentales (“(a) touch sensitive”) y las inclasificables canciones superfurryescas (todas las demás…). Lo que comparten es una inagotable búsqueda por el gancho y la superación de los límites, sin caer en intelectualismos.

A nivel lírico muchas canciones son excelentes. “Sidewalk serfer girl” cuenta la historia de Patty Whitebull, una mujer que estuvo en coma por 15 años y cuando se despertó pidió una pizza. “Presidential suite” es una mirada ácida sobre los noventa, comentando el affair Clinton-Lewinsky (“¿hace falta que sepamos si él acabó en su boca?”)

El uso que los SFA hacen de la electrónica en este disco también es ajustado. Los pocos delirios que hay (el final de “No sympathy”) encajan con la dirección del tema, generalmente progresando desde el orden hasta el descontrol. Los vocoder, el estéreo y los ecos reverse suenan a lo largo de sus 53 minutos.

Rings around the world es un disco que te devuelve la fe en la música: jugado, redondo y hermoso. Infaltable en este conteo de los 10 mejores discos de la década.