Todos somos

Gabriel Quaranta. Quinto elemento. 2009. Óleo sobre tela. 60 x 50 cm.

El 31 de diciembre escuché: She was too good to me, de Chet Baker; Cross, de Justice; Sgt. Pepper, de los Beatles; el set de Sasha y Digweed en la Southfest de 2005 (parte: son 4 horas); el simple de “The denial twist”, de los White Stripes; y Alma de diamante, de Spinetta Jade. También algunos temas sueltos (“The golden age” de Beck) y algunos videos en Youtube (“22” de Lily Allen).

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No sé porqué está de moda pegarle a Alabarces. Ayer publicó su columna quincenal en Crítica y de nuevo la lista de comentarios en la página abunda en bardeos. Que si es soberbio, que si no entiende la “poética” y el “arte” de Spinetta. Hay algunos que son graciosos: “Si le pedimos a Spinetta que “denuncie”, le podríamos pedir al Fino Palacios que componga algo como “Canción para los días de la vida”…”

En líneas generales su argumento está bien. El rock tuvo su mayor tragedia en Cromañón, que no fue exorcizada por la vertiente original que, como se sabe, es porteña, blanca y de clase media en su mayoría. Lo de Callejeros tuvo como protagonista a la generación que surgió de los 90, conocido como “rock chabón” o “barrial”, y que era predominantemente del conurbano y de clases populares. El rock “establecido” (por poner un ejemplo, Fito Páez) tomó secretamente al incendio de ese recital como una confirmación de su supremacía, pensando que en el fondo “estos negros son así, siempre hacen quilombo”: lo que Pablo Semán llamó “venganza de clase” (1) (concepto que Alabarces retoma, sin citarlo… 😉 )

Como consecuencia de la paliza que le dio la policía afuera del recital de Viejas locas, Rubén Carballo murió tres días después del recital de Spinetta y sus “bandas eternas”, en el mismo estadio de Vélez. El Flaco no hizo ninguna mención a ese hecho: esto es lo que el columnista señala, provocativamente. Justamente porque cualquiera de los que vimos a Spinetta en vivo en los últimos 3 años sabemos que siempre menciona “la tragedia del colegio Ecos” y que está muy comprometido con la campaña de seguridad vial. Claro, dice Alabarces, “hay que salir a “blumberguizar” la calle cuando matan a una maestra, pero hay que quedarse en casita cuando la cana mata un negrito o un rockerito.” Los chicos del Ecos, después de todo, eran blanquitos de clase media que iban al interior a ayudar a los chicos pobres. Pobres pero honrados, que estudian, no como estos negros que se ponen en pedo, les gusta la música de mierda, “encima las negritas son todas putas”…

(1) Pablo Semán, “Vida, apogeo y tormentos del rock chabón”, en Bajo continuo. Exploraciones descentradas sobre cultura popular y masiva, Buenos Aires, Gorla, 2006.

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Si Perón viviera, sería rolinga

Pity Álvarez, por Lucía Grossman

Pity Álvarez en la época de Viejas locas, en su Lugano natal. Foto: Lucía Grossman.

Tras nueve años de ausencia, la legendaria banda de rocanrol argentina Viejas locas volvió con un show de casi cuatro horas en la cancha de Vélez. Disturbios, represión policial, 40 detenidos y más de 30 heridos completaron un recital regular y sobrecargado.

Los chicos saben dónde está la acción. Al menos eso pensaron las más de 40 mil personas que palpitaron en el estadio José Amalfitani el regreso de una de las bandas más importantes del rock argentino: Viejas locas. Gran parte del público, a juzgar por su edad, nunca había visto a la banda en cuestión mientras existía, sino que venía del lado de su continuadora, Intoxicados.

Desde la caída del sol, cientos de jóvenes de todos los rincones del Gran Buenos Aires (Grand Bourg, Wilde, Berazategui) hicieron “el aguante” en las inmediaciones del estadio, tomando grandes cantidades de cerveza, vino (botella y cartón), fernet y tragos no identificables para llegar “re locos” a la cancha. Cuando este cronista se puso en la cola (20:30), contaba unas 8 cuadras hasta el acceso y en el costado ya había un fisura que no se podía levantar, pese a los esfuerzos de su amigo.

Los incidentes requerirían otro artículo. El recital comenzó a las 22.40, tras una larga introducción instrumental y lumínica que exhibió una puesta decente, con “Intoxicado”, el tema que abría su primera placa. El cantante se veía en buen estado físico, aunque no tanto lógico-mental (por la cantidad de inconsistencias articuladas a lo largo de la noche) ni artístico (pues varios “pifies” mancharon la interpretación, inclusive hubo canciones que debieron comenzar dos veces por errores de entrada).

El bajista “Fachi” Crea reconoció, entrando para el último bis: “Volvió Viejas locas para recuperar el rock n’ roll, hicimos un desastre y nos vamos. ¡Chau!” El set abarcó todos los hits de la meteórica carrera discográfica (3 años) de la banda, más dos nuevos. Al comienzo siguieron el clásico “Nena, me gustas así”, lejos de la cadencia blusera de los primeros días, y el bizarro “638” (“llamame al 638-0465”).

Nunca la banda pudo articular más de 4 temas seguidos. A este segmento lo siguió la primera pausa de la jornada, reingresando con “Perro guardián”. Cuando ya fueron cuatro o cinco interrupciones muchos optaron por irse. Los mejores momentos fueron aquellos en que Pity mostró su costado más experimental y “colgado”: “Niños”, “Todavía estás ahí” (un gran blues con la armónica de “Peri” Rodríguez) “Tornillo eterno” y “Chico de la oculta”. Los rocanroles más ortodoxos (“Botella”, “La simpática demonia”) sonaron a viejo y cuadrado, aunque desataron la mayor euforia en el público.

Los sucesivos cierres con “Me gustas mucho”, “Homero” y “Perra” (en una aburrida versión de 15 minutos con el “Negro” García López en guitar-hero) no lograban calmar a la gente, que se quedó hasta el final con “Una piba como vos”/”The KKK took my baby away” y “Eva”. “Si yo fuera Perón, echaría a todos los rolingas de Vélez”, dijo el Pity en uno de sus largos accesos de locuacidad. A las 2:30 de la mañaña, tras casi 4 horas de música (con intervalos), Viejas locas dijo “hola”, nueve años después, demostrando que el rocanrol no se acabó.

La doble fundación

Primero pasos, por Antonio Berni

Antonio Berni. Primeros pasos. 1937. Óleo sobre tela. 200 x 181 cm.

Los primeros pasos, mejor dicho, tropiezos, del tango canción se dan en 1916, cuando en un restaurante de San Juan y Pasco el letrista Pascual Contursi le afana una melodía a Samuel Castriotta para lo que se convertiría en “Mi noche triste”. La letra sí la habría escrito Contursi, pero la música es afanada, seguro.

El primer tango canción, entonces, se estrena en enero de 1917, interpretado por Carlos Gardel en el teatro Esmeralda. La primera estrofa, como los más añosos recordarán, reza:

Percanta que me amuraste
en lo mejor de mi vida,
dejándome el alma herida
y espinas en el corazón

Es decir, el tango, contra su tan mentada misoginia y machismo, empieza con una mujer que se planta y deja al hombre. Así queda inaugurado el género. Mismo “Tomo y obligo”, de 1931, presenta también a un varón que es abandonado por una mujer, y termina así:

Siga un consejo, no se enamore
y si una vuelta le toca hocicar,
fuerza, canejo, sufra y no llore
que un hombre macho no debe llorar.

Acto seguido, en el proto-videoclip de este tango, Gardel se quiebra y rompe en llanto, ¡en un bar lleno de borrachos y varones hechos y derechos!

Exactamente cincuenta años después de “Mi noche triste” nace el rock nacional con “La balsa”. El simple de Los Gatos es tan paradójico como ese tango, ya que se funda no en uno sino en un doble afano. Primero, el conocido contencioso con Tanguito, presunto autor de la canción. En segundo lugar, la no tan conocida historia del lado B, “Ayer nomás”, que era un tema de Moris con una inocentísima crítica social, que Nebbia se ve en necesidad de cambiar para que el sello le permitiera grabar. Dale, cambiá lo que quieras, cuenta la leyenda que dijo Birabent, con tal que ustedes graben, loco. Desde entonces, el rock argentino se construyó en base a un fuerte sentimiento de independencia y contestación al poder…

¿Cómo empezaba “La balsa”?

Estoy muy solo y triste acá en este mundo abandonado…

Qué trágicos que somos los argentinos… Cualquier parecido con “Mi noche triste” es pura coincidencia.

[Los argumentos de este desarrollo están en su mayoría tomados de Alabarces, P. (2009), “Clases no publicadas de Seminario de cultura popular y cultura masiva”. Disponibles en http://catedras.fsoc.uba.ar/alabarces/]

Una nueva generación

Pity Álvarez, por Ananké Asseff

Pity Álvarez al frente de Intoxicados, anoche en el Quilmes rock. Foto: Ananké Asseff.

Intoxicados pisó fuerte en la séptima jornada del Quilmes rock. . A pesar de no ser los encargados de cerrar, la banda de Pity Álvarez dio cátedra ante unas 25 mil personas en la cancha auxiliar de River Plate. . Su repertorio de nueve canciones, incluyendo algunas de Viejas locas, estuvo a la altura de este ecléctico evento.

A casi tres años de la separación de su anterior banda, Pity Álvarez ha evidenciado un fuerte cambio de rumbo artístico. Prueba de ello fue el inicio del recital del domingo: un grupo de acróbatas haciendo malabares y demás extravagancias con un bastón de fuego, escupiendo llamaradas. Como reza el título de su último disco, a modo de manifiesto: Intoxicados no es sólo rock n’ roll.

El recital comenzó con un extenso pasaje instrumental de percusión y teclados lounge, acompañados por el saxo de Juancho Carbone. Cuando ingresó el maestro de ceremonias, que se inclinó en gesto de reverencia, el público estalló al grito de “olé, olé, olé/ Pity, Pity”. Fiel a su estilo, pronunció un breve discurso entre jocoso y lamentable referido a “todo esto de la guerra”, antes de que comenzara la línea de bajo de su hit “Una vela”. La explosión de la gente, que coreaba el riff, fue monumental.

Luego del clímax siguió un clásico del primer disco de Viejas locas, “Lo artesanal”. El fervor de “la nueva religión” alcanzó lo inimaginable, encendiéndose las primeras bengalas y organizándose los primeros círculos de la muerte para el pogo. A esta altura ya no quedaban dudas de lo ajustado de la banda: el conciso y potente bajo del ex-Gardelitos Jorge Rossi sonó al unísono con la batería de Abel Meyer, y en perfecta consonancia con la sección de percusión y el saxo. Álvarez se sumó con la guitarra, construyendo una atmósfera densa y oscura. La virtuosa primera guitarra del joven Felipe Barroso aportó un toque de distinción, al igual que los teclados de Adrián Pérez.

“Hay muchas cosas para hacer en la Argentina, pero mataría que se legalicen la marihuana y el aborto”, introdujo el cantante otro clásico, “Legalízenla”, en una excelente y acelerada versión reggaefunky. Las influencias de Intoxicados se inclinan hacia la veta calamaresca del rock argentino: “Se fue al cielo” y las ausentes “De la guitarra” y “No tengo ganas” así lo testimonian. Igualmente, no faltaron los rocanroles más tradicionales “Volver a casa” y “Me gustas mucho”, ambas con el armoniquista Peri Rodríguez como invitado.

Promediando el show, Pity comenzó a despedirse. Restaban “Me gustas mucho”, “Religión”, “Intoxicado” y “Quieren rock” (más una bizarra introducción del Himno Nacional). Se ve que no lo habían asesorado adecuadamente en cuanto a tiempos – o bien se extendió sobre las siguientes bandas. Intoxicados no dudó en estirar los temas hasta que su armado lo pidiera, incluyendo varios solos y pasajes instrumentales que confirmaron la altura artística que posee la banda, en su mejor momento.

El intenso calor de este domingo primaveral no impidió que los fanáticos de Bersuit o Catupecu machu se acercaran al estadio de Núñez en esta jornada, que se extendió hasta casi las 2 de la madrugada. Es de esperar que estos festivales se conviertan en una cita obligada en los próximos años.

[Lunes 27 de octubre de 2003]

ALMENDRA (1969)

Almendra (1969)

Primera etapa: 1967-1976

Suele decirse que el comienzo del rock argentino se remonta a “La balsa”, de Los gatos, aparecida en 1967. La dimensión fundacional de la banda de Lito Nebbia, al introducir el rock en Argentina y comenzar a cantarlo en nuestro idioma, no se puede negar. Sin embargo, hemos elegido el primer disco de Almendra para comenzar con esta somera lista de los 20 discos esenciales del rock argentino.

Este disco es esencial por varias razones. Se trata de la primera producción disco- gráfica de uno de los artistas más talentosos, influyentes y eclécticos del rock argentino, Luis Alberto Spinetta. En segundo lugar, todas las canciones que integran Almendra son hoy clásicos absolutos: desde los primeros acordes de “Muchacha ojos de papel” (nuestro “Let it be”) hasta los frágiles versos de “Laura va”, pasando por los delirios del guitarrista Edelmiro Molinari en “Color humano” y la energía adolescente de “Ana no duerme”.

Es con Almendra que la lírica adquiere un vuelo propio en el rock argentino. Hasta entonces las letras se habían limitado a acompañar a una música que le debía todo al beat angloparlante más elemental (Beatles pre-Help). Las letras de Spinetta (y una de Molinari) están marcadas por la delicadeza de la métrica (“aunque no eres real/ vas a perder tu amor”), la búsqueda de la metáfora transparente, sutil (“Sueña un sueño despacito entre mis manos/ hasta que por la ventana suba el sol”): en pocas palabras, el deseo de transformar las letras de canciones en construcciones poéticas de calidad, si bien nunca independientes de la música. Algunos de los tópicos del disco son: la niñez (“Plegaria para un niño dormido”), la inocencia (“Fermín”, a veces ligado al anterior), el pan (presente a lo largo de toda la carrera de Spinetta), el cuerpo humano fragmentado (“A estos hombres tristes”) y el sueño.

Almendra consta de solo 9 canciones. La instrumentación se apoya en guitarras (criolla y eléctrica), bajo y batería, con ocasionales incorporaciones de flauta (“Figuración”, “Que el viento borró tus manos”), piano (“Plegaria…”) y cuerdas (“Laura va”, esta también con el bandoneón de Rodolfo Mederos). Abundan los cambios melódicos inesperados, típico de lo que luego se conocería como “rock progresivo”; pero también contiene temas absolutamente rockeros como “Ana no duerme”. Hay temas mínimos (“Laura va”, “Plegaria…”, “Muchacha…”), temas delicados (“A estos hombres tristes”, “Fermín”) y algunos casi jazzeros (“Que el viento borró tus manos”).

La dimensión mítica que adquirió Almendra se basa en su brevedad (solo 3 años de carrera, descontando la reunión de 1980), su vanguardismo y su carácter pionero, visto desde nuestros tiempos. Spinetta probó que su talento, apenas vislumbrado en los 60, le alcanzaría para incursionar en el rock progresivo (Invisible), el jazz rock (Spinetta jade, por momentos los Socios del desierto) y el rock más duro y primal de Pescado rabioso, así como para rodearse de los mejores músicos de cada época, desde Leo Sujatovich hasta Javier Malosetti.

Almendra abrió una de las raíces sobre las que crecería el árbol de nuestra música popular, cuya primera raicilla sería Sui generis. Sería imposible comprender a artistas tan disímiles como Gustavo Cerati, Lisandro Aristimuño y los Redonditos de Ricota sin tener en cuenta a esta banda. Es por eso que Almendra abre nuestra lista.