Doscientos años

Joseph Mallord William Turner. The Fighting Temeraire tugged to her last berth to be broken up. 1838. Óleo sobre lienzo. 90.7 x 121.6 cm.

El Bicentenario nos encontró unidos o dominados.

Google dice que es el Bicentenario de la Independencia. No los habrán asesorado bien. El otro día vi por la tele uno de esos programas sensacionalistas que iban por la 9 de Julio preguntándole “a la gente” qué se estaba celebrando. La mayoría no sabía con exactitud, pero muchos decían “los 200 años de la independencia”. Tantas moscas no pueden estar equivocadas. [unidos]

El General hablaba del año 2000, sí. Diez años más o menos, qué le hacen. Lanata contaba por la radio la semana pasada que somos el único país que tiene dos veces de todo: dos fechas de fundación de Buenos Aires, dos festejos nacionales de independencia (si a 1816 le agregamos la proto-independencia de 1810)… Y así nos tienen, “loco de contento/ vivo dando vueltas/ como un carrusel”. [dominados]

Ayer leí un ensayo del gran paleontólogo estadounidense Stephen Jay Gould que se llama “El Great ‘Western’ y el combatiente ‘Temeraire’ “. Habla de la relación entre arte y ciencia, y cómo es común recordar la genialidad y la individualidad de los artistas mas no de los científicos. Y habla del cuadro este de Turner. Un moderno remolcador a vapor llevando a su destino final al ‘Figthing’ Temeraire, la nave que había sido clave en la batalla de Trafalgar, en 1805. A fin de cuentas, todos somos iguales ante el ocaso de la vida. [unidos]

Ayer estuve en cama. A la noche mi hermano fue  a los festejos del Bicentenario en la 9 de Julio. Todo muy lindo, tocó la Sole, el Chaqueño Palavecino y hubo un enorme despliegue de luces en el valle de la luna en San Juan (!) Pero eran las 4 de la mañana y mi hermano no volvía. Parece que por Córdoba los colectivos venían tan llenos que no paraban. Tuvo que caminar, viendo pasar esas latas de sardinas móviles a su lado, hasta Medrano (unas 35 cuadras), donde de milagro agarró un 106. Llegando a Nazca vio el 84, que lo deja acá en la puerta. Tocó el timbre. No le paró. Tuvo que bajar en Sanabria y Jonte, a unas 15 cuadras de mi casa. Y a las 3, 4 de la mañana. Pero esto no sale en los diarios. Todo es grandeza, despliegue, festejos. Siga el baile. [dominados]

Adrián Gorelik escribió una columna el domingo en el suplemento Enfoques de La Nación en la que habla de la ciudad de Buenos Aires en estos 200 años. Llama la atención sobre el hecho de que 1910 fue, más que el Centenario de la Patria, una formidable ocasión para festejar los 30 años de la federalizada Capital, con sus obras modernas y sus luces. Hoy en día, dice, a 15 años de la autonomía, seguimos pensándonos como la cabeza de Goliat. Somos más, podemos más. [¿unidos?]

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Crisol de razas

Las chicas cordobesas bailaron al rimo del cuarteto, ayer en el Paseo del Bicentenario. Foto: Pablo Cuarterolo para Perfil.

El segundo día de festejos por el Bicentenario fue todo un éxito, con más de un millón de personas a lo largo de la tarde-noche de ayer. El desfile de las provincias argentinas y los recitales de música latinoamericana, lo más destacado.

El sábado prometía ser una de las jornadas centrales en los festejos del Bicentenario de la Revolución de Mayo, debido a las convocantes presencias internacionales anunciadas: Pablo Milanés y Gilberto Gil. Pero durante la tarde, muchas otras actividades llamaron la atención de los miles de argentinos, argentinas y compañeros latinoamericanos que recorrieron la 9 de julio.

A eso de la 1 del mediodía hubo un tradicional desfile militar, en el cual marcharon cadetes, granaderos y efectivos de las demás fuerzas. La grandilocuencia y el nacionalismo, a la orden del día. Fuera de contexto sugirió instalar un contador gigante que avanzara de a un número cada vez que sonara el Himno Nacional, y que si llegábamos a 200 antes del 25 se repartieran 200.000 pastelitos en el Obelisco. Fuentes oficiales desestimaron la propuesta.

Minutos después de las 3 de la tarde tuvo lugar un desfile mucho más pintoresco, pero tan nacionalista como el anterior. Veintidós de las 24 provincias argentinas (faltaron la Ciudad de Buenos Aires; y La pampa, porque el SENASA les retuvo los caballos por cuestiones sanitarias) recorrieron todo el Paseo del Bicentenario mostrando su “cultura”, sea lo que sea que eso signifique. Así, Córdoba montó un gran camión con una banda de cuarteto en vivo y chicas en minifalda bailando para el deleite de policías y platea masculina; Jujuy paseó con los pueblos originarios y un par de llamas visiblemente asustadas; y Tierra del Fuego apostó fuerte políticamente al presentar sólo una larga columna de veteranos de Malvinas.

Pero la gente quería música. Y vaya que la tuvo. Antes de las 8 de la noche estaba sobre el escenario un conjunto de 50 arpas paraguayas que dejaron boquiabierto a más de uno. Después, como homenaje a la música de Latinoamérica, hubo representantes de todos los países: Los jaivas desde Chile, Toto la Momposina con lo mejor de la cumbia y el ballenato colombianos, los locales y eternos León Gieco y Víctor Heredia, y Jaime Roos desde Uruguay.

Para el final quedaron las dos figuras más convocantes: el cubano Pablo Milanés y el brasileño Gilberto Gil. Al cierre de esta edición, cerca de las 2 de la mañana, el antipático Milanés tocaba los últimos acordes de “Yo pisaré las calles nuevamente” ante un auditorio compuesto mayormente de cincuentones, familias y militantes de izquierda revolucionaria.

Hoy el agua no pudo arruinar la fiesta pero las mayores fichas están puestas en la jornada de mañana, con desfile de autos históricos, la reinauguración al aire libre del Teatro Colón y un recital de tango agregado a último momento con la Selección Nacional del Tango y Horacio Salgán, Leopoldo Federico y Susana Rinaldi. A las 12, para recibir al 25, una sorpresa “impactante” (?)

Vamos de paseo

Empezaron ayer los festejos centrales del Bicentenario argentino en el Paseo de la Avenida 9 de Julio. A la presencia de la Presidenta se sumaron un homenaje a los inicios del rock argentino y recitales de Las pelotas y Los auténticos decadentes, entre otros.

La noche de ayer pretendió ser una noche de rock nacional. Todo comenzó a las 20 hs, cuando Lito Nebbia subió con su banda La luz al Escenario Principal y, tras los saludos de rigor e inaugurando los recurrentes deseos de recuperación para Gustavo Cerati, empezó con el clásico “Viento, dile a la lluvia”. El histórico tecladista y productor tuvo como invitados a destacados músicos, como Rodolfo García, Miguel Cantilo, León Gieco (quien cantó una bella versión de “El rey lloró”), Antonio Birabent y Gonzalo Aloras (a cargo de “Yo no quiero volverme tan loco”, de Serú Girán). El cierre llegó a las 22 hs con todos en el escenario y la incorporación de Fito Páez para una versión a todo trapo de “La balsa”, tema fundacional del rock argentino.

Minutos después comenzó la programación más contemporánea, levantándose la prohibición para los músicos de menos de 40 años. Los primeros en subir fueron los chicos de Árbol, con un set breve pero abarcador y contundente. Después siguieron los uruguayos Cuarteto de Nos, que sorprendieron a una platea desprevenida ante tanta entrega y emoción. La lista continuó con Estelares, los históricos Virus (¿están peleados con Nebbia o son muy vanguardistas para él?) y Las pelotas (desatando los primeros pogos y cohetes de la noche ante un precavido y exagerado Alejandro Nagy, conductor del evento). Al cierre de esta edición, los mendocinos Karamelo Santo arrancaban su show ante más de 40 mil personas. Se esperaban las actuaciones de Los auténticos decadentes, Kapanga y el Bajofondo de Gustavo Santaolalla.

Cinco días de celebraciones en el Paseo del Bicentenario son la apuesta principal del Gobierno de la Nación para celebrar los 200 años de la Revolución de Mayo, que se cumplen el próximo martes 25. Se podrán presenciar recitales y desfiles, visitar puestos de las 24 provincias argentinas (más la Provincia 25, en representación de los argentinos en el exterior), disfrutar de instalaciones artísticas a cargo de Marcos López, Graciela Sacco y León Ferrari, intervenciones y circo en la Plaza Joven o degustar los platos típicos de nuestro país en una amplia feria gastronómica. El Paseo del Bicentenario abre desde hoy hasta el martes 25 de 10 a 20 hs, y abarca la Avenida 9 de Julio desde Belgrano hasta el Obelisco.

Planchadita, planchadita, planchadita

El Obelisco

El Obelisco, en una tranquila jornada de semana, fue ayer escenario del recital “Puertas del Bicentenario”.

Anoche empezó “Puertas del Bicentenario”, el programa del gobierno de la ciudad de Buenos Aires de cara a los 200 años de la Revolución de Mayo. Músicos de los más variados estilos se reunieron en el Obelisco para interpretar las canciones patrias en nuevas versiones. Ante más de 100.000 personas, se destacaron las actuaciones de Pablo Lescano, Kevin Johansen y el cierre con Gustavo Santaolalla y Bajofondo.

Los carteles habían empapelado la Ciudad y se preveía una jornada multitudinaria. Si bien el tiempo no ayudó (la lluvia amenazó todo el día), un recital gratuito en el Obelisco probó ser lo suficientemente convocante como siempre. La propuesta era interesante y bizarra: dúos de músicos argentinos interpretando canciones patrias en nuevas versiones, arregladas y dirigidas por Lito Vitale. Algo parecido ya se había realizado hace diez años, y los resultados no habían sido muy alentadores. Igualmente Fuera de contexto envió un cronista, que ahora les contará sus peripecias.

Minutos después de las 20 hs subió al escenario La bomba de tiempo, ese explosivo combo de percusión comandado por Santiago Vázquez. Enfundados en mamelucos rojos, lograron hacer entrar en calor a las decenas de miles de familias, domingueros y adolescentes materos que comenzaban a arribar a Corrientes y 9 de Julio desde todos los rincones de la ciudad.

Tras casi 40 minutos de show y una breve pausa, arrancó el segmento central de la velada. Lito Vitale se sentó en el piano del cual no se levantaría en la próxima hora y cuarenta minutos y dio paso a los primeros invitados. Palo Pandolfo y Patricia Sosa cantaron una versión tanguera de “Aurora”. Después de cada acto, los músicos interpretaron una canción de su autoría. “¡Viva la Patria!”, gritó la reconocida cantante; el ex-Don Cornelio soltó un más rockero “Felicidades”.

De ahí en adelante desfilaron los más variados exponentes de la música vernácula: Emme, Mike Amigorena, Los tipitos, No lo soporto, entre otros. El momento más alto del show fue probablemente el encabezado por Kevin Johansen y Pablo Lescano. Después del trovador world music entró Lescano, piano bailantero en mano clamando “¡todas las manos arriba!”, para tocar el “Himon a Sarmiento” en versión cumbia. Cuando se quedó solo y comenzaron los primeros acordes de “Laura”, la multitud se enloqueció y se dio el primer recambio generacional: salieron señoras domingueras y entraron pendejas cumbieras. Este cronista incluso se permitió levantar en sus hombros a una de estas bellas fanáticas.

El show de Bajofondo fue impecable, como siempre, destacándose la espectacular performance de Luciano Supervielle en teclados. Previamente, durante el show de No lo soporto y Baglietto se desplegó un cartel que decía “No hay que ahorrar sangre de gaucho. Es un abono útil para el país. Sarmiento”. Lo que siguió fue en esa línea: una trillada combinación de nacionalismo facilongo, porteñocéntrico y kitsch, Himno nacional a las 0 hs incluido. En conclusión, como decía Luca, “yo quiero a mi bandera”, pero con “Puertas del Bicentenario” parecería que los del gobierno de la ciudad no tanto. O demasiado…