Se vienen las bicis

Afiche jipi. Foto: cortesía lavidaenbici.com

Loco, estoy podrido de los jipis de las bicicletas. Toda la gente que conozco que se mueve en bicicleta es de clase alta y vive en Recoleta. Y no trabajan de 9 a 6. No me rompan las bolas con la utopía.

“La vida en bici” es uno de los órganos “oficiales” de estos sujetos. Ves una foto de las bicicleteadas (“masa crítica”) y no hay ni un negro, son más blanquitos que el mármol del Hotel Faena.

En el último número de Cultra entrevistaron a Matías Kalwill, director de esa publicación, y se despachó con su particular cosmovisión de dos ruedas. “En Latinoamérica el 85% de la población vive en ciudades, lo que lo vuelve el nuevo hábitat natural del hombre”, declara. El redactor continúa, envalentonado: “Una revolución no puede empezar sin la bicicleta. El transporte sustentable, autopropulsado, saludable, que reduce los accidentes hasta su mínimo imaginable. Y que iguala a todos los integrantes de una comunidad en tránsito, no habiendo en el espacio público jerarquías ni estamentos, más que la cualidad de ser todos ciclistas. “

Dejando de lado el jipismo de las no-jerarquías en el espacio público (tendríamos que fabricar bicicletas “modelo único”, para desplazarse desde casas “modelo único” hasta trabajos “modelo único”, etc), quisiera saber un solo ejemplo de gran metrópoli que haya solucionado sus problemas de tránsito a partir de la bicicleta.

Son dos debates distintos. El ciclismo como modo de vida saludable es una opción válida, como lo es hacer yoga o comer ensaladita. Pero como medio de transporte de masas no es defendible. ¿cuánto espacio ocupan sesenta personas con sus bicicletas en la calle? Mucho más que un colectivo, seguramente. Agregado a ello, esas personas, en sus destinos, tendrán que guardarlas (o ampliar el sistema público del GCBA hasta tener, digamos, un millón y medio de bicis y lugar para ellas 24/7).

“Aunque existen medidas para favorecer el uso de la bicicleta como medio alternativo, lo que no existen todavía son medidas que desincentiven el uso del auto”, destaca Kalwill. Ese es un buen punto. Solo que tendría que desincentivarlo a favor del transporte público y de la peatonalización del centro, no de las “bicicletas para todos”.

Sugiere tres objetivos a futuro: “mejorar la sincronicidad del transporte público de calidad, crear infraestructura para la bici y desincentivar el uso del auto”. Como si fueran equivalentes: catorce millones de personas no pueden movilizarse día a día en bicicleta desde sus hogares hasta sus lugares de estudio, trabajo o esparcimiento. En ningún lado. Las ciudades bici-friendly tienen pocos habitantes (Amsterdam y alrededores: 1,5 millones), son chiquitas (Viena: 414 km2; GBA: 2.681 km2) y las distancias son cortas (recordemos que de Moreno a Once hay 30 km, lo mismo que de Amsterdam a Utrecht). Allá=sí. Acá=no. Seguí participando.

Por qué no soy vegetariano

Mariana López. No importan ese tipo de relojes. 2011. Instalación, óleo sobre tela y madera. Dimensiones variables.

A veces las explicaciones son más sencillas de lo que pensamos. Muchas de las prácticas sociales cotidianas, la mayor parte, son irreflexivas.

Por ejemplo, ¿por qué no soy vegetariano? Siempre tendí a pensar que comer carne era “lo natural”, como en otras culturas se piensa que es “natural” ser heterosexual, o cristiano. Los pocos recuerdos que tengo de cuestionamientos, siempre teóricos y coincidiendo con alguna ingesta carnívora en la mesa familiar, fueron resueltos en el argumento de los nutrientes: si no comés carne, ¿cómo ingerirá tu cuerpo las proteínas, etc, que necesita para sobrevivir y crecer sano y fuerte?

El año pasado leí un  libro impresionante. En el sentido fuerte: un libro que me impresionó. Se llama Eating animals, el autor es Jonathan Safran Foer y fue traducido al español en 2011 por Seix Barral (Comer animales). Más allá de sus evidentes fortalezas (no es moralista, no busca hacerte cambiar de opinión, está bien documentado e investigado, está bien escrito, no tiene miedo de dudar), me gustó el dilema central que plantea.

Lo que dice Safran Foer es que aplacemos el debate por la alimentación. Aplacemos el debate por el trabajo (cientos de miles de personas que viven del negocio). Aplacemos el debate por la contaminación (la cría de animales para carne es el principal contaminante de EEUU). ¿Sabés cuál es el dilema? No tanto si vale la pena matar cruelmente animales (para eso mirá National Geographic a ver lo que hacen entre ellos), sino si vale la pena imponerles una vida miserable (miserable, en inglés, es lamentable, deprimente) y cruel a millones de animales solo porque nosotros (vgr. los estadounidenses, remember) comamos carne muy barata.

Howard Becker dice que los músicos escriben con la notación que existe, para los instrumentos que existen, etc, por inercia. Explicar por la inercia la vida social es tentador, pero no explica muchas cosas. Pero la música sí. Y en mi caso con la carne también. A partir del libro de Safran Foer, ahora que ya conocía los detalles sanguinarios, mantuve mi conducta alimentaria pero empecé a construir nuevas barreras ante el pensamiento. “Acá no es tan grande el mercado”, lo cual es verdad. “Acá no predomina la cría de cerdos, pavos y pollos, que son las más crueles”, lo cual también es verdad. Pero fundamentalmente me movió (me mueve) la inercia.

¿Verdad?

Prestigio

Tacita Dean. Wasp. 2000. Fotografía sobre papel. 303 x 406 mm.

Creo que había paro o estaba tomada la facultad. Me llamó un amigo y hablando del tema me dice: “loco, a la facultad se va a estudiar”.

De esto hará tres años. A fin de cuentas tenía razón: en última instancia, a la facultad se va a estudiar. ¿Por qué el Estado le paga a los docentes (a algunos), a los no-docentes (a todos), a los investigadores? Para que nosotros estudiemos. Porque no todos llegan. Si más del 50% de los estudiantes de todas las facultades (menos la FFyL) vienen de colegios privados, ¿por qué esos pibes no pagan la universidad? Es un debate que hay que dar, me parece.

Denis Merklen contaba en el libro de los asentamientos en La Matanza el caso de un chico que había empezado a ir el CBC, ubicate época plena miseria menemista donde no había un peso partido a la mitad en el conurbano. El pibe se tomaba dos colectivos y el tren, todos los días. A veces no le alcanzaba la plata y como el colectivero del barrio lo conocía lo llevaba gratis hasta la estación. Pero otros días no podía ir. Entonces dejó de estudiar.

¿Cuándo van a estar los resultados del Censo 2011? Ese que se tiene que hacer cada cuatro años pero desde 2004 no se hacía. Si seguimos agregando prórrogas vamos a llegar al Bicentenario, en 2021…

Una vez escribí algo sobre la composición de los estudiantes de la UBA. En el programa de Lanata el miércoles hablaban con una estudiante de Ciencia Política y el conductor decía “porque todavía mantiene el prestigio la UBA como una de las universidades más importantes de no sé dónde…” Más allá de que la carrera de Ciencia Política es una basura, bueno, en general a la Universidad los rankings no la acompañan, pero pongámosle que tomamos otros indicadores… ¿como cuáles? El pibe de Merklen, hoy, estudiaría en la UNLaM y se recibiría y podría trabajar y ganar más plata y tener más prestigio que toda la UBA junta.

Leyendo viejas revistas El ojo mocho. Una del ’97, entrevista a Fogwill… Uf, no tiene desperdicio, el viejo Fogwill, QEPD. Y hablando de la universidad le dice a Portantiero:

“Portantiero, escribí alguna vez un soneto, así podés morirte y que la humanidad sepa que escribiste algo… gratis. Un soneto. Porque la primer cosa la escribió para el PC, la segunda para el diario Clarín, la tercera para la FUndación Transtember de Uruguay (…) Algo gratis, loco. Mirá Wittgenstein, cuántos libros gratis escribió”

Palabras no tan ajenas a la coyuntura de nuestros días.

Corridas entre libros

La manga que comunica los pabellones Ocre y Azul, un largo escaparate de la industria cultural, el año pasado.

Es el último fin de semana de la 38º Feria del Libro. En el día de ayer este cronista pudo ver a un inquieto Martín Caparrós, de riguroso traje gris, correr entre la gente por la manga que conecta los dos sectores de La Rural, esquivando curiosos y fans por el costado de la pasarela. Los stands que no exhiben libros, una vez más, fueron los más concurridos. Por ejemplo, en el de la TV pública decenas de hinchas de River veían el partido de su club (en la B).

Habrá sido casualidad, pero los dos actos que Fuera de contexto se había aprestado a presenciar fueron accidentados. El primero, a las 19 hs en el coqueto Espacio Digital, se anunciaba como un debate sobre la literatura cordobesa actual, en un rico momento de desarrollo. En el salón (totalmente abierto y ruidoso, al lado de los pasillos y la entrada por Cerviño) se aprestaban a configurar una videoconferencia con el Centro Cultural de España en Córdoba (CCEC), pero los problemas técnicos dilataron el comienzo más de media hora tras la cual este cronista consideró prudente retirarse. Los escritores convocados (Juan Terranova, Federico Falco, entre otros) aguardaban estoicos.

El siguiente acto estaba convocado en el stand Nación del pabellón Azul. Grandilocuente y tecnológico, la Presidencia montó un globo con cientos de televisores HD que reproducen mensajes e imágenes de lo más variada (“igualdad”, “Justicia social”). El homenajeado era Nicolás Casullo, intelectual y escritor argentino fallecido en 2008. Había una mesa en la que su colega y amigo Ricardo Forster lo recordaba. Después, a las 20.30 hs, seguiría una lectura de pasajes de la novela póstuma de Casullo, Orificios, musicalizada por su hija Liza y en la voz de Eduardo Aliverti. Pero el entorno, nada propicio para la intimidad (minutos atrás una procesión de harekrishnas había demandado una interrupción), atentó contra el propósito de la actividad y esta fue cancelada.

Esperemos tener mejor suerte en estos dos días que quedan. Para hoy:

  • 18:00 hs. Siglo Veintiuno Editores. Mesa redonda: “Tarde de ciencia en la Feria”. Participan: Diego Golombek, Alberto Rojo y Valeria Edelsztein. Entrega de los premios a los ganadores del primer “Concurso de Divulgación Científica Ciencia que Ladra – La Nación”. El jurado estuvo integrado por Nora Bahr, Marcelino Cereijido, Guillermo Jaim Etcheverry y Diego Golombek. (sala R.A.)
  • 18:00 hs. Fundación El Libro. 7 Maravillas. Escritores, directores de cine, diseñadores, fotógrafos, músicos, periodistas y otros agitadores se suben al escenario para recomendar en 12 minutos 7 cosas que adoran: desde libros a páginas web, videoclips, ideas, personas, colectivos artísticos y otras experiencias. Participan: Ricardo Ramón Jarne (director CCEBA), Federico Lisica (periodista), Sebastián Meschengieser (periodista), Liza Casullo (música) y Alejandra Quevedo (periodista y editora). (Espacio Digital)
  • 20:00 hs. Conferencia: “El costo de los derechos. ¿Por qué la libertad depende de los impuestos?”. Participan: Alejandro Grimson, Stephen Holmes y José Nun. (sala V.O.)

Mentira

Leopoldo Presas. Sin título. 1984. Óleo sobre tela. 144 x 103 cm.

Era uno de los temas de Miranda que más me gustaba. La primera vez que los vi en vivo, playa Mar del plata enero 2004, abrieron con esa. Tenía un amigo marxista que decía que Miranda era la banda sonora del kirchnerismo. No se sostenía, pero le reconocí la seducción de lo arbitrario.

Hace unos días una socióloga lamentó públicamente que no hubieran datos cuantitativos confiables para el análisis sociológico. Ayer escuché que para el INDEC el 6,5%  de los argentinos vive por debajo de la línea de pobreza y el 1,7% por debajo de la de indigencia. Es decir, 2.600.000 y 860.000 personas, respectivamente.

La pobreza se mide a partir del precio de un conjunto de bienes y servicios, englobados bajo el nombre de Canasta Básica Total (CBT). La indigencia, con lo necesario para cubrir apenas los gastos de alimentación básicos, se mide con la Canasta Básica Alimentaria (CBA). Para el INDEC, en marzo de 2012 una familia tipo necesitaba 22$ por día para poder superar el umbral de indigencia. Con más de 50$ por día, dejaba de ser pobre.

La mentira del INDEC se llevó a cabo, básicamente, dejando de mirar la realidad. Antes de 2007, encuestadores del INDEC recorrían negocios del AMBA (única aglomeración urbana a partir de la cual se mide la pobreza a nivel nacional, cayendo en otra grave falta sociológica) y medían los precios. Positivismo puro y duro. Desde entonces, en cambio, los precios se hacen a partir de las listas de bienes acordados por el gobierno, que los negocios teóricamente suscriben, por lo cual la variación mensual es sensiblemente menor. No se ven más las góndolas.

Por otra parte, el relevamiento de precios (resumidos en el Índice de Precios al Consumidor, IPC) perdió su confiabilidad a partir de que se lo empezó a ajustar por esa inflación oficial intervenida, lejos de las mediciones de otras delegaciones provinciales del INDEC (Chubut, Mendoza) y de organismos académicos y consultoras privadas.

Uno de estos organismos, el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, llegó a cifras de indigencia del 5,4% y pobreza del 21,9%. Todas las mediciones coinciden en que desde 2002 bajó la pobreza (chocolate por la noticia), pero la distancia entre mediciones oficiales y alternativas no hizo más que agrandarse desde 2007.

¿A quién quieren engañar? ¿Será un mero “miente, miente, que algo quedará”? La hipótesis de la deuda atada al CER no corre más, pues fue cancelada hace unos años. Cuesta creer en un gobierno que se llama popular y no hace nada ante personas que mueren de frío en la calle o niños desnutridos o familias que como no tienen gas tienen que comprar una garrafa por mes que sí aumenta, no como el gas de red que importamos de Bolivia porque el de acá no alcanza con tarifa hipersubsidiada congelada desde 2003.

Me estoy comiendo las uñas por los datos del Censo 2010. Hay un par: el 41,1% de las personas que viven en el Conurbano bonaerense no tienen acceso a la red cloacal, etc. Pero de eso no se habla.

Venganza de clase

Sergio Lamanna. Destructor. 2012. Grafito sobre cartón y madera. 34 x 25 cm.

Che, ¿alguien se acuerda de Cromañón?

Hace unas semanas releí “Vida, apogeo y tormentos del rock chabón” (1), el texto de Pablo Semán sobre los devenires del rock argentino después y en los alrededores de la masacre. Parte de una hipótesis audaz: las críticas que llovieron sobre el llamado” rock chabón” o barrial tras la muerte de esas 194 personas por parte de músicos de otra orientación estética más “culta” puede interpretarse, en el plano simbólico, como una venganza de clase.

Recordé todo esto tras la muerte de Spinetta, devoto del rock refinado a más no poder, hasta su prócer. Y después leí una nota en el semanario Marcha, titulada “Como un ciego frente al mar” (2). El coro de lamentos y loas al fallecido músico está lejos de apagarse, a casi dos meses del hecho.

Muchos argumentos reviven, desde aquellas palabras de Fito Páez que le servían de pie a Semán para su artículo. Básicamente el músico rosarino decía que si los pibes iban a hacer culto de la birra, del aguante y de “te sigo a todos lados”, llevando mujeres embarazadas y niños a los recitales, después cuando pasa lo que pasa… bueno, que no se quejen, viste. Y el autor de la citada nota, siete años después, cae en la misma igualación de la música nueva, hablando de “la imposición de algunos subgéneros, algunos artistas y cierta producción (…) que ‘coinciden’ con las tendencias más localizables en los nichos del mercado, la estandarización de las formas y contenidos y la creación de facto de un establishment rockero”.

 No vamos a negar que Spinetta nunca fue un músico que viviera de glorias pasadas. Tampoco vamos a negar que la única vez que llenó un estadio fue cuando reunió a todas las bandas de cuarenta años de carrera. Pero creer que su muerte dificulta la renovación del rock argentino es ingenuo y muestra un desconocimiento flagrante del rock actual. En los escenarios de las grandes ciudades hay bandas valiosísimas, con estándares de “osadía y calidad” (patrones importantes para Miranda) bastante altos y un público interesado. En Córdoba hablamos de Un día perfecto para el pez banana o en Buenos Aires de Mompox, por nombrar solo dos.

Debo coincidir en que mucha de esta música “no puede eludir la lógica de nicho o de banda de culto en el mejor de los casos”; pero esto no tiene nada que ver con su perdurabilidad, osadía o calidad sino con un estado de las industrias culturales, específicamente las centradas en la juventud, que está a años luz del de los sesenta y setentas. Básicamente, los jóvenes tienen menos plata, se independizan a una edad más avanzada y tienen una oferta cultural mucho más amplia que la existente en esa época. Si incorporamos las nuevas tecnologías, hay más gente que escucha un Bandcamp que el que compraba los vinilos de Almendra.

El autor termina con una profunda frase: “Su fallecimiento nos deja como ciegos frente al mar: sobrecogidos e indefensos frente a lo inabarcable, pero también inspirándonos en el sonido hermoso que emana de esa enorme fuente.” Cinco palabras rebuscadas en una frase: parece que aprendió de su ídolo.

 (1) Incluido en Bajo continuo. Exploraciones descentradas sobre cultura popular y masiva, Buenos Aires, Gorla, 2006.

(2) Por Nicolás Miranda, viernes 30 de marzo de 2012. Se puede leer completa acá

¿Y vos qué vas a hacer con tu voto?

Ananké Asseff. Constelaciones. 2011. Video-performance. Instalación: video proyección 400 x 225 cm.
Espacio cerrado con 10 personas paradas.
Comienza a inundarse con agua que ingresa a presión.
Hay variaciones de temperatura, viento y luz.
Las personas ignoran la duración de la acción y hasta dónde llegará el agua.
La única consigna es “resistir”.
Duración: 25 min.

Lo vi en la Torre de YPF. La muestra “El miedo al viento” de Ananké Asseff es de las más enigmáticas que vi en ese espacio. Se está convirtiendo en un referente del arte contemporáneo en Buenos Aires, el programa “Arte en la Torre” de la Fundación YPF. Y en ese espacio, tan imponente pero tan frágil.

Es una pantalla grande. Está al fondo de todo, pasás primero por un tigre enfrentando a una persona, después por una ola gigante de barro, después por un bloque de hormigón armado (no, es madera y cemento) que tapa a una gigantografía y atrás de esa pared está la proyección, el video.

Están estas diez personas, absolutamente quietas, todo el tiempo. Brazos al costado del cuerpo, mirada al frente, rostros inexpresivos. Menos una, la de verde al fondo a la izquierda -ella, Ananké, la artista. Les están disparando un chorro de agua a presión que va cambiando de foco e intensidad y que progresivamente va inundando el cuarto. No hay sonido, al menos no que yo recuerde.

Pero lo impresionante es que, a toda la descolocación que ya te plantea semejante muestra, terminás ante una pantalla, magnetizado, porque no me podía ir, viendo cómo les sube el agua, la incertidumbre, la desesperación de que me están mirando y no puedo hacer nada para salvarlos.

*                                                            *                                                     *

En estos días de campaña electoral nos están abrumando con propagandas de todos los candidatos. Por la nueva ley de reforma política (la que creó las PASO de agosto) a los partidos se les asigna tiempo gratuito en los medios masivos de comunicación para que difundan sus propuestas.

Eso a nivel formal. Pero también sigue pasando lo que pasaba antes: el desfile de candidatos por los programas “políticos” de radio y televisión, como “A dos voces” (no se puede decir sin esbozar una sonrisa). Cuestión que ayer lo agarré a Binner en el programa de Tenembaum en TN. Tenembaum, como todos sabemos, vendría a ser la izquierda del Grupo Clarín: el que tiene que “incomodar” al candidato, aún cuando simpatice con él. Le preguntó por el carisma (del que claramente adolece), por el sesgo “formal” de sus propuestas (no a la corrupción, más transparencia y descentralización), etc.

En el siguiente bloque fue el turno de Alberto Rodríguez Sáa; apagué y me fui a dormir. Pero hoy me puse a pensar: qué naturalizado que tenemos el hecho de que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no vaya a los programas de TV, ni se presente a debates presidenciales, ni dé entrevistas o conferencias de prensa -una senda marcada ya por el late expresidente Néstor. Digo, qué bien hablaría de nuestra democracia ver debatir a los ganadores.