Stuck in a moment

Bill Bollinger. Untitled. 1969. Crayón y barniz sobre papel. 44 x 62,5 cm.

Mi primer recuerdo de U2 es el video de “Stuck in a moment (you can’t get out of)”. Tenía trece años, estaba empezando el secundario y MTV era lo que más se veía en mi televisor. Tengo la imagen de ese Bono enfundado en una campera marrón, como felpudita, cayéndose una y otra vez de una camioneta en movimiento. Lo empujaban a Bono, yo no entendía porqué, pero cambiaba la cámara y todo volvía a empezar. Él cantaba: “no le temo a nada de este mundo/ no me podés tirar con nada que no me hayan tirado antes”.

Tuve esa sensación, de lo que se repite, de estar atrapado en un momento, hace dos semanas en el MALBA. Hacía como un año que no iba. Había una conferencia en el Auditorio; como era miércoles aproveché que estudiantes pasan gratis y subí a las salas. En el primer piso los vi.

Son tres cuadros de Guillermo Kuitca de la última década, préstamos del artista por los diez años del museo. La ya mítica retrospectiva de 2003 abarcó hasta 2002; estas obras llenan un significativo vacío en la exhibición de su trabajo en Argentina.

El primero tiene el tema de las “Trauerspiel”, esas máquinas de los aeropuertos que sacan las valijas de los aviones y las dejan girando en un ir y venir eterno. Kuitca deconstruye esta monotonía y aparente infalibilidad presentando muchos croquis de las maquinitas, destruidos, como cortados por un niño para el taller de actividades prácticas. Es un gran cuadrado blanco, tendrá un metro veinte de lado; en ese caos me quedé atónito.

Pensé que era lo único que había “nuevo”, pero ya me bastaba… Al lado estaba el segundo, un “Sin título (Acoustic mass)”, de la época en que hacía planos de teatros y cines del mundo y los barajaba, los atormentaba, los cortaba y los desencajaba de ese orden totalizador y acústico. Los trozos vuelan por la hoja, como una nube de astillas atrapada en el remolinito de la vereda.

Y aún había más. El tercer cuadro era del mismo tamaño, también un “Sin título” pero esta vez “(Global order)”. En el título condensaba muchas cosas, eso de “orden global”, esa estafa por la cual los nenes van con los nenes y las nenas con las nenas y los artistas exitosos viven en Nueva York o en Londes y van al Covent Garden a sentarse en sus cómodas butacas todo trim and proper. ¿Qué es eso de Belgrano, Buenos Aires, Argentina? Where the hell is Argentina? never seen that in a map…

Malba-Fundación Constantini. Av. Figueroa Alcorta 3415. De jueves a lunes y feriados de 12:00 a 20:00. Miércoles hasta las 21:00. Entrada: Adultos: $22. Docentes y jubilados: $11. Estudiantes: $11. Menores de 5 años: sin cargo Clientes Citi: 25% de descuento. Clientes Samsung Smartphones: 2 X 1 en entradas. Socios Club La Nación: 2 X 1 en entradas. Miércoles: General: $10. Docentes y jubilados: $5. Estudiantes: sin cargo. (!)

Con el arte en la mochila

Marta Minujín dirige a los saxofonistas que tocaban música de Charlie Parker, en su instalación Rayuelarte en marzo de 2009.

El domingo pasado cumplió 70 años Marta Minujín. ¿Cuántos artistas plásticos son reconocidos por la calle? Salvo contadas excepciones no tienen fama, sus fotos no salen en las revistas del corazón y sus casas no son visitadas por los corresponsales de chimentos.

Su cumpleaños número 70 encuentra a Marta Minujín en medio de la mayor retrospectiva de su carrera. Consagratoria cuando ya no necesita consagración, se convertirá probablemente en la muestra más visitada de la historia del MALBA (récord que actualmente ostenta Mr. America de Andy Warhol, de 2009/2010).

Mirar la obra de Marta Minujín provoca cosas. Nadie puede verla a ella, en persona, sin sonreír. Eso ya debería bastar para el arte.

Ver a un artista y reír.

Pero escucharla a ella, grabada ahora, 2010, explicando cómo hizo los happenings de las décadas del 60, del 70, es una experiencia multisensorial. Explica sin que se le mueva un pelo cómo fue a Macchu Picchu, a buscar un pedazo de tierra para mandarle a artistas de todo el mundo y que ellos la plantaran en sus casas y le devolvieran un pedazo de tierra de ahí. Y que ahí, en Perú, le pusieron a dos tipos que la acompañaron por la montaña con palas y picos y, donde ella sintió “que había más energía” dijo “paren” y cavaron ahí. “Después entré en Ezeiza con dos valijas llenas de tierra”.

¡Arte, arte, arte!

La primera vez que vi a Marta Minujín en persona fue en marzo de 2009, en su instalación Rayuelarte. Ella era el centro de atención, no la obra. ¿Pero se puede disociar? Después de Duchamp, ¿se puede separar al “artista” de “la obra”? ¿No se preguntaba Duchamp acaso si se puede hacer una “obra” que no sea una “obra de arte”?

En el MALBA se recorren todos sus períodos, pero lo más extraño es que hay pocas obras. Algunas pinturas tempranas, colchones, reconstrucciones en el mejor de los casos. En su mayoría son recortes de diarios, revistas, entrevistas de época o actuales, a la propia artista, hablando de la obra. Ese era el concepto del happening, o como lo bautizó ella “arte efímero”. No existe después de su ejecución. Pero queda, de alguna manera.

Solo hay que saber mirar.

Formas blandas en movimiento

La “Galería blanda” (1973) de Marta Minujín, en una reconstrucción preparada para la retrospectiva en el MALBA.

Llegó al MALBA la retrospectiva de Marta Minujín. Hasta febrero de 2011 se podrá conocer la obra de los primeros 30 años de producción de la artista argentina más prolífica y popular.

La exposición comienza en el segundo piso con sus obras tempranas (1960-64). Por esos años “sus investigaciones se desenvuelven a gran velocidad”, según la curadora invitada Victoria Noorthoorn. Marta Minujín, de apenas 20 años, coquetea con el informalismo que reinaba en Buenos Aires, trabajando con materia sobre paneles bidimensionales.

Poco tiempo después decide incorporar el colchón, su propio colchón, a sus obras. “Estaba desesperada con la rigidez de los materiales duros”, reflexiona la curadora. También incorpora botas militares, haciendo referencia al conflicto de la época entre facciones azules y coloradas del Ejército. Por primera vez se nota la presencia de la política en su obra, tantas veces tachada de “frívola”, que regresará en algunas de sus intervenciones más recordadas de los 80’s (como el “Partenón de libros”, en 1983).

El siguiente sector de la sala es puro color, invadida de colchones fucsia, amarillo y demás tonos fluorescentes. Está su temprano “¡Revuélquese y viva!” (1964-65), presentado en versión original a préstamo de una colección privada. También se presentan filmaciones en pantalla gigante (especialmente preparadas para la muestra con testimonios actuales y de archivo), fotografías y documentos periodísticos de sus happenings más famosos de los 60: “La menesunda”, “El batacazo” y “Simultaneidad en simultaneidad”. Otras obras fueron reconstruidas especialmente para la retrospectiva, como la “Galería blanda” armada en 1973 con 200 colchones.

La mayoría de estos y otros happenings cuentan con una minuciosa explicación (a veces incluso en palabras de la mismísima Marta modelo 2010, como en el caso de “Four Presents: Time aesthetically registered” (1974)). El espectador puede comprender que el sentido de la obra de Minujín, con el pasar de los años, no hizo más que profundizarse, enfrentándonos a las preguntas más elementales del arte pos-Duchamp: ¿cuáles son los límites del arte?, ¿cómo ampliar la libertad del cuerpo y el espíritu?, en palabras de Noorthoorn.

En la terraza del MALBA se encuentran sus esculturas en bronce, las famosas “cabezas partidas” de Venus, Apolo y demás figuras míticas realizadas en la última década. En el primer piso continúa la retrospectiva, pero este cronista no llegó a recorrerlo todo. Prometemos regresar y ampliar la cobertura de esta esperadísima muestra de la artista argentina más controversial.

El tiro del final

Guillermo Kuitca. Siete últimas canciones. 1986. Pintura acrílica sobre tela. 150 x 190 cm.

Cómo escribir la fascinación. Cómo pintar la desolación, se habrá preguntado Guillermo Kuitca a la tierna edad de 25 años, antes de hacer sus Siete últimas canciones. Y después ya no se puede hablar más. Y todo lo demás es silencio.

Uno siempre va de mala gana a esas excursiones del colegio, cuando lo mandan al museo a “analizar un cuadro”. En primer año fuimos al Centro Cultural Recoleta a la muestra de la Vanguardia Rusa. Año 2001 (eso da cuenta de mi edad… carajo, ya pasaron casi 10 años). Me compré una reproducción de Kandinsky que al día de hoy sigo teniendo y contemplando en la pared de mi cuarto. También me acuerdo de una en la galería Ruth Benzacar, Florida al 1000. Íbamos caminando todo derecho desde Perú…

Acabo de desempolvar un CD con viejos archivos del secundario. A ver. UYY, EL TP DE LA VANGUARDIA RUSA. Ufff. Miren lo que escribía:

“Todos los artistas que formaron parte de la Vanguardia Rusa tuvieron que tratar de encontrar un equilibrio entre las innovaciones occidentales – el Cubismo parisino, el Futurismo italiano y el Expresionismo alemán- y sus propias raíces culturales.”

Sí, señoras y señores: ya era todo un ñoño. Y este es imperdible (Rembrandt en el Bellas Artes, no me acordaba):

El ambiente

Este lugar es muy laberíntico. No apto para claustrofóbicos ni para gente que se pierde con facilidad. Calculo que debo haber visto una misma obra tres veces sin darme cuenta. Muy bueno el aditamento de las computadoras con información para extranjeros (para mí, que sé inglés).

Opa.

Pero volviendo a Kuitca. A ver si está el informe que escribí. Acá está.  “En cuanto a elementos aparece la cama, un elemento muy importante en la obra de Kuitca: este espacio nos vio nacer, nos vio dormir, nos vio tener relaciones, vio nuestra privacidad  y nos vio morir.” Me acuerdo que esto lo había dicho la guía, y tal cual lo anoté en mi cuadernito.

Este es el análisis que hice de Siete últimas canciones en 2003, a los 15 años, copiado de la guía, casi todo:

  • Aparece un espacio grande, pero sin recovecos.
  • Técnica: Acrílico sobre tela.
  • La cama reaparece, esta vez rodeada de objetos pequeños negros, que podrían ser rosas. En ese caso significaría el lecho de muerte.
  • Un nuevo elemento aparece: el micrófono. Simboliza la voz del autor, su expresión.
  • Se repiten otros elementos: el hombre de “El Mar Dulce” le da la espalda a la mujer que se encontraba en la cama, ahora mientras ella abraza su sombra en el suelo. Es algo bastante metafórico. Podría significar que ella no quiere que él se vaya, así como podría significar nada.
  • El suelo es rojo, y aparecen cuatro sillas que no están bien definidas. Hay algunos elementos sueltos, que aparecen como flotando en el espacio.
  • Se ven marcas de gotas que estuvieron cayendo, lo que indica que el cuadro no fue pintado de manera horizontal, sino con algún grado de inclinación.
  • Las pinturas tienen uno o dos colores base.

Ayer por primera vez contemplé la reproducción de Siete últimas canciones que compré en 2003 a la salida de la exposición en el MALBA y que cuelga en la pared de mi cuarto, arriba de Kandinsky.

Todavía no sé qué decir.

América para los americanos

Mr. America

Un visitante de la muestra Mr. America observa las Marilyn (1967) de Andy Warhol.

El MALBA vuelve a pisar fuerte con la muestra Mr. America de Andy Warhol. Se exhiben 170 obras, provenientes del museo Warhol de Pittsburgh, incluyendo videos, autorretratos y sus célebres serigrafías.

Todos los años el MALBA presenta una muestra internacional de primer nivel. En 2007 fue Douglas Gordon, en 2008 Félix González-Torres (reseñada aquí) y ahora es nada menos que el pope del arte contemporáneo pos-60’s: Andy Warhol. Ocupando dos grandes salas del museo, se presentan obras que abarcan gran parte de su trayectoria, desde los 60 hasta los 80, como la serie de sopas Campbell (1968), los videos Empire y Blowjob (1964) y varios “retratos en movimiento” o Screen tests (1964-66), que ya habían pasado por el mismo museo en 2005.

La obra artística de Warhol es inconmensurable por su propio proyecto. En el segundo piso, cuando entramos a la sala principal, nos encontramos con pequeños autorretratos en Polaroid de 1981. El curador invitado, Philip Larratt Smith, no armó la muestra con un carácter cronológico, más propio de una retrospectiva, sino que se inclinó por resaltar los aspectos en que Warhol reflexionó sobre la cultura popular (pop culture, término que en inglés también engloba a la cultura masiva) norteamericana de la posguerra.

Ver una exposición de semejante artista es una experiencia llamativa. Por un lado, todos conocemos algunas de sus obras más simbólicas, como las Campbell o las Marilyn, pero por otro lado no nos deja de llamar la atención un video que muestra la cara de un muchacho que cierra los ojos, mueve la cabeza para todos lados con expresión de placer, por 41 minutos – más cuando vemos que se llama Blowjob. La selección incluye obras desconocidas, como las series “críticas” (accidentes, silla eléctrica, suicidios, asesinato de Kennedy), el empapelado de la vaca (1971) y sus magnas pinturas tardías (como la de la Cruz, 1981-82).

En Warhol lo que cuenta es la serie, la repetición, la uniformidad. El plateado del suicidio iguala todo, dice una de las citas que se reproducen muy pertinentemente en las paredes de las salas. La sala del 1º piso (un poco escondida para el visitante desatento) presenta retratos fotográficos de algunas de las celebridades más importantes de su época (Debbie Harry, Keith Haring) y varios Screen tests, entre los que se destaca el de un canchero y joven Lou Reed tomando Coca-cola. Se exhibe en la pared más grande un impresionante video de la actriz Edie Sedgwick, con el que el artista reproduce lo que le provocó a él: no podés dejar de mirarla/o. El curador instaló, para eso, unos banquitos frente a la pantalla.

Si por tan conocido podría parecer irrelevante, Andy Warhol no deja de constituir un mojón en el arte contemporáneo. La muestra del MALBA, si bien no es un antes y un después en su historia, es una interesante oportunidad para mirar “en vivo” las obras más representativas de su trayectoria.

Andy Warhol. Mr. America. MALBA. Av. Figueroa Alcorta 3415. De jueves a lunes y feriados de 12:00 a 20:00. Miércoles hasta las 21:00. Adultos: $15. Docentes y jubilados: $8 Estudiantes: $5. Menores de 5 años: sin cargo Miércoles: General: $5. Docentes y jubilados: $3. Estudiantes: sin cargo. Hasta el 22 de febrero de 2010.

Uno y la multitud

Centro cultural recoleta

Un colmado Centro Cultural Recoleta, durante la exposi- ción por los 30 años del golpe de Estado de 1976, el 24 de marzo de 2006.

Con la participación de 400 mil personas, tuvo lugar anoche la 5ª edición de la Noche de los Museos. . Porteños y turistas disfrutaron de 120 museos y espacios de arte, con entrada gratuita desde las 19 hasta las 2 de la madrugada. . Este año se sumaron 4 nuevos barrios y visitas a edificios emblemá- ticos, como el Palacio San Martín.

Este cronista salío a las 19.30 de la entrevista a Pedro Lemebel en el marco del FILBA y observó una espectacular cola que empezaba en la puerta del MALBA, bajaba por las escaleras y llegaba hasta la esquina de Salguero. Efectivamente, este espacio fue uno de los más concurridos.

Otra novedad incorporada en esta edición fue la instalación de proyec- ciones audiovisuales e intervenciones en varios puntos de la ciudad, como la Torre de Retiro y el Puente de la Mujer de Puerto Madero. Estas atracciones tuvieron bastante convocatoria, por ser al aire libre y por no tener que hacer una hora de cola como para los museos “tradicionales”.

En la Biblioteca Nacional, miles de personas participaron de la instala- ción de Enrique Banfi, titulada “Paralelo Borges”. En las terrazas del mítico edificio de Clorindo Testa, el artista montó diversos objetos que trabajaban con el imaginario del escritor: los tigres, el laberinto, los espejos, la arena, el tiempo. Superando los prejuicios, el público disfrutó de esta propuesta no tradicional, apropiándosela de diversas maneras: sacando fotos, paseando por entre las obras o acostados ante la proyección de una poesía.

¿Cuáles son las preferencias de “la gente” en la Noche de los Museos? El mencionado MALBA, el Museo Nacional de Bellas Artes, el Centro Cultural Recoleta y museos de dependencias públicas, como la Casa Rosada. En principio, podemos conjeturar que esta gente no es público de museos ni, mucho menos, de galerías de arte. Probablemente la única exposición a la que hayan ido este año haya sido la de “Da Vinci, el genio” en el Abasto, comprando su entrada por Internet.

Con la autoridad que le confiere el haber participado en todas las edi- ciones de la Noche de los Museos, este cronista puede afirmar que año tras año se fue convirtiendo más en un dolor de cabeza que otra cosa. El público al que apunta es, como dijimos, aquel que no suele “consumir” arte, sea por cuestiones de trabajo (los museos cierran con las oficinas) o de falta de tiempo. Todos sabemos que esas no son más que excusas, pero también es cierto que este encuentro anual es un espacio extraordinario de encuentro, en el cual se realizan actividades especiales que permiten “hacerse un tiempo” para disfrutar.

El evento central fue la exhibición de la película Metrópolis (1927), de Fritz Lang, con música en vivo. No parece de lo más adecuado progra- mar a las 21 hs (y en la costanera Sur) una actividad tan importante: esa es la hora en que mucha gente recién termina de comer y se apresta para iniciar el recorrido. Años anteriores el espectáculo de cierre era a las 00 hs (en 2006, por ejemplo, fue un recital de Me darás mil hijos).

No podemos decir “mejor que nunca”, pero esta edición de la Noche de los Museos sí resultó mucho más de lo que esperábamos de este go- bierno (del cual se temía poco menos que eliminara el Ministerio de Cultura). Rogamos continuidad en proyectos que, como este, deberían estar más allá de diferencias partidarias, para construir esa Buenos Aires cultural que todos queremos (!)

La fuerza de lo inimaginado

Félix González-Torres. Untitled (Perfect lovers). 1987- 1991. Dos relojes sincronizados. Foto: Peter Muscato.

Acabo de visitar la muestra del año. Félix González-Torres: Somewhere / Nowhere (Algún lugar / Ningún lugar). Hasta el 3 de noviembre se exhibe en el MALBA (Av. Figueroa Alcorta 3415) una retrospectiva del artista cubano-estadounidense, fallecido en 1996 a la edad de 38 años por complicaciones relacionadas con el SIDA.

Entré en conocimiento con la obra de González-Torres a principios del año pasado. Mi hermano me prestó el libro Estética relacional, de Nicolas Bourriaud, en el cual desarrolla una teoría sobre el arte con- temporáneo, según la cual este se basa en generar relaciones sociales entre los espectadores, mediante las cuales la obra cobra vida de tal ma- nera que no existe sin ellas. El artista cubano ejemplificaba, años después de muerto, la teoría de Bourriaud: sus obras, muchas de las cuales se exhiben en el MALBA, “interpelan” (Althusser) a los especta- dores, mostrándoles no solo que sin ellos estarían incompletas, pues una pila de hojas impresas en rojo y negro (Untitled (NRA). 1991) no “sirve” como arte, sino que por ellos pueden desaparecer: si se llevan las hojas o si se comen los caramelos que alfombran la sala del 1º piso (Untitled (Placebo). 1991).

En el primer piso entramos a una sala por una cortina de cuentas blancas, irregulares. Es una obra: se llama Untitled (Chemo), lo cual significa “Quimio”. Podría pensarse en relación a la quimioterapia y las secuelas que deja en una persona con una enfermedad grave al atrave- sarla. Toda la obra de González-Torres está cargada, a la vez, de profun- do contenido político y personal. Si Placebo puede interpretarse como el gigantesco manto del amor (homosexual, en su caso), una dulzura tanto inabarcable como frágil (los espectadores la van “comiendo”), Para un hombre en uniforme (una pila de chupetines rojos, azules y blancos amontonados en una esquina de la sala del 2º piso) sería una ácida crítica a la política bélica (qué buena aliteración) de EEUU, su hogar de acogida.

Las pilas de hojas son, quizá, sus obras más famosas. A la mencionada NRA se le suman dos Untitled (1991 y 1989-90). La primera es una (o “son cientas”, mejor dicho) fotografía blanco y negro de un mar embra- vecido, visto tan de cerca que nos impide cualquier reacción. La segunda son dos pilas de hojas blancas con las inscripciones “Somewhere better than this place” y “Nowhere better than this place”: fuertemente expre- sivo. Los espectadores, por si no quedó claro, son libres de tomar una, dos o cien de estas impresiones en offset, que están en reposición cons- tante. Algunos tímidos preguntan; yo agarré nomás y ahora tengo dos gonzález-torres en mi casa.

Ahí está su revolución: el artista rompe con las nociones de propiedad, de original y de coleccionismo. ¿De qué sirve “comprar” estos Untitled? Si no hay “otros” espectadores, no hay razón para tener una pila de hojas en mi casa. Es en la interacción que la “estética relacional” se activa. Al mismo tiempo, la obra no “es” de nadie: yo puedo construir en mi casa la que encabeza este post solamente comprando dos relojes iguales y sin- cronizándolos. Ahora bien, su potencia radica ahí cuando nos enteramos de lo que significó para él la pérdida de su novio, muerto de SIDA en 1991, y cómo a los relojes se les gasta la pila y, tarde o temprano, em- prende cada uno su camino.

La muestra abarca también la parte “figurativa”, sin por eso dejar de ser controversial, de su obra. En la pared de la sala del 2º piso se hicieron especialmente ventanas para Untitled (Loverboy), de 1993, que consiste en cubrirlas con cortinas celestes que dan una abrumadora sensación de paz. Las demás paredes exhiben fotos, realizadas entre 1988 y 1991, que revelan ser rompecabezas cuando nos acercamos. Otra vez está presente el tema de la identidad y su fragilidad: de no estar enmarcadas podríamos desordenarlos, destruirlos. La terraza aloja el famoso cartel con la foto de una cama matrimonial recién abandonada por sus ocupantes, queriendo mostrar a ese territorio como “el esce- nario de un conflicto”, según Sonia Becce, curadora de la muestra.

El arte de Félix González-Torres es sencillamente revolucionario. Cuando se pensaba que nada más podía hacerse, que todo era “pensa- miento único” y “unidimensionalidad”, el cubano nos demostró que eso puede cambiarse, que el arte tiene ese poder. Es un lujo que en Buenos Aires recibamos una magistral retrospectiva de semejante artista.