en un muro, en una servilleta

Maurizio Cattelan. La Rivoluzione siamo noi. 2000. Resina de poliéster, cera, pigmento, traje de fieltro y perchero metálico. 189.9 x 47 x 52.1 cm.

Recuerdo un texto de Roberto Bolaño compilado en Entre paréntesis. Citaba un poema de Nicanor Parra que decía

Los cuatro grandes poetas de Chile
son tres:
Alonso de Ercilla y Rubén Darío
_

Me pareció genial la cita porque nunca había leído algo tan parecido a la propia poética de Bolaño, que conocía del libro Tres. Lo compré en el Parque Rivadavia unos meses después de leer Los detectives salvajes, fines de 2007. Me salió 25$, regateado de 30.

El otro día le dieron el Premio Cervantes; a sus 97 años, le concedió una entrevista a Leila Guerriero para el Babelia del sábado pasado. Es la mejor nota que leí en los últimos cuatro o cinco años.

Constantemente me recordaba a Bolaño, a esos personajes de Bolaño que el tiempo y su temprana muerte han llevado a parecerse cada vez más a él mismo. Vive en Las cruces, una ciudad de las afueras de Santiago de Chile y los punkis locales le grafitearon “Antipoesía” en la pared de la casa.

Durante medio siglo
la poesía fue
el paraíso del tonto solemne.
Hasta que vine yo
y me instalé con mi montaña rusa (de Versos de salón, 1962)
_

Escribe Leila Guerriero:

Nicanor. Nicanor Parra. Escribe con birome común en cuadernos comunes, toma ácido ascórbico en dosis masivas, come siempre lo mismo: cazuelas, arrollados, sopas. Fue varias veces candidato al Nobel, sempiterno al Cervantes. Hace tiempo le propusieron filmar una publicidad de leche y, como Shakira formaba parte del proyecto, pidió cobrar lo mismo que ella. Dizque le pagaron treinta mil dólares por medio minuto de participación y que, desde entonces, repite que su tarifa es de mil dólares por segundo.

Cuenta también que tiene una foto de Bolaño intervenida con una cita de Hamlet: “Good night sweet prince”. Kuitca hizo una serie de cuadros con esa frase, también.

Puede parecer cliché decir que los viejos de 97 años son más frescos que los pibes de 30. La verdad es que son pocos casos, pero constituyen la excepción que confima la regla.

*                                           *                                          *

En octubre volvió a aparecer la revista La Maga. Desconfío de los periodistas que la única manera que tienen de volver al ruedo es revivir la publicación que les dio fama.

El primer número no me gustó tanto. Las entrevistas en general estaban bien, pero lograban cansarme a base de un antikirchnerismo rabioso que me sorprendía defendiendo al gobierno -y también a algunos impensados entrevistados. El segundo, de noviembre, el último por ahora, creo, titula “Dos relatos” y promete explicar el ir y venir del periodismo de Clarín y Página/12.

Me gustaron dos cosas: Jorge Lanata recordando que el periodismo se tiene que hacer para que lo lean muchos (no para los entendidos del café) y Ricardo García planteando que el periodismo militante es muy fácil porque no se tienen que preocupar por conseguir publicidad o financiamiento: total paga el Estado.

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Novelitas lúmpenes

Mad dogs, por Jack Vettriano

Jack Vettriano. Mad dogs. 1991. Óleo sobre lienzo. 80 x 60 cm.

Ya no sé cómo puedo hacer desde este blog para que la gente lea a Roberto Bolaño. Es algo raro que pasa, ya lo dijo Ricardo Piglia: la necesidad que tenemos los amantes de la literatura, esa sociabilidad rara que despierta, de recomendarle a nuestros amigos, a nuestras novias, a nuestros profesores, los libros o los autores que nos gustan.

Mi encuentro con Bolaño fue azaroso. Corría el año 2007 y Página/12 estaba sacando unos fascículos de “Grandes escritores latinoamericanos”. Entre los últimos salió Mario Vargas Llosa y, en una sección que comentaban autores que de algún modo se relacionaban con el protagonista, hablaba de Bolaño. Vargas Llosa lo elogiaba, decía que Los detectives salvajes le había parecido excelente, a lo que el chileno le respondía con más flores que Conversación de La Catedral estaba entre las novelas mejor escritas del siglo XX.

No sé por qué me pegó ese fascículo, pero como eran las vacaciones de invierno tenía ganas de comprar una novela larga y se me ocurrió Los detectives salvajes. También había leído un Babelia que le habían dedicado por esa época, cuando no era muy conocido. Como estaba seguro de que no la iba a encontrar en el parque Rivadavia pensé Bueno, compro Conversación. Voy al tiempo y veo la novela de Bolaño, esa edición pocket roja hermosa de Anagrama, con los “Billy boys” de Jack Vettriano en la tapa que en este momento estoy mirando en mi biblioteca. Me salió 30 pesos.

Meses después leí finalmente Conversación, pero Bolaño perduraría como una de mis pasiones. Siguieron el poemario Tres, 2666, Estrella distante (que leí prestada de un amigo en dos o tres días) y la compilación de artículos Entre paréntesis. Ayer leí el número que tardíamente le dedicó adncultura, el 19 de septiembre, bajo el título “Bolaño, la construcción de un mito”. Como el año pasado tradujeron al inglés 2666 y salió elegido libro del año por Time y ganó el National Book Critics Award, volvió la onda Bolaño.

Entonces dije, loco, hay que volver a leer a Bolaño. Se sumó también a este revival una reseña que Jordi Gracia hizo en el Babelia del sábado pasado de Una novelita lumpen. Gracia titula su reseña “No hay un Bolaño menor” y reivindica esa faceta “comedida y sutil”, frente a la monumentalidad de sus novelas mayores. Ya una vez lo hablaba con Martín Kohan: lo maravilloso de Bolaño es cómo maneja los dos registros, las 1100 páginas de 2666 en las cuales cada crimen tiene una potencia narrativa propia. En Los detectives hay párrafos espectaculares y totalmente autónomos; de hecho Amuleto y Amberes son “satélites” de esa novela más grande.

No le temamos a la consagración. Si Los detectives salvajes reemplaza (para mí, con total razón) a Cien años de soledad como “la” novela latinoamericana, perfecto. Que así sea y que los pterodáctilos sigan retozando.

La belleza de lo muerto

Blood feast, por Sebastián Feast

Sebastián Feast. Blood Feast. 2008. Imagen digital sobre papel fotográfico. 60 x 45 cm.

El mal absoluto. Alan Pauls sostuvo una vez que ese era el tema central de la obra de Roberto Bolaño. Podría leerse así: en Los detectives salvajes no se ve tanto, pero sí en su novela póstuma 2666 y, más claramente todavía, en Estrella distante (1).

Estrella distante cuenta la historia de Carlos Wieder, un poeta devenido asesino -o un asesino devenido poeta- en el Chile socialista de principios de los 70. La duda que nos plantea esta magnífica novela breve es la que aparece entre guiones: ¿puede un asesino ser autor de la poesía más vanguardista?, ¿puede su obra consistir en asesinar a dos bellas hermanas, luego de haber conquistado su amor?, ¿puede ser aviador de las Fuerzas Armadas pinochetistas y escribir poemas en el cielo, puede armar exhibiciones privadas en casa de altos oficiales en donde presenta sus cuadros llenos de muerte?

“Encendí un cigarrillo y me puse a pensar en cuestiones sin importancia. El tiempo, por ejemplo. El calentamiento de la Tierra. Las estrellas cada vez más distantes.”

Wieder iba a talleres de poesía. Benno von Archimboldi era el novelista más importante del siglo XX. En la útlima “Parte” de 2666 nos enteramos de su juventud en las tropas hitlerianas durante la Seguna Guerra Mundial. Lo que aprendemos a lo largo de las cinco partes, además de la “banalidad del mal” en las trescientas cincuenta páginas de crímenes, es que Archimboldi no fue un excelente novelista a pesar de haber sido un oficial nazi, sino que fue un gran novelista justamente por haber sido un oficial nazi. Ese contacto con el mal absoluto, podríamos pensar, sus días en ese pueblo de provincias en el que los niños de 10 años jugaban al fútbol borrachos desde la mañana temprano, lo llevó a lograr esa potencia artística.

“La belleza de lo muerto” se titula un artículo de Michel de Certeau, referido a la (im)posibilidad de pensar la cultura popular. No tiene nada que ver con Bolaño, pero me gustó el título, esta idea de que lo muerto siempre es bello. Pedro Almodóvar trabaja algo parecido en Matador: el amor entre dos personas a partir precisamente de su relación con la muerte, él ex-torero, ella su fanática secreta y obsesiva. “Te quiero más que a mí mismo muerto”, le dice en el clímax trágico de la película, que, como no podía ser de otra manera, termina con la muerte de los dos en pleno acto sexual.

Ahí estaría la belleza de lo muerto/ la muerte. En una especie de amor fati iniciático e inevitable para todo lo vivo. Todos saben que escribimos para no morir. Solo en las letras puede permanecer lo muerto.

Roberto Bolaño. Estrella distante. Barcelona. Anagrama. 115 páginas. 34$.

(1) Se puede leer completa en http://www.scribd.com/doc/12418373/Estrella-Distante

Roberto Bolaño y la pesada

Las meninas, por Joel-Peter Wilkin

Joel-Peter Witkin. Las meninas. 1987. Fotografía analógica.

Estuve leyendo “Derivas de la pesada”, un discurso originalmente pronunciado por Roberto Bolaño en diciembre de 2002 y recopilado en el libro Entre paréntesis. Cualquier crítico literario serio que agarre este discurso y lo lea como si fuera un paper ante un congreso ciertamente lo destrozará. Pero nosotros no pertenecemos a esa secta, así que lo disfrutamos como lo que es: una genial pieza de filosofía del martillo.

Bolaño había reconocido su intención de hablar sobre las líneas de la literatura latinoamericana contemporánea, pero abrumado por la riqueza de la argentina decidió abocarse solo a ella. Recapitulando a modo de introducción, señala la centralidad indiscutible de Borges en el período que se cierra con su muerte en 1986. La última oración del artículo es: “Hay que releer a Borges otra vez”. No es nuestra intención discutir este fundamentalismo de Bolaño, sino centrarnos en su lectura de la literatura argentina contemporánea.

Dice Bolaño que hay tres “puntos de referencia” en este campo. Dos son públicos, dice; pero el tercero es secreto. El primero es Osvaldo Soriano, quien había muerto hacía cinco años. No encuentra esta posible rama literaria muy fecunda (de hecho dice que “hay que tener el cerebro lleno de materia fecal” para estimarla así) más que en la comprobación por parte de los escritores contemporáneos de que se puede ser masivo, alcanzar a muchos lectores. “No es necesario escribir libros originales, como Cortázar o Bioy, ni novelas totales, como Cortázar o Marechal, ni cuentos perfectos, como Cortázar o Bioy (…). Basta escribir como Soriano” (1). El texto está plagado de esa clase de ácidas sentencias.

La segunda línea, más oscura y subterránea pero aún pública, se origina en Roberto Arlt. Para Bolaño el rescate de Arlt como Jesucristo lo produce su San Pablo, Ricardo Piglia. Se pregunta Bolaño por qué Piglia se “enamoró” de Arlt y no de Gombrowicz, cuando es de vox populi que también lo hizo. Uno de los detalles que se le escaparon al chileno. Bolaño acepta  a Roberto Arlt como “el sótano” de la literatura argentina – más que eso, dice sin despreciarlo, sería inaceptable.

¿Cuál es la tercera línea, la secreta? Osvaldo Lamborghini. Hay un parecido entre la obra de Lamborghini y la de Joel-Peter Witkin, ¿verdad? “Arte dionisíaco”, lo llamó mi amigo Joaquín, fanático de Nietzsche. Estos tres son los escritores de la pesada: sin ellos, la literatura argentina sería muy aburrida, dice Bolaño. Pero, agrega, solo con ellos “la literatura se acaba”. ¿No leyeron a Lamborghini? Es “una cajita que está puesta sobre la alacena del sótano” de nuestra literatura, siguiendo con la analogía. La palabra crueldad, dice el chileno, es la que mejore se adapta a su obra. Como a las fotos de Witkin. ¿No vieron las fotos de Witkin?

(1) Roberto Bolaño, “Derivas de la pesada”, en Entre paréntesis, Barcelona, Anagrama, 2004, p. 25.

(2) ibídem, pp. 28-29.

Entre animales y plantas

Benefits supervisor sleeping, por Lucian Freud

Lucian Freud. Benefits supervisor sleeping. 1995. Óleo sobre lienzo. 151.3 x 219 cm.

La única manera de dejar de leer es ponerse a escribir.

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Escuchas de las últimas semanas: Cassetto – Limonades (2008); Justice – Cross (2007); Cansei de ser sexy – idem (2007); Palo Pandolfo – Ritual criollo (2008) (currently); Me darás mil hijos – Aire (2008). Lecturas de las últimas semanas: Martín Kohan – Dos veces junio (2002); Manuel Puig – El beso de la mujer araña (1976); Roberto Bolaño – Estrella dis- tante (1996); Guillermo Martínez – Crímenes imperceptibles (2003); Haruki Murakami – Tokio blues (1987); Juan José Saer – La mayor (1976). Otras lecturas de las últimas semanas: viejas revistas TXT (2003 y 2004); viejas revistas Barcelona (de cuando venía con TXT); The new yorker; Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron – La reproducción (1970). Salidas de las últimas semanas: excelente recital de Mi peque- ña muerte en el CC Borges; última entrega del ciclo “Confesionario” del CC Rojas; primer recital de Amapola; “La rotativa del Maipo” (¿cómo se llama esto?).

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Recién terminé de ver por enésima vez el recital de Radiohead en Glastonbury 2003. Qué show increíble. Primer tema: “There there”. Último tema: “Everything in its right place” (Cada cosa en su lugar). En el medio: “Lucky”, “Fake plastic trees”, “Climbing up the walls”. Por esas derivas de la mente tipo Virginia Woolf (comparación odiosa nº1) me acordé del recital de Síncope en el CENBA rock, el sábado pasado. De esa jornada no me traje más que un buen bronceado. La cuestión es que el cantante de Síncope tiene menos personalidad escénica que una planta, y por eso me acordé al mirar a Thom Yorke (comparación odiosa nº2). Pero bueno, una cosa es Síncope, que solo toca(ro)n covers, y otra es Radiohead, la banda más influyente del rock inglés de los últimos 15 años (comparación odiosa nº3). Dos aburridos, sí: pero uno con onda.

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El otro día el profesor de Martín Kohan me comentaba de una charla que tuvo hace unos años con una colega que vivía en París. Ella trabajaba en un café, y una vez, como quien no quiere la cosa, le dijo: “Y sí, acá a ve- ces viene Derrida”… Los dos estallamos en risas. A lo que Martín acota: “Yo no lo podía creer: ¡para nosotros esas no son personas!” Como lo de Emilio De Ípola, que lo conoció a Adorno… ¡esas no son personas! (Pero entonces, ¿qué son?)

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No me atrae la “naturaleza”. Al menos como contraparte de la “civiliza- ción” (¿no era la barbarie eso?) Unos compañeros de la Facultad se van a Lobos. Ni idea dónde queda. Zona sur-oeste. Transbordás en Merlo, con el Sarmiento. “Para alejarse de esta ciudad”. Ta bien, pero si en vez de Lobos me decían “vamos a Córdoba”, yo iba, el viaje en tren a Córdoba es muy lindo (“naturaleza”); pero la ciudad, más.

El escritor insufrible

Alan Pauls, Horacio Castellanos Moya, Juan Villoro

Hablaron sobre Roberto Bolaño los escritores Alan Pauls, Horacio Castellanos Moya y Juan Villoro.

La quinta jornada del Festival Internacional de Literatura contó con la presencia de los escritores Alan Pauls, Horacio Castellanos Moya y Juan Villoro. . Recordaron sus expe- riencias personales con Roberto Bolaño y comentaron, muy en clave “teoría literaria”, posibles lecturas de su obra de cara al futuro.

El moderador del Panel fue el redactor de adncultura Pedro B. Rey, uno de esos periodistas que siempre quieren hacer notar cuánto saben y qué bien que relacionan lecturas y conceptos. La charla comenzó con el mexicano Juan Villoro (1956) contando su relación con Bolaño, al cual conoció de joven en México para luego reencontrarse 20 años después. “Con Bolaño vimos cómo se construye un clásico en tiempo real”, sentenció.

Horacio Castellanos Moya (1957), salvadoreño nacido en Honduras, recordó sus experiencias con Bolaño cerca de la muerte de este, en 2003. “Trabajaba en un diario, y Roberto me llamaba porque necesitaba mucha información sobre los crímenes de [Ciudad] Juárez”, para lo que luego sería su novela póstuma, 2666 (2004). “Era un tipo muy compul- sivo, incontrolable. Siempre se tenía la sensación de estar cerca del abismo. Cuando discutías con él, era terminante”, comentó. A pesar de haber vivido en México, Chile y España, para Castellanos Moya “Bolaño era un outsider en todos lados”.

El único de la mesa que no había conocido personalmente al chileno era Alan Pauls (1959). Recordó que solo una vez habló con él por teléfono y que, a pesar de los importantes problemas técnicos de la comunica- ción, “no quería cortar. Se notaba que era un tipo al que le gustaba con- versar”. En relación a sus pasiones y aversiones, tema presente en toda su obra, Pauls coincidió con Castellanos Moya en que era terminante en sus juicios y que, además, “nunca los argumentaba”. En su opinión, “le aportó a la literatura latinoamericana de su época una faceta agresiva, belicosa, que le faltaba”.

“Creo que Los detectives salvajes se ordena formalmente como un esta- dio, en el cual constantemente entra y sale gente, personajes”, aventuró Villoro, conocido apasionado del fútbol. Con respecto a lo formal, Pauls destacó el carácter “inclusivo” de toda su obra, lo cual para él hace imposible pensar en Bolaño como un escritor de vanguardia, “que por definición tiene que dejar afuera a alguien” (“más bien lo veo como un romántico”, completó). “Hay dos bolaños: el primero, que ‘cierra’ el ciclo de la gran novela latinoamericana, con LDS; y el segundo, de 2666, que ‘abre’ un ciclo, qye no se sabe al día de hoy en qué puede seguir”, analizó, convirtiendo el Domo del MALBA en una sucursal de la facultad de Puán, para placer de unos (como este cronista) y desgracia de la mayoría.

Los tres escritores discutieron sobre la profunda influencia y la lectura a brazo partido que Bolaño hizo de Borges, evidenciada además por él mismo en sus conferencias. “Era un fanático de Borges que escribía como Cortázar“, dijo Pauls, aunque aclarando que se trataba de ser cortaza- riano “en el buen sentido” (se ve que alguien le había comentado la polémica del día anterior). “Todas sus páginas parecen narradas desde la experiencia vivida”, destacó el mexicano. Todos coincidieron en que el meteórico ascenso de su figura y su obra no permiten pensar aún en un “futuro clásico”: recién el año pasado se tradujo al inglés Los detectives salvajes, y las reseñas de la de 2666 salieron la semana pasada en los medios norteamericanos.

Consultada por Fuera de contexto, una fuente de la librería Eterna Cadencia destacó que los libros que más se vendieron (a pesar de los prohibitivos precios) fueron los de los autores invitados y/o homena- jeados: Villoro, Bolaño, Pauls. También comentó que la mayoría de las ventas fue con tarjeta de crédito.

El primer FILBA dejó una buena impresión en el público (que acudió masivamente a las actividades a pesar de que la entrada no fuese popular) y en la prensa (este medio incluido). Nos vemos en 2010.

“Bolaño es muy superior a Cortázar”

Juan José Becerra, Gonzalo Garcés, Martin Kohan

Los escritores argentino Juan José Becerra, Gonzalo Garcés y Martín Kohan, acompañados del boliviano Edmundo Paz Soldán.

La tercera jornada del Festival Internacional de Literatura (FILBA) tuvo como puntos altos los dos paneles sobre el escritor chileno Roberto Bolaño y la entrevista a Pedro Lemebel. .Aprovechando el fresco, la gente se acercó al MALBA para disfrutar de un evento que promete permanecer en la agenda cultural de Buenos Aires.

Sin lugar a dudas, Roberto Bolaño es la figura más importante de la literatura latinoamericana en lo que va del siglo XXI. “Después de Bolaño” fue el título del Panel que reunió a los escritores argentinos Martín Kohan (1967), Gonzalo Garcés (1974) y Juan José Becerra (1965), moderados por el crítico y escritor boliviano Edmundo Paz Soldán (1967).

En esta oportunidad el más locuaz fue Gonzalo Garcés, que demostró su erudición y profunda capacidad de análisis literario al vincular la literatura de Bolaño con la de Jorge Luis Borges. En primer lugar, dijo, “su modo de escribir, con mini-historias que resuenan en otras, es el de las novelas de Bolaño”. También reconoció la técnica que él llamó “escritura conjetural”: situar siempre a la narración como “algo que le contaron” al narrador, cuya veracidad nunca se termina de comprobar.

Juan José Becerra señaló su preferencia por 3 novelas del escritor chileno: Estrella distante (1996), Los detectives salvajes (1998) y 2666 (2004). En esas obras, señaló, rige un desorden aparente (comparado por Martín Kohan con el de Faulkner y Pynchon), en el cual “las cosas que van ocurriendo tienen un sentido solamente al final”. Desa- tando la controversia, señaló: “Por supuesto que Los detectives salvajes es mucho mejor que Rayuela“, para rematar con el título de este post (que acarreó una pregunta al final del panel para que “desarrollara más” esa idea, lo cual se negó a hacer). Volviendo al tema, sentenció: “No creo que haya un ‘después de…’: lo que hay es una ‘actualidad’ de Bolaño”.

Se habló de vanguardia (a diferencia de “vanguardismo”, según Martín Kohan), de literatura realista (central en Bolaño para Becerra), de la presencia del “mal” en sus novelas y de la articulación fuertemente novedosa que construye entre arte y política (para Kohan, desde el “eje conceptual” Chile-México).

En el Rincón de Lecturas se exhibió una selección de video-poesías del colectivo Videobardo, que estará presentando su muestra en la Biblioteca Nacional el martes 18 a las 18 hs. A continuación hubo un recital de poesía, a sala llena (la entrada era gratuita), con la destacada presencia de Juan Fernando García y Javier Cófreces.

Pedro Lemebel

El chileno Pedro Lemebel dio la nota en el FILBA.

El plato fuerte llegaría a las 18:45, con la entrevista de Fernando Noy a Pedro Lemebel (1955), uno de los escritores más importantes de Chile desde la muerte de Bolaño. Como buena estrella, Lemebel hizo esperar 45 minutos a su público, que en su mayoría soportó el frío pacientemen- te. Si valió la pena, cada uno es libre de opinar. El Domo instalado en la plaza lateral del MALBA estaba, efectivamente, rebosante de gente. Entre el público destacaba la presencia en primera fila del escritor Alan Pauls, inusualmente risueño.

Lemebel es una loca, un personaje digno de Fernando Peña que regaló (a cambio de 12$) risas y talento a todos los que lo escucharon. “A mí me gustaban los Beatles. Cuando salió ‘La vi parada ahí’ me morí… (risas).  Después me dijeron ‘en inglés no significa lo mismo'”. Recordó sus andanzas con Chavela Vargas y Violeta Parra e incluso se animó a cantar un dueto a capella con Noy.

Los que no habían leído nada de su obra pudieron comprobar la talla de su escritura, en la crónica sobre un viaje a Buenos Aires que leyó en voz alta para toda la concurrencia. También mencionó su proyecto de escri- bir una “historia de la homosexualidad en Chile” (sic). “Esa cartografía está en los juzgados. También en las cartas al Rey que mandaban los curas soplones, diciendo que los indios nos portábamos mal”. Para ter- minar, confesó: “Nunca lo escribí: los gringos tontos me dieron la beca Guggenheim, cuando yo les había mostrado el índice”.

La velada terminó con una performance poética de este controvertido escritor. El sol se ocultaba entre las torres de Figueroa Alcorta, dando paso a la larga Noche de los Museos y aplazando unas horas la última jornada del FILBA.