Vivir en Internet

Roy De Forest. Untitled (Landscape-Nipples). 1981. Pasteles y elementos varios. 60 x 76 cm.

Una persona tiene una idea. Se le ocurre que lo que hace falta no es darte la mayor cantidad de información posible sobre qué novela podés mirar el jueves a la noche; hay que decirte qué novela le gustó a tus amigos, y comparada con otras novelas que ya sabemos que te han gustado, creemos que te van a gustar.

Quiero que puedas saber si esa chica que viste en la clase de Fisiología y que, sí, estoy seguro, me miró, no está de novia, cortó hace dos semanas, “dale, Sole, vos podés”, “¡besos amigaa!” Me gusta.

Mark Zuckerberg tuvo una idea que tomó forma acabada durante 2004. Hoy en día Facebook, si decide cotizar en bolsa (que es algo que se espera que haga en el primer semestre de 2012, ya que pronto alcanzaría los reglamentarios quinientos accionistas), valdría alrededor de ciento cuarenta mil millones de dólares. A ver en números: 140.000.000.000 dólares.

El año pasado había salido una gran nota en la New Yorker, donde te quedabas con la idea de que el tipo no era un loco manipulador de información global, que quería tus datos para pasárselos a la CIA -era un convencido de que el mundo sería un mejor lugar si todos conociéramos más a nuestros amigos.

La película Red social (2010) me impresionó para bien; esperaba un típico palo al exitoso, golpes fáciles que lo pintaban como un maquiavélico empresario al igual que en el capítulo de Los Simpsons a Homero como “abusador sexual”. Vemos a un Zuckerberg arrogante, sí, pero generoso y ecuánime. Apresurado y ambicioso por momentos, pero visionario y pertinaz. Una persona que no parece preocuparse ante la carroña de la que es sujeto por parte de sus otrora amigos y/o enemigos.

Es una persona, un pequeño genio, a la cual se le ocurrió una idea tan sencilla, en una clase de instituciones tal vez agigantadas por la imaginación y los medios masivos norteamericanos (las universidades de élite), pero que efectivamente pudo desarrollar con tezón y firmeza. La comparación con Argentina me resultó inmediata -la decepción que siguió no lo fue menos.

La Costa Oeste (“how are things on the West Coast?”, cantaba ya Interpol…) fue la cuna de la innovación informática, desde el mítico Sillicon Valley de la década del ’60. Ahí se ve persuadido a mudarse Zuckerberg, a instancias del en mi opinión personaje más logrado de la cinta: Sean ParkerJustin Timberlake!), fundador de Napster. Vemos cómo, al alejarse de Nueva York, puede focalizarse en ampliar la compañía (siempre interesándose poco por la plata, lo que lo aleja de su compañero Eduardo).

La clave está en la lucha entre dos modelos de empresa: el que gana plata a toda costa, metiéndose en los rincones más inesperados aún a costa de perder el feeling inicial cortando la fiesta a las 11 de la noche (sería Google); y el que decide fortalecerse, “seguir hasta las 4 de la mañana” para recién ahí pensar en cómo ganar plata, cuando sigue siendo cool.

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Un mundo mejor

Gabriel Valansi. Zeitgeist # 424 DS. 2000. Impresión digital con marco de vidrio. 116 x 153 cm.

Hace tres semanas salió en la New Yorker una nota que me impactó. Como toda buena revista (y todo medio periodístico, me atrevería a decir) debe hacer, una vez más probaron extender el alcance de un hecho local, darnos otra mirada de los hechos que pensamos conocer tan bien.

Qué no se ha escrito sobre Facebook. Que lo maneja la CIA, que es una cagada “exponer nuestra privacidad” (pero lo hacemos igual), que se han separado parejas y armado nuevas. La nota se llama “The face of Facebook” (El rostro de Facebook) y la firma José Antonio Vargas. Es básicamente la historia de Facebook y su co-fundador, Mark Zuckerberg (Zuck, para los amigos).

Nos enteramos de varias cosas que, por lo menos yo, suponía. Era un nerd de clase alta que a los 12 años, como era loquito de la computación, le programó al padre un software para su consultorio médico. “Algunos chicos juegan a los videojuegos. Mark los creaba”, dice en otro párrafo con ese estilo típico de la New Yorker, serio y laid back a la vez. Después fue a Exeter, se diplomó en Letras Clásicas y en 2002 entró a Harvard.

El chabón se metió en las fraternidades, usó remeras ñoñas y, obviamente, siguió creando programas. “Zuckerberg tenía la manía de crear programitas simples y adictivos”, dice Vargas. Primero inventó uno llamado CourseMatch, que te decía qué materias elegir basándose en las elecciones de otros usuarios (un sistema parecido al que se usa ahora en la Facultad de Derecho).

Obviamente la historia tiene su costado sentimental, su costado polémico (todas las cabezas que Zuckerberg pisó) y hasta su costado legal (hay unos tipos que lo demandaron porque dicen que les robó la idea).

Pero al final llega la parte más interesante, cuando Dana Boyd, una investigadora sobre Medios en Microsoft Research New England, dice: “Esto es una pelea filosófica”. Lo que postula, junto con muchos otros críticos, es que Zuckerberg no es un cínico ni un frío calculador que espera ganar dinero con la información de las personas -si no cómo explicar que haya rechazado la oferta de compra de Yahoo! por mil millones de dólares en 2006.

El tipo está seriamente convencido de que el mundo sería un lugar mejor si todos fueran “más abiertos y transparentes”. Por otra parte, “si tenés 26 años, fuiste un niño prodigio, fuiste rico toda tu vida, privilegiado, exitoso, obviamente que no vas a creer que alguien pudiera llegar a tener cosas que ocultar”, agrega Anil Dash, un pionero de los blogs.

Me dejó pensando.

Feizbuk y Muscari: ¡te amo, te odio, dame más!

El Facebook de Lupe Torres, una de las estrellas de Feizbuk Teens de Muscari.

José María Muscari presenta 7 elencos de 7 actores, 7 funciones a la semana para una sola idea: Feizbuk. Fuera de contexto te cuenta las experiencias de 7 “Teens” con la soledad, la amistad y el amor. Un cóctel inestable donde lo público y lo privado se funden en el Konex.

Las obras de José María Muscari nunca se limitan al escenario. Y Feizbuk no podía ser la excepción: tienen un blog, un usuario de Facebook (del posta, sí, poné “Feiz Buk”) y suben, en tiempo real, la actividad relacionada con la obra en escena. Los 7 actores se encontraban ensimismados, cada uno en la suya, contra la pared del pasillo que lleva a la sala del Centro Cultural Konex. Uno con papas fritas de McDonald’s, otro con un Game Boy, marcaban desde el “vamos” el tono ultrapop de la obra.

La puesta en escena es austera pero contundente: siete sillas rojas tipo oficina, varios micrófonos de pie y de fondo una pantalla gigante que proyecta las visuales de una notebook. Durante toda la representación las imágenes fueron de Facebook (el de cada actor, cuando entraba; el de personajes “notables”, el resto de la obra) o videoclips de canciones de moda. Como la popular red social, Feizbuk también, necesariamente, es cambiante: “un proyecto inestable, incompleto, en constante mutación”, según el autor.

Federico Vallejos, Ariel Francilessing, Pablo D´Elia, Guadalupe Torres, Daniela Gaitán, Brian Ynserra Arezo y Daiana Arias tienen entre 17 y 22 años. Ellos son los Teens que en esta hoguera de vanidades gritan, cantan, lloran y nunca paran de maquinarse. No saben lo que quieren, pero lo quieren ya. La fuerza del teatro de Muscari vuelve en sus conocidas formas: uso de micrófono para concentrar la atención, coros para acentuar sentidos, muchos colores y todo rápido, rápido, casi sin espacio para respirar. “Hace 23 minutos comentó tu enlace”. Como en el Facebook.

“De alguna manera en el Facebook estoy vivo”, dicen por ahí. Como un espacio de soledad y angustia, pero que a la vez puedo construir a mi modo (aunque esté muerto, porque mis hermanos lo van a seguir abriendo y actualizando). Donde puedo aprovecharme de la “solidaridad” para ocultar mis miserias. Hacerme “fan” de grupos racistas o antirracistas, salvar a las ballenas o simplemente dejar en claro que tengo entre 12, 13, 14, 15, 16, 17 y 18 años.

Feizbuk es una obra para entendidos, en un sentido: el argot del sitio, como “confirmar solicitud de amistad”, “asistir a eventos”, “invitaciones” o “wall” pueden sonar extraños a aquellos no familiarizados. Viendo a los 7 elencos seguramente se harán una buena idea de lo que pretende mostrar.

Una persona cambió. “¿Se pueden saber los cambios en el Facebook? ¿O no se puede saber nada?” El tono reflexivo de algunos pasajes queda envuelto en el frenesí de la obra, y el resultado que genera Muscari, una vez más, es dejarnos pensando en cosas banales por medio de una obra terriblemente banal. O peligrosamente banal.

Feizbuk. Idea original, dramaturgia y dirección: José María Muscari. Elencos y horarios completos: http://feizbukteatro.blogspot.com/

Redes sociales

Nick Brandt. Elefantes moviéndose por el pasto. 2004. Fotografía b/n.

Esto de las redes sociales cada vez me pone más nervioso. Mis amigos no se acuerdan de mi cumpleaños porque como no estoy en Facebook no les llega el mail famoso que te avisa. Claro, así pierde la gracia. Convengamos que siempre estuvo el turro que tenía la vieja agendita de papel y que año a año pasaba los cumpleaños de sus amigos/conocidos/novios/as/jefes, etc, y los llamaba a las ocho de la mañana con la mejor voz impostada AYYYY FELIZ CUMPLE COMO TE VA QUERIDOOO!!

Hay dos redes sociales que sí me gustan. Las conocí hace apenas unos meses y el uso que les doy es esporádico, aunque la primera más que nada requiere de una cierta periodicidad o atención (como los nenes chiquitos) para que no se pierda la gracia. Igualmente, las dos están lejos del frenético ritmo de Facebook o Twitter, que parecen guiadas por el principio de “pienso, luego escribo en el cuadradito blanco, luego existo”.

La primera se llama Goodreads. Cuando la conocí no lo pude creer, dije “guau”. Es la red social perfecta para los nerds (y) fanáticos de los libros como yo. Funciona así. Uno se hace un usuario (gratis, obvio) y empieza a buscar libros. Si los leíste, le ponés un puntaje y te los agrega. La primera vez que entré metí de movida como 50 libros, así de memoria nomás. Está muy bien pensado el tema de las ediciones: todas se aglutinan en un solo “item”, como para no tener 10000 entradas distintas de Cien años de soledad o Hamlet. Te podés hacer amigos, sumar a grupos, poner libros en una lista de “para leer” o “actualmente leyendo”, esta última con la posibilidad de poner la página. Mi perfil es este.

La otra se llama Stumbleupon. De tanto verla en las opciones de todas las páginas que dicen “Share”, un día me metí. Es bastante ingenioso lo que proponen. Básicamente, es una herramienta para conocer nuevas páginas según tus intereses. Vos te armás un usuario y elegís tus intereses, que están bastante bien desagregados (no dice “ciencia”, dice “química de partículas”). Podés poner desde “autoayuda” hasta “juegos online”, pasando por “estudios afroamericanos” y “deportes de aventura”. Y después él “se acuerda” de esto y te genera una barrita en tu navegador cuyo primer botón dice “Stumble!” Cuando lo apretás, te manda a una página que vos no conocés pero que tiene que ver con esos intereses que configuraste. Es muy divertido ver a dónde te va llevando. Después podés elegir “stumble” con solo un tema, etc. Este es mi perfil.

Así lo descubrí a Nick Brandt. Las dos lamentablemente no tienen una versión en castellano pero aún así son muy fructíferas y se puede conectar con otra gente de intereses similares y hacer amigos. ¿No eran para eso las redes sociales?

Todos mis amigos estaban ahí

El asadito, de Gustavo Postiglione

El asadito, del rosarino Gustavo Postiglione, es una película sobre la amistad en la crisis de la mediana edad.

Facebook es “una red social que te permitirá conectarte con las personas de tu entorno”, según declara se Reglamento. A muchos les sonará este nuevo latiguillo de la posmodernidad: así como hace unos años la moda era el Fotolog, hoy es el Facebook.

Mi mamá me vino a hablar un día del Facebook. Sus compañeras de trabajo le habían comentado que habían organizado una reunión de su curso del secundario por medio de esta red. Cuando uno se registra, luego de introducir datos de lo más variado (desde gustos musicales hasta a qué colegio fuiste) lo primero que le propone el sistema es una lista de “posibles amigos”: te dice “es probable que conozcas a esta gente”. El mecanismo, de lo más hábil, consiste en cruzar datos: gente que fue al mismo colegio y tiene la misma edad muy probablemente se conozca. Con eso tenés tu primer lote de amigos.

Como la mayoría de estos inventos (WordPress incluido), lo más interesante es lo leonino del “Contrato” que, se supone, los millones de personas que lo usan conocen (y aunque lo ignoren rige para ellos también). Son 15 páginas. ¿Sabían que solo pueden usar Facebook los mayores de 13 años? ¿Y, en el caso de que tengan menos de 18, solo los que cursen estudios secundarios o superiores? Más razonable es que haya 15 ítems detallando qué no se puede publicar, entre los que se destacan “hacerte pasar por otra persona”, “solicitar datos personales a menores de 18 años” (o sea que si querés conocer gente de tu edad y sos menor, tendrás que contentarte con el nick) y “cargar, (…) publicar contenido que, a juicio exclusivo de la Compañía, sea cuestionable” (este es el escudo legal de cualquier arbitrariedad). Ahora sí, los usuarios son “enteramente responsables” de lo que suben.

Intenté entrar a mirar las páginas de mis amigos: no pude, tengo que estar registrado. Qué me piden: Nombre, Apellidos, después hay una tabla para elegir opciones (pésimamente traducido: dice “Soy” (I’m) en la universidad, etc (in high school)). Nada del otro mundo. Pero no lo hice. Intenté obtener una cuenta pública en Bugmenot pero el sitio lo bloqueó.

El mayor atractivo de Facebook, para algunos, consiste en que permite subir fotos ilimitadas. De la debilidad de Fotolog, hicieron su fortaleza. Otra herramienta graciosa es la de las “encuestas”. Más de un amigo mío reconoció que entró en Facebook por las encuestas. Parece que se trata de una serie de preguntas, como por ejemplo “¿quién es el juegoebrio más sexy?” (cualquier coincidencia con la realidad…) Uno (recordemos que siempre tienen que tener cuenta en el sitio) responde, y al final te sale una foto, o la respuesta, etc.

Un importante atractivo de Facebook es la posibilidad de relacionarte con gente de tu interés con menos ataduras que en la vida real, llámese ex-compañeros de colegio, chicas por las cuales tengas algunas ganas o simplemente personas que ves todos los días pero con las cuales no conversás por tal o cual razón. Habría que hacer un estudio.