Nombre y apellido

Relatos (Lipsync), por Leticia El Halli Obeid

Leticia El Halli Obeid. Relatos (Lipsync). 2005. DVD color y sonido. 8 min 45 seg.

Aparte ahora estoy saliendo con una minita que es socióloga. ¿Ah, sí, cómo se llama? María Clara Glusberg. ¿En qué cátedra está? No sé, da Sociología general. Ah, General. Sí, pero yo te digo, gana bastante bien con eso de las becas, tenemos que meterte. Ella nos puede hacer una onda, bah, no, la onda es que podríamos armar algo juntos. Te va a caer bien. Pasa que yo ya tengo una posición tomada con respecto a eso, es la burocracia, aparte ni siquiera es un trabajo, se te pasan los dos años y tenés que empezar de nuevo. Ya sé, pero ahora no estás ganando nada y esto es mejor. Aparte te va a caer bien, es socióloga como vos. Y vive sola, me invita a comer, me cocina… jajajaj, es la posta. Sí, ya sé, estás como yo hace seis meses. Igual en un momento me cansé de ser el juguetito. Pero yo no soy el juguetito, o sea, no estamos saliendo, ahora se fue de viaje pero nos veíamos ponele… una vez por semana. Sí, estás como yo hace seis meses. Capaz te la podés levantar vos, eh, a mí no me molestaría. ¿Cómo la conociste? Estaba con Diego, re borracho en un lugar. Estábamos los dos tan borrachos que no pasó nada. Ahora ya no puedo distinguir un blanco del otro. Me quedé daltónico. Necesito expresarme. Continúe.

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¿Por qué dejé de escuchar música electrónica? Cuando escucho ahora me doy cuenta al mismo tiempo que me hago esa pregunta. Debe ser como todo. “Es como todo”. Qué frase chota. “Hay que seguir”. Frase de taxista. Pasa que nada es para siempre. Seguimos con los clichés. Habíamos armado un ciclo de clichés, de lecturas, pero no fue nadie. Así no me sirve porque tengo que pagarle a los mozos. “WE ARE YOUR FRIENDS/ YOU’LL NEVER BE ALONE AGAIN”.

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El videoarte. Qué cosa rara.

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Pearl Jam hace siete años me salió cincuenta pesos. Ahora, cuatrocientos cuarenta. Casi ocho veces de aumento. La inflación general de la devaluación hasta hoy se calcula en diez veces. Ponele, las facturas: estaban veinticinco centavos cada una (las películas son buenas para medir estas cosas), ahora están dos con cincuenta. Otros productos o servicios están claramente atrasados (transporte, servicios públicos en general, cuyo ejemplo extremo es el de los teléfonos públicos que siguen a veinte centavos los dos minutos como en 2001). Elija su propia aventura.

De te fabula narratur

De te fabula narratur. 2007. Fotografía color, toma directa. 10 x 15 cm.

Cómo corrí para sacarme esta foto. Me acuerdo como si fuera hoy. El campo de nuestro amigo en Entre Ríos, cerca de Urdinarrain. Pleno enero, el cielo totalmente diáfano y no mucho para hacer. De vos habla la historia.

Apoyé la cámara en el pasto, me agaché ridículamente para encuadrar -como había que hacer cuando no existían las cámaras digitales con pantalla-, puse el automático y pensé tengo 10 segundos para correr hasta el palo ese, sentarme en una posición pretendidamente casual y hacer que leo, hasta escuchar el “chuc” del obturador que se cierra, se abre, se impresiona la película. De vos habla la historia.

Cuando la revelé me di cuenta de que no había salido tan bien. Fíjense que tengo las piernas inusualmente estiradas (¿quién lee sentado en el piso con las piernas estiradas?) y que -de esto me di cuenta en el momento, porque no se ve en la foto- está puesto el señalador en el libro. La foto salió muy expuesta y un poco doblada. Estaba en un lujoso campo de 1000 ha, con dos casas increíbles, y leía el libro Los que ganaron. La vida en los countries y barrios privados, de Maristella Svampa. No me digas. De vos habla la historia.

Uno o dos meses antes, en otro campo de otro amigo, tengo el recuerdo de estar subido a un árbol con mi cortaplumas y leyendo Política y sociedad en una época de transición, de Germani, una vieja edición de Paidós de 1965 que no tenía las hojas cortadas, entonces leía 10 ó 12 páginas, cortaba otras tantas y seguía leyendo. Claro que era una época de transición -para mí. De vos habla la historia.

Ya lo decía Horacio: de te fabula narratur. Proust también lo dice en Sobre la lectura: los libros que verdaderamente nos marcaron son los que recordamos qué estábamos haciendo mientras los leíamos, dónde estábamos, quién nos acompañaba, qué cosas soñábamos o nos atormentaban secretamente. Por eso puede haber sido incomparable para mí, por ejemplo, leer On Chesil beach de Ian McEwan, y para otro solo una tibia novela de amor. O Conversación en la Catedral de Vargas Llosa mientras esperaba en el café Homero Manzi a una enamorada que nunca llegó, como pasa siempre. Como pasa en los libros, en las historias que, yo sé, están hablando de mí.

Los pibes remontaban barriletes

George Clooney y Anna Kendrick: 23 años de diferencia, un tendal de corazones rotos. Fotograma de Amor sin escalas, de Jason Reitman.

AMOR SIN ESCALAS

6

Director: Jason Reitman
Guión: Jason Reitman y Sheldon Turner, sobre la novela de Walter Kirn
Elenco: George Clooney, Anna Kendrick, Vera Faniga, Jason Bateman, entre otros.

Salió la nueva película del director de Juno. Después de verla, estoy convencido de que lo que hizo grande a esa película (claramente entre las 10 mejores de la década de los 2000) fue su guionista, Diablo Cody. En este, su tercer largometraje de grandes dimensiones, se ve tragado por algunos de los vicios de Hollywood, aunque aún así conserva un sabor interesante.

La película trata de un apuesto ejecutivo llamado Ryan Bingham (George Clooney) cuyo trabajo consiste en despedir gente. La empresa que lo emplea lo tiene viajando por todo EEUU, de compañía en quiebra a compañía en quiebra. Bingham es un auténtico nómade: no tiene familia y su “casa” está en la pequeña ciudad de Omaha, en la cual pasa menos de 30 días al año.

En todas las grandes ciudades nuestro héroe tiene alguien con quien “pasar un buen rato”, lo cual además se ve facilitado por su cuidada apariencia y carisma. En esta onda conoce a Alex, una bella mujer en sus late 30’s que parece seguirle el ritmo y comulgar con su particular cosmovisión. La hermana de Ryan se va a casar y se le ocurrió la loca idea de tener una foto de ella y su novio, en cartón, frente a los lugares más emblemáticos de los EEUU. Alex lo ayuda en esto también.

El gancho de la película está en la joven promesa de la compañía, Natalie (Anna Kendrick), que viene a renovar los aires con su PhD encima. Ella está de novia, planeaba casarse a los 24, tener hijos: la familia feliz. Y conoce a este iconoclasta, que trata de enseñarle que dos más dos es cuatro. El tópico de la pareja dispareja, el mesiánico y el incrédulo, ya está gastado (desde Mulder y Scully), pero acá tiene cosas buenas.

El personaje de Natalie tiene sus matices, eso es bueno, pero no deja de sonar forzada la unión con Ryan, su separación y posterior renuncia. El doblete infernal Alex-Natalie también hace una buena contraposición. La película se hace un poco larga y el clímax dramático no termina de convencer. Pero contiene algunas reflexiones sobre el amor y la pareja que hacen que valga la pena. Recomendación: no mirar con novios/as.

C-lee

Fabiana Barreda. Chica Buda. 2008. Tallado láser sobre acrílico. Medidas variables.

La primera vez que dijiste “tengo que salir con mi novia”. Ahí la cagaste. Desde entonces todo fue cuesta abajo, como el tipo de Belleza americana, te acordás, que el chabón se hacía la paja a la mañana en la ducha y a partir de ahí su día era una mierda.

Conocer a otra persona. Convengamos que escuchando Sea change no voy a poder escribir algo bien arriba tampoco. Me chocó desde la primera vez que la vi. Ella iba a primer año, yo a cuarto. Ella le gustaba a un compañero mío de división. Bah, en verdad él la había empezado a seguir porque pensaba que ella lo miraba. Entonces me pidió a mí que lo acompañara a histeriquiar un poco con esta minita. Él estaba de novio hacía más de un año.

Yo la vi y me gustó, que querés que te diga. Pero no me daba ni la hora. La esperaba a la salida de clase sentado en el alféizar del ventanal de su claustro y cuando se me acercaba yo ponía cara de uh qué sorpresa (¿venís siempre a bailar acá?) Cuando él se dio cuenta decidí dar un paso al costado (igualmente no me iba a dar bola). Él se la terminó ganando,se la comió varias veces y por mucho tiempo más de dos años no sé si cogieron durante ese noviazgo y el siguiente.

Solo una vez estuve con ella a solas. Nos encontramos a tomar algo en un pequeño café de Boedo, cerca de su casa. Ya estábamos grandes. Hablamos de la vida de las boludeces que hacía yo ella ponía cara de vergüenza qué linda le quedaba por qué no me cortaste el mambo no sé me cuesta decir que no ¡decimelo a mí! y él la cagó muchas veces te digo eh cara de pícara de tercera en cuestión me mandó flores para mi cumpleaños anónimas yo pensé que me las habías mandado vos Julio pero no si ya fue lo nuestro ¿lo nuestro? mirá que yo no puedo ser tu amigo así que si esto va a seguir así no nos hablemos más ahí quedó nunca más supe de ella.

Todo lo que digo es mentira.

Supongo que estoy bien.

Ritual

Carlos Alonso. Desnudo. 1984. Litografía. 46 x 59 cm.

Hay una canción de Palo Pandolfo que dice: “Amor/ practico el ritual día a día”.

El verso no presenta una valoración negativa del amor. Al calificarlo como ritual, está haciendo referencia a por lo menos dos aspectos: 1) la ejecución de un acto comandado por el mito; y 2) la monotonía. Todos sabemos que no “amamos” a la persona  con que salimos: amamos en ella algo que no está en nosotros y que queremos poseer.

¿Qué amo (o qué hago) cuando amo a otra persona? En primer lugar, ritualizo el mito del amor. Colaboro con su reproducción ad aeternum. En segundo lugar, es Narciso mirándose en el lago. Amo el hecho de ser amado por otro. Acá se presenta el sobresalto del amor no correspondido. En este caso, amo mi proceso de amar, el ritual que realizo no necesita correspondencia. Hasta que se agota esa energía unidireccional y el amor desaparece.

Distintas clases de amor. El amor de una madre por su hijo, el amor de un/a adolescente por otro/a adolescente, el amor por objetos, el amor religioso o místico. ¿Cuál es el elemento en común? La posesión, el deseo de poseer. Vemos en el lenguaje: “no pasó nada”, meaning no apretaron, no cogieron, no hubo besos, “nada”; “quiero que seamos algo más que amigos”, meaning ser amigos es poco, es insignificante; “estoy solo/a”, meaning no tengo novia/o, y por lo tanto no tengo a nadie importante en mi vida: familia, amigos (solo amigos, eh), compañeros de laburo, etc.

Amor / amistad. Cosas distintas. “Te quiero como amigo”, lo cual significa que soy el que te escucha, el que más te entiende, el que te acompaña y siempre está ahí cuando lo necesitás; pero no te puedo dar un beso, no me puedo acostar con vos, etc. Y no solo eso, sino que tolero que otro te dé un beso, se acueste con vos, y que después te vengas a quejar conmigo de que él no te escucha, no te entiende, no te acompaña… Escuchamos, decimos, pensamos: “para eso están los amigos”.

Los amigos como una red de contención. La pareja amorosa como algo pasajero. La del viejo Vinicius, “el amor es eterno mientras dura”. ¿Alguna vez se deja de ser amigo? Hay altos y bajos, seguro, pero no. La relación amorosa sí tiene fecha de comienzo y de fin, como la vida misma. La primera se festeja (el ritual), la segunda se duela. Fulanito, 1925-2006. María y Nico, 17/10/05 – 20/4/08. Murió. Terminó el amor. ¿Puede renacer de sus cenizas? Una vez como tragedia y otra vez como farsa.

No, che, hoy no puedo, tengo que salir con mi novia. “Practico el ritual día a día”. Tengo que salir con mi novia. Así se dice, eh. ¿En qué momento dejaron de sentirse, de desearse, de añorarse, de querer y no tener? Me cuesta creer que exista el amor para toda la vida. Son las excepciones las que confirman la regla. O tal vez es la capacidad del amor para afirmarse en su misma negación.

La separación como la forma más elevada del amor. “Si amas a alguien, déjalo volar”. La separación que conlleva necesariamente idealización. El amor como un imposible sin la idealización. El amor como la máxima idealización de la especie humana. Incorruptible, como toda idea, platónica. Lástima que algo tan importante como el amor esté librado al manejo de unos simples mortales.

Antes del amanecer

Afiche de la película Antes del atardecer (2004), secuela de Antes del amanecer (1995), ambas protagonizadas por Ethan Hawke y Julie Delpy.

Hacía tiempo que no veía una película que me hiciera pensar tanto sobre tantas cosas. Y, lógicamente, apenas terminó supe que tenía que escribir algo sobre eso.

Antes del amanecer es una película de Richard Linklater, estrenada en 1995 y protagonizada exclusivamente por un chico y una chica: Ethan Hawke y Julie Delpy.

El argumento es muy simple: Jesse (Ethan Hawke) conoce a Céline (Julie Delpy) en un tren recorriendo Europa. Luego de 10 minutos de conversación, él tiene que bajarse para tomar su avión de regreso a Estados Unidos, el día siguiente por la mañana. Habiendo sentido una fuerte conexión con la chica, la invita a bajarse y pasar la tarde-noche con él, y luego regresar a su París natal como si nada hubiera sucedido. La película cuenta esas 12 o 14 horas en Viena.

La elección de esa ciudad como telón de fondo de la historia no es casual. Por lo que se ve en la película, es una ciudad antigua y melancólica, que carece de atractivos espectaculares. Pero cumple muy bien su cometido, que no es más que representar un escenario extraño para ambos, que pasarán a recordar por el resto de sus vidas como el lugar en el que pasaron una noche maravillosa con esa otra persona.

Jesse y Céline en un momento se dan un beso. Recorren la ciudad de la mano, muy compenetrados el uno con el otro, a pesar de que vemos sus personalidades son bastante diferentes, por no decir antagónicas. El hecho de que no hayan tenido sexo me pareció excelente, probablemente lo más desconcertante de la película. El acierto, en este punto, está en haber logrado que lo que dice Céline cuando están el parque (“creo que no deberíamos tener sexo” o algo así) no desentona para nada con el ritmo de su relación ni con lo que venían haciendo hasta entonces. Jesse al principio no se lo toma bien, pero luego termina por entender que ese es absolutamente el único desenlace que podría tener su relación para que, como dice ella, “no se convierta en una historia que le andás contando a tus amigos, conocí una chica en el tren y me la cogí”. Bueno, esa es mi traducción libre, pero respeta el espíritu.

Porque otra cosa interesante de Antes del amanecer es el idioma. Estos muchachos hablan en inglés, que es el idioma del director, de Jesse y del mayor mercado cinematográfico mundial, a pesar de que la acción transcurre en tierras de habla alemana y la chica es francesa.

Puede sonar a perogrullada, pero es una película que gusta o no dependiendo de cómo sea el espectador que la mire. Si uno está acostumbrado a esas largas noches de charla pseudo-intelectual, discutiendo desde astronomía hasta de amor, que muestra la película, le va interesar. Ahora, si no es así y, en cambio, uno es o bien un loco adicto al sexo machista o bien una persona centrada, balanceada, que nunca se bajaría de un tren con un extraño que acaba de conocer para recorrer una ciudad igualmente extraña en medio de la noche, esta película no lo convencerá.

Me impresionó. No es una gran obra maestra del cine, ni por asomo. Pero es difícil abordar un tema como el amor sin caer en lugares comunes. Desde esa base, es una película muy lograda que, por sobre todas las cosas, hace pensar. En lenguaje cinemátográfico, es muy “dialogue-driven”, es decir, muy hablada: todo lo que pasa ocurre en las conversaciones entre los protagonistas. Es, además, una película muy “noventas”. Un mundo sin certezas, con una juventud desconfiada y haragana, sin ganas de cambiar el mundo.

La visión del amor de Antes del amanecer me hizo acordar a la de una excelente película argentina, llamada Vagón fumador (Verónica Chen, 2000). Si el amor existe, debe ser algo muy parecido a lo que hay entre los protagonistas de esa película. Y en la historia de Jesse y Céline también encontré muchos ecos de lo que podría ser el amor. Ellos deciden no dejarse números de teléfono ni dirección. Es inútil. Solo pasó esa noche, acuerdan, pero no como una negación, sino como el único desenlace auténtico para un sentimiento tan fuerte como el que los unía.

El viejo Vinicius de Moraes escribió: “El amor es eterno mientras dura”. Tal vez solo puede ser así. El amor como un sentimiento breve, a lo sumo efímero, entre dos personas, cuyas vidas se cruzan en un momento para nunca más ser como antes.