Escribir

Caseros (circa 1994)

Mi abuelo no sabía leer ni escribir. Le llevábamos revistas porque le gustaban las fotos e, inexplicablemente, siempre entendía algo del contenido de las notas. Televisión sí miraba, más que nada fútbol los fines de semana (supongo que nunca se enteró de que las fechas, desde el Fútbol para todos, también se jugaban el resto de los días).

Mi abuelo me miraba con cara de preocupación. Se interesaba en mi futuro: cuando estaba en el colegio, me preguntaba qué iba a estudiar en la Facultad; cuando estaba en la Facultad, me preguntaba si iba bien y cuándo me iba a recibir; cuando me recibí, me preguntaba si tenía trabajo y, cuando le decía que no, me compadecía y afirmaba, taciturno, que la vida estaba difícil. El año pasado, finalmente, pude decirle con toda la satisfacción del mundo, con la certeza del novato que habla con un maestro, que lo había conseguido, que por primera vez en la vida, a los 25 años, tenía trabajo.

En las fotos se lo ve atento, un poco fuera de lugar a pesar de que todas las fotos que tengo de él son en su lugar, en su casa, que es la casa en la que crecieron mi mamá y mi tía. Pocas veces lo vi fuera de esa casa. El cielo siempre era más grande que la ciudad.

*                                                                 *                                                        *

El otro día me fui de shopping por primera vez. El local de una marca MUY CONOCIDA en un shopping MUY CONOCIDO que está a la vuelta de un museo de arte latinoamericano MUY CONOCIDO.

La estructura del edificio es antigua, lo que delata su carácter pionero en el panorama argentino. Abajo hay un supermercado MUY CONOCIDO. Subí por las escaleras mecánicas (en francés se dice monter, ¿cómo vas a montar una escalera? pero bueno, es el mismo idioma en el que ochenta se dice cuatro veces veinte) y el local era uno de los primeros, a la derecha.

Apenas entré me puse súper self-conscious: me miré a través de los ojos de las majestuosas señoritas que, en segundos nomás, irían a atenderme y a mimarme por el módico precio de un par de miles de pesos en ropa. ¿Estoy bien? Tu vestido, ¿cuesta mucho, poquito o muchísimo más que mi pantalón? Alta, pelo corto, oscuro, ojos claros delineados, una boca carnosa pero no exhuberante, tono de voz cautivante. Qué estoy buscando, algo abrigado, media estación (¿en qué quedamos?), bueno, por acá, cualquier cosa me preguntás.

Y todas las chicas que entraban eran así. El público y el staff, en los lugares para GCU, son intercambiables. Se elogiaban entre ellas, “me encanta su vestido”, y cuando salía le decían “me encanta tu vestido”. Sí, sos divina, ya lo sé, pero no me alcanza ni para pagar el alquiler en la villa a la vuelta de tu country.

Meditación

Sitiado por los cigarrillos y el whisky,
escucho que alguien mete mal un cambio en la calle.
La noche es dura y las noticias son malas.
¿Guardo la Elegía en el freezer
para comerla cuando llegue la inspiración?

Que quede claro:

Esos globos inflados con gas
pegados al techo
donde hubo una fiesta,
son mis sentimientos.

Fabián Casas. En El spleen de Boedo, Bahía Blanca, Vox, 2003.

Casada
Luz se casó en Madrid. Vivía con su novio en un semipiso a tres cuadras de la Gran Vía. Todas las mañanas se levantaba para pasar por la puerta del Museo del Prado antes de que Francisco, el jefe de Maestranza, saliera con el balde a decidir si la vereda merecía ser baldeada. “Hoy no”, le dijo la segunda o tercera vez que la vio. “Si los vecinos la ven muy limpia, se enojan. Si los turistas me ven baldeando, no pasan más. Es un jodido equilibrio, tía.” Fue la primera vez que le dijeron “tía” fuera de Argentina, donde, ya lo sabemos, significa una cosa muy distinta.

Había terminado sus estudios en Comunicación Social en la Universidad Siglo XXI. El profesor de Planificación de Políticas Comunicacionales le había recomendado la Maestría en Periodismo Digital de la Universidad Carlos III; dijo que un colega suyo de la época de la Transición estaría dispuesto a recibirla, académicamente hablando por supuesto. Habló con Manuel y a él le pareció el mejor momento para conectarse con su pasado ibérico. El avión salió a las 4 de la madrugada.

En Barajas no los detuvieron ni los discriminaron. Simplemente pasaron y se tomaron un taxi que por 36 euros los dejó en el departamento de Jordi, un catalán de Girona que juraba haber conocido a Roberto Bolaño.

Como Manuel necesitaba unos papeles de Argentina tuvo que volver a los pocos meses. Recién entonces se casaron, en Madrid. Para esa época salían mucho y frecuentaban los botellones de la esquina de su casa. Acá la cosa era muy distinta.

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Suenan las campanas

South Side, Chicago, por Walker Evans

Walker Evans. South Side, Chicago. 1946. Impresión en gelatina de plata. 18.8 x 15.4 cm.

Fuera de contexto cumplió cinco años.

La única felicitación que recibí fue de WordPress.com, pero creo que se deben haber acordado por motivos electrónicos más que afectivos. Aparte cada vez tengo menos visitas. Cada vez escribo menos.

Me acordé por el aniversario de la muerte de Ginzburg y por el cumpleaños de mi amigo Diego, el 9 de marzo. Me olvidé de su cumple y lo llamé al día siguiente, a la noche, después de abrir el blog. De hecho el primer post está fechado 11 de marzo, porque serían las 0:10 AM. “Abrí un blog”, le dije.

Una de las primeras devoluciones que tuve fue de un amigo de la secundaria que me dijo que no le gustaban mis “sincericidios”, esos posts que escribo de vez en cuando con sucesiones inconexas de oraciones que empiezan con “Este blog está a favor de” y “Este blog está en contra de”. Lo había ofendido algo, no sé, ponele que había puesto “Este blog está en contra de los que doblan los pantalones antes de cojer”, entonces me dijo que él era de esos y que por eso no lo iba a leer más. Por más tonto que sea, me dolió. Yo quería que me leyeran, quería ser popular.

En estos cinco años terminé la carrera de Sociología, empecé la Maestría, sigo desempleado, tuve una novia y un par de chicas, conocí nuevas ciudades sobre las que traté de escribir, me hice nuevos amigos, dejé de frecuentar a otros, leí muchos libros, escuché mucha música, empecé y terminé un programa de radio de dos años y tres meses, me sumé a un proyecto cultural que me atrajo como pocas cosas me habían atraído, apliqué para becas en el exterior que “were not successful”, salí con una inglesa que no quiso volver a salir conmigo porque le parecí muy “knowledgeable”, estuve dos años en una cátedra de la facultad en la cual no vislumbraba ningún futuro más que reuniones y clases deliciosamente rutinarias, seguí sosteniendo que mis pasiones son la literatura, la música y la sociología (el orden depende del día), me compré un Kindle, entrevisté a músicos extranjeros que admiro, me peleé con una amiga a la que quería mucho, viajé dos veces en avión, conocí por separado a los músicos de la mejor banda argentina de los últimos diez años y después cuando se juntaron uno me dijo que mi “fanatismo” había tenido una pequeña (chiquita, mínima) influencia en su decisión, volví a usar mi bandeja y empecé a comprar vinilos por internet a dólar-tarjeta, dejé de tomar el subte, festejé la creación de la SUBE, fui rechazado en un par de entrevistas de trabajo y por un par de chicas, cambié de cama, de almohada y ahora tengo aire acondicionado en mi cuarto.

[Me acaba de llamar Diego. Posta].

Como decía Pity, “dicen que el agua va a ser un problema en poco tiempo, así que vayan juntando bidones en la terraza”.

Este blog está a favor del pop chino de los supermercados chinos. Este blog está a favor de tomar fernet con Pepsi, porque no hay más Coca, en un restobar a tres cuadras del Alto Palermo un viernes a las 4 de la tarde. Este blog está en contra de comprar más ropa. Este blog está en contra de los bolsos con muchos bolsillos y de los bolsillos con funciones predeterminadas. Para la notebook. Este blog está a favor de los idiomas extraños. Este blog está a favor de lo que dice Bolaño de que después del idioma 25 son todos iguales. “Novela traducida a treinta idiomas”; claro, habría que leer la lista. Este blog está a favor de todo lo que dice Bolaño. Este blog está a favor del gospel y de los aplausos a destiempo. Este blog está en contra de los pelos de gato en las camperas negras. Este blog está a favor de cantar. Este blog está en contra de presumir y de las demoras. Este blog está en contra de los que cruzan con el semáforo en rojo y/o la barrera baja.