Diez años de kirchnerismo

Un joven estudiante lee Página/12 en las escalinatas de su colegio secundario, en 2004

Un joven estudiante lee Página/12 en las escalinatas de su colegio secundario, en 2004

Ayer me pasé todo el día mirando videos de kirchnerismo en YouTube. Escribo esto mientras escucho un viejo programa de Día D con Lanata entrevistando al entonces candidato Néstor Kirchner.

Lo primero que me llamó la atención es la moda. Cómo cambió la manera en que se viste la gente. 2003 se ve viejo; como algo que pasó hace diez años. Pero también tiene una cierta naturalidad: 2003 se ve, también, más real que 2013.

Después me puse a pensar en esa época. El recuerdo más fuerte que tengo de los años pre-kirchneristas –los años de la crisis– es salir del colegio secundario y cruzarme con la horda de oficinistas corriendo por Bolívar con la cara irritada, el maletín bamboleándose con dificultad, porque en la Plaza de Mayo estaban reprimiendo con gases lacrimógenos. Esos días me gustaban porque no teníamos que ir a Educación física. Me di cuenta de que los años del kirchnerismo fueron los años de mi adolescencia, los años en que pasé de ser un niño a ser un adulto joven. 2004 es quizás el año que más felizmente recuerdo de toda mi vida: a la mañana en el subte compraba Página/12 y a la salida, todos los viernes, me leía la insuperable TXT de Adolfo Castelo sentado en las escalinatas del colegio. Sin entenderlo muy bien, me entusiasmaba con la reestatización de Aguas Argentinas, miraba con fascinación el programa ¿Por qué? de Lanata en el canal Infinito y asistía a cuanto festival organizara el gobierno –visto desde hoy, filo-guevarista– del compañero Aníbal Ibarra.

Frases sueltas. Gustavo Noriega en el libro de Los Trabajos Prácticos: “el kirchnerismo es el progresismo realmente existente”. Martín Rodríguez, entrevistado por Mancilla, citando a Eduardo Duhalde: “una crisis es un momento donde todos tienen razón”. Facundo Moyano para la web de InfoBae: “el kirchnerismo es lo que fue”.

Cuando miro hacia atrás estos diez años, siento una pequeña decepción y algo de rabia. Como cuando un amigo se manda una cagada y entonces, claro, vos lo reprendés y le decís “sos un boludo, cómo pudiste hacer eso”. Pero en el fondo lo querés y te sentís mal por él. Para usar una palabra de moda: lo bancás. Sentís que las cosas hubieran sido mucho mejor si… No importa: en el purgatorio hay lugar para todos nosotros.

Texto leído originalmente en el programa “Nunca fuimos modernos” por radio Colmena, el viernes 24 de mayo de 2013. Se puede escuchar el programa completo, con la Lotería de los diez años de kirchnerismo, en Mixcloud: 

Nunca fuimos modernos – 24/5/13 (Lotería 10 años de kirchnerismo)

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Meet and greet

Laura Marling, 21 años, en el Pyramid stage de Glastonbury 2011. Foto: gentileza BBC.

A todos nos pasa: tener ganas de conocer a alguien. Un músico me contaba de que conoció a Adrián Dárgelos de Babasónicos en un boliche de Palermo, que estaba sentado en una mesa, él se le acercó con el por entonces flamante primer CD de su banda, se lo dio y Dárgelos se lo aceptó buena onda.

La escena es extraña. Porque cuando conocés a una persona que admirás tenés que sacarla de los lugares en los que la tenías. Si es cantante, cantando, si es actor, actuando, si es escritor… es aún más difícil, porque ni cara tiene, ni cuerpo. El sábado pasado me crucé a un escritor que admiro, con varios libros publicados, alrededor de 35 años. En un club cultural que funciona en una ex-casa chorizo. El tipo estaba en la cocina mangueando sánguches de pastrón.

[Digresión sobre el sistema de medios británico. Preparando el material para esta nota (jua) caí en el sitio de la BBC 6music sobre Laura Marling. La BBC es el conglomerado de medios público más grande del mundo. En su página tienen como sub-sitios con los artistas que te muestran clips sobre sus apariciones en todos los medios del grupo (TV y radio), para ver de nuevo. Yo puse una entrevista que hizo a fines del año pasado con Lauren Laverne, en HD obviamente, que empieza diciéndole “ya sabemos que estás de resaca, digámoslo de una y listo”… son más liberales los ingleses].

Con los extranjeros es distinto, tiene un agregado de excepcionalidad pero se introduce una opción intermedia para el periodista: hablar por teléfono. Porque a los de acá los vas a ver en persona. O de otras ciudades, el año pasado hablamos con Pai de Un día perfecto para el pez banana, de Córdoba, pero porque no vive acá. Después me lo crucé en el recital de of Montreal, lo vi de lejos y al final no lo pude saludar. Saludo a Pai.

La semana pasada  también en Juanita hablamos con Willy Mason, un cantante norteamericano que nos atendió cuando salía de hacer las compras en su ciudad natal, en una pausa entre giras. Y lo contactamos por el mail de la página. La gente contesta, es así, capaz no podría hablar con Keith Richards… ¿pero para querría eso? Quiero hablar con un pibe como Willy, de 27 años, o con una piba como Laura Marling, de 22, que hacen cosas que están más cerca de mí.

No sé si esto está cerca de mí, evidentemente está a años luz. Pero el hecho es que no hay que tener miedo.

(Qué título, eh)

Membrillo, dulce de leche, pastelera

Diego Stigliano. Dragon. 2011. Digital intervenido. 12 x 34 cm.

Pasé por un kiosco de diarios y vi colgada una revista La garganta poderosa. Es de una organización social llamada La poderosa que hace trabajo de base en villas de Buenos Aires. Incluye entrevistas, notas de contenido político y variedades, con foco en “darle voz” a los habitantes de esos asentamientos precarios.

Tenía una compañera de la facultad que trabajaba/colaboraba/militaba en La poderosa. Era de Chubut (no sé si será casualidad, pero muchos compañeros de otras partes del país terminaron en organizaciones de ese estilo; habría que hacer un estudio sobre eso, no? Porque los que vienene a estudiar a Buenos Aires no son precisamente las clases populares de Trelew o de Coronel Suárez. Otro amigo de un amigo estudiaba Economía y se había metido a una K, aparte empezó a tomar merca y salió todo revirado el pobre).

Un día, en el espacio de una clase destinado para anuncios parroquiales, aparece esta chica con otra compañera ofreciendo la revista. Salía 10$, me acuerdo. La pasaron para chusmear (“sin compromiso de compra” dirían en el tren) y me llamó la atención la calidad de la impresión, papel satinado con buen color y un diseño de página prolijo. Nada de fanzine. Ellos enfatizaban que estaba hecha íntegramente por pibes de esas villas, la Rodrigo Bueno, la 31 bis y un par más. Estarán dando cursos de Illustrator y Photoshop además de copa de leche, pensé…

Después siguieron pasando ese cuatrimestre. La tapa era siempre una personalidad de primer nivel de la cultura argentina (Maradona, Tévez, el Indio Solari) o latinoamericana (René de Calle 13, La Mona Jiménez). Qué raro, también, figuras que no suelen dar notas a nadie. Siempre pasaban dos o tres chicos blanquitos, clase media, acompañados con algún negro, un villerito como para ilustrar la pobreza, vio? Y vendían bien, cuatro o cinco por curso fácil.

Así que parece que siguen publicando.

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Y tenés de membrillo, dulce de leche, pastelera. Con manzana, sí, acá me quedó. Nueve. Dos de grasa, sí. No, churros sabés que no me quedó. Cañoncito. ¿Qué más? Porciones tenés de coco y manzana, coco y dulce de leche o si no pasta frola. ¿No? O milhojas. ¿Qué más? Bueno, gracias, por caja te cobran. ¿Cincuenta y dos?

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Ayer en el colectivo tenían puesta la Metro, estaba Matías Martin hablando con Víctor Hugo. Enganché la última parte y encima estaba lejos. Dijo cosas como “no se puede hablar del gobierno sin hablar de Clarín“, para él eran cosas simétricas y equivalentes. Qué feo ir a un programa a defender a un gobierno, ¿no?

Hoy, en su programa en Continental, hablaron de las garrafas. Un tema que la ortodoxia gubernamental encuentra lógicamente espinoso. Porque si vos tenés que el precio acordado de la garrafa social es 25$ la de 15 kilos pero que en época de escasez se duplica el precio, quedando en ocho veces más que el gas de red, peor presión, etc, la justicia social está lejos. Pero los subsidios no se los van a sacar a los usuarios residenciales ni a las empresas ni a las concesionarias del transporte público del AMBA, ni a…

Que cumplan años más seguido

Florence and the machine se presentó el viernes 9 de marzo en el Alexandra Palace de Londres. Foto: gentileza BBC 6music.

La radio 6music de la BBC cumplió diez años y lo festejó a todo trapo la semana pasada. Todos los días en el show de la mañana recibieron a artistas que dieron un concierto en vivo en el estudio de Maida Vale (la BBC tiene estudios y auditorios a lo largo y ancho del Reino Unido). El viernes 9 habían arrancado con un recital de Florence and the machine en el Alexandra Palace de Londres y terminaron el viernes 16 (anteayer) con el megaevento central, en el Southbank Centre de la misma ciudad.

Hay varias cosas que me llamaron la atención de toda la movida. Una aclaración: la BBC es el conglomerado público de medios más grande del mundo. Tiene más de diez radios y otros tantos canales de televisión, todos con la mejor tecnología (transmiten en DAB, en digital y online). Digo, porque mucho se explicaría en parte por ahí.

Los cinco recitales del estudio de Maida Vale y el del Southbank Centre fueron totalmente gratuitos: las entradas se sortearon en la radio, entre los oyentes. De lunes a viernes fueron transmitidos en vivo en su totalidad en el programa de Lauren Laverne, que se mudó por esa semana al estudio de Maida Vale; se pueden escuchar ya en la página. El del Southbank pasó en vivo parte de dos shows (Laura Marling y Public Image Ltd.) y al día siguiente (ayer sábado) los highlights del resto; además de verse, en el UK, por el “red button” de la TV digital. Desde mañana lunes estarán disponibles en la web completos (no sé si para todo el mundo o solo para el UK) y rotarán temas por la programación semanal.

La programación musical tiene algo extraño y ejemplar: combina tradición, modernidad, calidad y apuestas. De las bandas que tocaron en el Southbank, por ejemplo, hay tres artistas de 22 años: Beth Jeans Houghton, Laura Marling y Lianne La Havas. Otra, Florence Welch, tiene 25. De los consagrados, se vuelcan por un exquisito-experimental-de culto como Gruff Rhys; por una banda mítica en su influencia como Public Image Ltd.; por un gentleman inglés de difíciles caminos pero innegable altura como Graham Coxon. El futuro, las raíces, la innovación. Todos, música de calidad.

Lo mismo en los cinco shows de Maida Vale. Arrancó SBTRKT, la sensación del tech-house y electro de 2011; siguieron Paul Weller, el tío del brit-pop y figura lateral pero indiscutida del pop británico de los 80 para acá; De La Soul, trío legendario de la renovación del hip-hop de fines de los 80; Jason Pierce de Spiritualized, otra banda influyente e inquieta en sus búsquedas de sonidos espaciales; y finalmente Orbital, abuelos del house old-school que siguen tocando con paredes de perillas y consolas.

Otra cosa es cómo se burlan de los particularismos, los sectarismos. Te ponen una songwriter de pura cepa como Laura Marling (recordemos, 22 años) al lado de un guitarrero noventoso como Coxon; o los canosos de Orbital al lado de la renovación de SBTRKT. Y, en cuanto a géneros, apuestan mucho por la electrónica y por los géneros algo “foráneos”, como el hip-hop, al mismo tiempo que valoran sus contribuciones claves a la música pop, encarnados por ejemplo en Spiritualized.

¿Frío, tibio, caliente?

Un paseo con mi fama por la calle de la Memoria

Alain Vaes. Orchids and scorpions. 2011. Acrílico sobre lienzo. 132 x 112 cm.

Es un tema elegir música para la radio. Sobre todo cuando la novedad no significa algo nuevo.

Me pasó ayer, escuché en un programa el corte del nuevo disco de los Strokes, “Under cover of darkness”. Las chicas que conducen tienen 21 años, o sea que hace diez cuando salió Is this it? tenían 11. Y cuando vinieron, en 2005, 15. Bueno, el nuevo tema de los Strokes suena a refrito de 2001: parece como si no hubiera pasado Justice, o Gorillaz, o Wilco. Los Strokes ya en 2003 cuando salió Room on fire sonaban a viejo; estoy cansado de las All-Stars y la ropa cuidadosamente arrugada.

Fue un momento que tengo patente. Estaba en la casa de un amigo del colegio, fanático de toda esta ola garage-rock él, que se había comprado una edición europea de Marquee moon de Television. ¡Ponelo, ponelo! Y arrancó el primer tema y yo pensé “mierda, esto suena igual a los Strokes pero hace veinticinco años”. Como dice Stephen Erlewine en Allmusic, es un disco de rock de guitarras. ¡Y yo que pensaba que “Reptilia” era lo más novedoso de 2003!

Recordé toda esta secuencia hace unas horas, escuchando la BBC 6music porque pasaron “Marquee moon”. Primero, increíble el nivel de la música que pasa esta radio, en general. Y el programa que por horarios más engancho (el de Steve Lamacq), más aún. Mientras escribo esto están pasando “No sleep ‘til Brooklyn” de los Beastie boys. Y antes pasaron desde bandas británicas emergentes o chicas (como Little dragon) hasta leyendas (Gregory Isaacs) y más corte “clásicos” (Inspiral carpets, Depeche mode). No les tiembla el pulso, eso es lo raro, te meten un reggae seguido de PJ Harvey o Noel Gallagher.

Le hizo una nota a un chabón para una sección que se llama “Good day bad day” y le preguntó cuál había sido su primer “simple”. Allá tienen esta costumbre de los singles, cuando sos chico aparentemente lo que hacés es pedirle a tus papis que te compren el single que escuchaste por la radio y así se reproducen las grandes líneas evolutivas de fanáticos del rock británicos. Después le preguntaron por su primer gig, o sea el primer recital al que fue. Tiró “Blur en 1995″. Claro, el momento y el lugar. Uhh, le dijo Lamacq, qué impresionante, blah. Y acto seguido cuál fue la mejor gig que vio en su vida. Tiró “Radiohead en 1995″. La pasan mal los muchachos…

Cómo conocí a Ricardo Fort

Rebecca Warren. Come, Helga. 2006. Arcilla, pintura, pedestal y Perspex. 215,5 x 64,5 x 158 cm.

Siempre recordaré el día de ayer, 14 de abril de 2011, como el día en que conocí a Ricardo Fort.

Acabábamos de terminar de grabar nuestro programa de radio, JuanaJuanita, con mi amigo Nico y nuestro operador Gabi. El Club Cultural Matienzo a esa hora no tiene mucha actividad, más bien ninguna. Solo estábamos nosotros tres, y más tarde llegaron Agus y otras dos chicas que se quedaron en la planta baja haciendo unas tareas de mantenimiento.

Nico se había ido hacía un rato, tenía cosas que hacer. Gabi y yo nos quedamos ahí abajo, esperando a unos músicos con los que él iba a reunirse. Estaba en otra cosa cuando Gabi, volviendo desde la calle, ahí a unos metros, se acercó presuroso y casi gritó:

-¡Ricardo Fort en la puerta de Matienzo!

Lo miré incrédulo y lo seguí en dirección a la puerta. Apenas abrimos la puerta sobre la calle Matienzo lo vi. Venía caminando desde la izquierda, escoltado por dos muchachotes. Con Gabi nos quedamos congelados. En serio. Ni nos movimos, ni nos miramos. Simplemente nos quedamos parados bajo el marco de la puerta, sin bajar siquiera a la vereda.

En ese momento Ricardo Fort se paró frente a nosotros, mirando con sus lentes oscuros por encima de nuestras cabezas (o intentándolo, ya que es muy bajito).

-¿Es acá? -preguntó a lo desconocido.

-No, Ricardo, 2428 dice -le respondió otro de sus asistentes, desde el tremendo auto cromado que había dejado estacionado en doble fila.

A lo que Ricardo Fort y sus dos guardaespaldas se desplazaron seis metros más hacia la izquierda, miraron un poco y, tras confirmar que ese era su destino, ingresaron al local. El cartel que lo identificaba sobre la puerta decía: SPA – PILATES.

Ricardo Fort estaba vestido con una camisa negra de mangas cortas, adornada con algunos brillos sencillos y pliegues. Se encontraba perfectamente afeitado y peinado. Me llamó la atención cuán parecido es a lo que se lo ve en la televisión. Su autenticidad.

En el auto se veían como mínimo tres personas más, todos musculosos. Nos quedamos con Gabi unos diez o quince minutos más, hasta que llegaron los músicos. Ricardo Fort no salía.

Ondas sonoras

Gustavo Cerati en el estadio Obras, presentando Bocanada en julio de 2000. Foto: cortesía Volver.

La gente que hace radio dice que cuando estás en el estudio, solo, pensás que nadie te está escuchando. Aunque sepas que sí, que tu programa es el más popular del segmento, aunque te lleguen mensajes que dicen “sos el mejor, seguí así, está buenísimo el programa”. Por eso es que todos los programas se hacen para uno mismo.

Ayer sentí algo parecido cuando conduje mi primer programa de Juanita, en la terraza del Club Cultural Matienzo. Afuera la noche estaba amenazante pero agradable; la primavera no parecía decidirse a llegar. El hecho de que no se transmitiera más que para las personas allí presentes contribuyó a acentuar mi sensación de extrañeza. Salimos con Nico y todos en la terraza se dieron vuelta para mirarnos, como su fuéramos famosos. Al toque empezaron a tocar las Kawasaki ninja.

*                                                           *                                                             *

Gustavo Cerati dice en un tema:

“Hoy te busqué en la rima que duerme
con todas las palabras”
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Estuve viendo un video que supe tener en mi computadora pero que con sucesivos backups parece que se perdió. Es su recital en el Quilmes rock 2003, aquel primer megafestival tras la crisis, en tiempos en que todo parecía florecer una vez más. Fue en la cancha auxiliar de River, me acuerdo.

Un chabón lo subió completo a YouTube. Acabo de ver la versión de “Danza rota”. Qué temazo, por Dios…

“Dame un pista,
algún rastro para hallarte;
estoy bailando una danza rota
y quisiera escaparme”.
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Cómo se reinventó este tipo. Cuánta música, cuántos giros en un solo recital. Después toca “Sobredosis de TV”, totalmente dance. Es un recital raro, oscuro, con canciones largas y por momentos tediosas, pero quien logre entrar en su mística no saldrá indemne.

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Se subieron al colectivo unas pibas de colegio privado de la zona de Nazca y Margariños Cervantes. Se sentaron atrás mío. Eran 6 ó 7 y estaban hablando de “anotarse en al Expo el 2 de octubre”, por lo que supuse que hablaban de anotarse al CBC en la ExpoUBA, que como todos saben se desarrollará del 30 de septiembre al 2 de octubre en La Rural. Abre a las 9 de la mañana, bien universitario eso.

Yo le diría a las chicas, como ya vengo haciendo con cualquiera que me consulta, que no estudien en la UBA. Por lo menos en carreras humanísticas y sociales, lo que más conozco. Van a cursar en pésimas condiciones, no van a tener una buena formación, no van a poder vivir de esto y les va a dar más estrés que satisfacciones. Bajé los brazos.

Calculo que se va a transformar en una pantalla de la destrucción de la universidad más grande del país. Eso, o una gran fantochada para pibitos de secundario que no saben qué quieren de sus vidas. En cualquier caso, un espectáculo triste.

Obvio que voy a ir.