Cada vez más chota

Celia with Green Hat 1984 by David Hockney born 1937

David Hockney. Celia with Green Hat. 1984. Litografía sobre papel. 76 x 56,5 cm.

Soy egresado de la UBA, como seguramente muchos de ustedes. No hay instancias en las que uno, como estudiante, se dé cuenta de la dimensión de la Universidad: no tenemos campus, no sabemos cuántas unidades académicas existen más allá de nuestro alcance ni, mucho menos, cuántos desdichados y desdichadas están en la misma que nosotros.

Cada cuatro años, teóricamente, la UBA hace un censo de estudiantes: grado, posgrado y colegios secundarios (ILSE, Carlos Pellegrini y Nacional de Buenos Aires). El último era de 2004, pero por suerte en 2011 se acordaron y lo hicieron de nuevo. Hace poco se publicaron los datos, que tienen más de una curiosidad.

La UBA tiene menos estudiantes que en 2004: 262 mil contra 293 mil. Son un 96% argentinos, contra 97,8% en 2004. Las cuatro facultades más grandes en 2004 bajaron su matrícula: Económicas, Derecho, Medicina y Sociales. En 2011, la de Arquitectura (antes quinta) pasó al segundo lugar, quedando tercera Medicina y pasando Derecho al cuarto puesto.

Casi un cuarto de los estudiantes de grado de la UBA (24,3%) tiene 29 años o más, un incremento de casi diez puntos porcentuales en once años (en 2000 era el 15,5%). Lamentablemente no tenemos los datos para cruzar, pero estimo que esta franja etaria, en una mayor proporción, trabaja además de estudiar.

Un dato interesante es a qué tipo de secundario fueron los estudiantes de la UBA. Lo dividieron en tres: pre-universitarios, otros públicos y privados. Se ve un decrecimiento sostenido de estudiantes que provienen de secundarios públicos: del 45,8% en 2000 pasamos al 43,3% en 2004 y al 39,9% en 2011. El porcentaje de estudiantes provenientes de colegios privados llega ahora al 57,4%.

En cuanto al tiempo entre el inicio del CBC y el ingreso a la Facultad, dejaron de ser mayoría lo que tardan “un año” (38,3%): el 40,1% tarda dos, y el 11,1% tres. Apenas el 50,2% lo completan en el plazo sugerido: un año o menos. Hay cosas raras con el CBC, como que el 29.7% de los “pibes” lo empezó antes de 2006… ¿cómo hicieron?

El 46,9% de los estudiantes tienen un padre con nivel educativo terciario o universitario, un incremento de tres puntos con respecto a 2004. Es decir, la Universidad educa cada vez más a los chicos con papis más educados. Estos chicos luego continúan sus estudios de posgrado que, en casi un 20% de los casos, están financiados por Becas (diez puntos más que en 2004).

Los estudiantes de las facultades de Filosofía y Letras y Ciencias sociales son quienes en un mayor porcentaje viven en los confines de la CABA (65,1 y 62,1%, respec)

Los estudiantes de Exactas y Filosofía y letras parecen ser los más convencidos de la calidad de la enseñanza de su disciplina en la UBA. Son quienes hablaron en una mayor proporción de “la formación superior que la de otras instituciones” y de “la calidad de los equipos docentes”. Sin embargo, la insatisfacción con los estudios alcanza entre los puanícolas al 20,1% de los estudiantes, solo superado por la de Ingeniería.

Solo el 10,14% de los estudiantes de la UBA vienen de fuera del GBA, lo que desmiente la extendida idea de una universidad federal, con muchos estudiantes “del interior”, ese eufemismo que tanto nos gusta. En la Universidad Nacional de Córdoba, a modo de comparación, los estudiantes de otras ciudades representan al 56%, o el 26,9% si contamos a los del interior de la provincia de Córdoba como “locales”.

La satisfacción con la calidad edilicia alcanzó un vergonzoso 16,5% en la FFyL, y un 16,1% en Medicina. Los estudiantes de Sociales se encuentran entre los menos satisfechos en cuanto a casi todo: equipamiento informático (17,4%), disponibilidad y acceso al material de consulta (46,6%), condiciones de cursada (60,2%).

Muchas cosas más. Acá está el archivo completo con los cuadros.

El rol social

Gonkar Gyatso. Excuse me while I kiss the sky. 2011. Stickers, recortes de papel y resina de poliéster. 122 x 81 x 71 cm.

Anoche después de la radio fui al recital de Mompox en La Fábrica. Queda a tres cuadras del CNBA. Me bajé con el subte en Catedral, fui por abajo hasta la línea E y salí en el café de Diagonal y Bolívar.

Había  una extraña presencia de adolescentes con mochilas y acné. Claro, me di cuenta, es la salida del turno noche. Caminando por Bolívar hacia Belgrano los vi, por ambas veredas, casi todos en grupos de cinco o seis chicos y chicas. Llegué hasta la puerta del colegio, había más grupitos, de los años superiores, y un policía de la Federal apostado en la vereda de enfrente.

Caí en la cuenta de que nunca había estado en la salida del turno noche. Parece irrelevante, pero tras seis años de ir todos los días a la mañana al colegio y tener incluso amigos a la noche, nunca había presenciado ese ritual. En la esquina de Moreno había dos o tres combis naranjas, con sus respectivos conductores que acomodaban a los chicos. Chicas de quince años vestidas muy coquetas, con esas polleras floreadas de tiro alto que están de moda ahora, diciendo por el celular “no, dejá, voy con la combi”.

Todos los días, todas las noches, por cinco años, salir del centro de Buenos Aires para volver a tu casa en, quizás, Adrogué o Munro. Una combi llena del futuro de la Nación.

Algo te tiene que quedar.

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Ahora vi que la Facultad de Filo inició una acción por “trata de personas” por los pibes que están en el patio. “Los menores no están autorizados a entrar y permanecer en la institución. Pero personas que se identifican como integrantes de comisiones del Centro de Estudiantes les facilitan el ingreso y protección”, reza el comunicado.

Desde la primera vez que cursé en Puán me llamó la atención esa presencia. Ojo, ya en el secundario venía una vez por año un muchacho que era de una asociación de niños discapacitados y no sé qué y se llevaba unos buenos pesos (porque tenía el monopolio de la caridad; ¿qué areglo tendría con el rector Sanguinetti?) Pero en Puán pasaban ahí gran parte del día, en el patio y en los pasillos.

La justificación de mis compañeros era “y, pero acá tienen contención, mejor que no estén todo el día en la calle”. A lo que respondía, entonces traigamos a todos los homeless del país y solucionamos la cuestión habitacional en un santiamén. Era una muestra más del progresismo berreta biempensante.

Porque si estos pibes te chocan con las bicicletas en el patio, que les prestan los estudiantes para “dar una vuelta”, no les podés gritar como harías si fuera una persona “normal” (si no fuera un pibe de la calle, digamos); porque si le tocan el culo a una piba el otro te dice “no pasa nada, si tiene 13 años” y no podés darle una cachetada. Loco, está mal. Punto. Hagamos algo. La universidad no es un hogar de día.

Bajá los brazos

Jani Leinonen. Art in the Park el el Hotel Baur au Lac, Zurich. 2010. Instalación.

Sí, puede ser… Creo que saber sociología me hace vivir un poco más tranquilo.

Antes pensaba que los incapaces, los ignorantes, eran los que no podían “dar un paso más”. Un amigo me lo dijo, creo que reflexionábamos sobre los que dan respuestas simplistas. La inseguridad -y bueno, listo, matemos a los delincuentes, ¿qué problema hay? Si das un paso más empiezan las demás preguntas…

Ahora pienso que no. Como decía Charly: “Antes pensaba que el rock era como el fútbol. Ahora ya no”. Bravo. Pero lo que me da, pienso, es algo más perverso, algo hasta cínico, que es la conciencia de saber que no se puede. No se puede acabar con la inseguridad. No se puede acabar con la pobreza. Pero eso todos lo sabemos (“pobres hubo siempre”, decía Méndez…) Lo que yo sé, por ejemplo, es que no se puede pretender algo tan simple como que el gobierno local controle el transporte local. El gobierno de Buenos Aires no puede decir nada sobre los recorridos ni sobre el servicio en general de las líneas de colectivos, por ejemplo horarios, tarifas o medios de pago. No se puede, eso lo maneja un organismo nacional que se llama CNRT y la Secretaría de Transporte.

Todo a escala de esta ciudad en la que me toca vivir, obviamente. La CABA no tiene justicia propia. O sí, un par de fueros. Pero la mayoría cae en juzgados federales. En el país hay 2200 municipios, a los que corresponde el 2% del presupuesto nacional. Va al Estado nacional la mayor parte, más de la mitad, y el resto a las provincias. La CABA no puede manejar su transporte, como decíamos, porque además es propiedad de empresas privadas; no existen empresas públicas de transporte. La semana pasada estuve en Córdoba y los colectivos son de la municipalidad; en Rosario hay de las dos, empresas públicas y privadas.

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Cumplió 190 años la UBA y yo me compré una remera de la UNC. Quiero comprar cien o doscientas y regalarlas en la puerta del CBC de Drago. En el Twitter #felizcumpleuba decían qué orgullo, Piñera facho, la UBA una de las universidades más prestigiosas del mundo. Eso es una falacia por donde se lo mire. A ver, cómo medimos eso… No sé, ¿estudiantes internacionales? Según el Censo Universitario 2004 (último dato estadístico hasta la fecha, se está haciendo el 2011 en estos días), el 97,8% de los estudiantes de la UBA eran argentinos. El 1,49% eran de países limítrofes y Perú. El resto (0,71%), de otros países.

Por afuera

Jan Timme. One, two, three… 2005/2010. Fotografías color enmarcadas. 73 x 315,6 cm (en total).

No sé cómo empezar. Hace unos días que vengo pensando en qué debería escribir, cómo no ser muy duro pero al mismo tiempo cómo no traicionarme, cómo no suavizar lo que pienso con miras a un futuro incierto en el cual tal vez mi opinón no sea tan radical.

Las cosas más interesantes que leí en los cuatro años y medio de mi carrera de Sociología las leí por afuera de la facultad. A veces, en otro idioma, porque ni siquiera estaban traducidas al español.

Vigilar y castigar de Foucault. Lo saqué de la biblioteca del colegio, a fines de sexto año. Me recuerdo, desde afuera, como si estuviera viendo a ese adolescente que era yo, leyendo Vigilar y castigar en el claustro central del Nacional.

Qué otro. Las cárceles de la miseria de Loïc Wacquant lo compré una noche de invierno en la librería de la esquina de Puán, había ido a visitar a mis amigos que estaban recién empezando esas carreras idealistas, Filosofía, Letras, que hoy ya todos han abandonado. Al día siguiente se lo llevé a Wacquant, en una charla, y me lo firmó.

Resistance through rituals, Hall y Jefferson comps., me lo trajo un amigo de Londres en la primavera de 2009.

La política de los pobres y todo Auyero, de bibliotecas, prestados, alguno comprado (Inflamable en una mesa de usados, medio mojado y todo chamuscado, en una peatonal de Mendoza).

El queso y los gusanos de Carlo Ginzburg, quizás el mejor libro de sociología que he leído, comprado en LSF de un lote de 700 ejemplares que, me enteré, se importaron en 2009 y hoy libreros y bibliófilos añoran.

En busca de respeto de Phillippe Bourgois, gracias a mi amiga C. en Prometeo 40% de descuento dos semanas después de su aparición (por primera vez traducido al español).

Las personas que fui viendo, los sociólogos y demás especialistas que me cambiaron la manera de entender la disciplina, la vida. Gabriel Kessler comentando una ponencia sobre asociaciones de padres de Cromañón. Javier Auyero hablando de dominación social con fotos de Villa Inflamable. Robert Castel, frágil, disertando sobre la sociedad del riesgo con Abal Medina (¿?) a su lado. Wacquant. Phillipe Bourgois en el IDES. Cristian Alarcón en unas Jornadas de Periodismo en La Plata.

Ningún profesor de la UBA. Ningún eminente cerebro que se haya contentado con seguir trabajando en una facultad derruida y mediocre.

Me tienen podrido con el nivel de la carrera de Sociología de la UBA. En todos estos años (algún diletante todavía debe estar cursando Sistemática) me cansé de escuchar diatribas sobre qué pobres son los estudiantes extranjeros. “Estudian de manuales”.

¿Con cuántos estudiantes brillantes me crucé en estos cuatro años y medio? Los cuento con los dedos de una mano. ¿Con cuántas personas que no estaban (no están) capacitadas para estudiar en la universidad? No me alcanzan los granos de arena del desierto.

Mi paso por la Facultad de Ciencias Sociales se divide en dos: la Carrera; y la Sociología. La segunda enriqueció mi vida. La primera me disgustó. Por momentos me hizo rabiar, me avergonzó, me encandiló y me expulsó. En varias oportunidades tuve que alejarme de la primera para acercarme a la segunda. Mis mejores contactos con la Sociología fueron por afuera de la Carrera.

Qué triste. Si pudiera volver el tiempo atrás… ahhh. No se puede.

No sé

Nicole Eisenman. Guy capitalist. 2011. Óleo sobre lienzo. 193 x 152,4 cm.

En una clase de sociología urbana el profesor preguntó “¿por qué se está densificando tanto la Villa 31?” Y tras un silencio de rigor uno sentenció, “porque estás a diez minutos de la plaza de Mayo”. Después se generó el típico in crescendo de respuestas, inentendible.

Lo que me dio primero rabia, después lástima y por último vergüenza, es que nadie dijo la única respuesta posible.

“No sé”.

Era esa la respuesta correcta. ¡Coooorrrectoooo! Más de cien estudiantes de Sociología, de grado, en su mayoría menores de 25 años, no atinaron a sincerarse y a admitir que no sabemos nada. ¿Esos son los sociólogos que forma la Universidad de Buenos Aires? Esos son los sociólogos que forma la Universidad de Buenos Aires.

¿En qué materia te enseñan a decir “no sé”?

Estoy llegando al final de mi carrera y me doy cuenta de que los docentes que más he respetado son los que en un momento tuvieron la honestidad intelectual y humana de responder “no sé” ante una pregunta; lógicamente, siempre acompañado de un “te lo averiguo para la próxima” que aporta la diferencia entre un profesor y un simple desconocedor.

Otra clase, esta vez de la facultad de Filosofía y Letras. Una profesora contó cómo se había decepcionado con unos estudiantes de intercambio, estadounidenses, provenientes de las exclusivas universidades de Harvard y Yale. Había preparado la clase, estaba súper nerviosa pero no… los pibes no entendían nada, hablaban de otra cosa.

¡Ja, ja, cómo nos reímos en nuestros bancos de Puán 480, Parque Chacabuco, Buenos Aires, Argentina, culo del mundo, de la ignorancia de los imperialistas norteamericanos!

Pasa que tenemos la mejor educación, obviamente. Por eso nuestras aulas de teóricos están rebasadas con cuatrocientos alumnos, muchos sentados en el piso. Por eso los profesores que van al exterior a se burlan… “das clase en tu depatamento, amueblado, con sillones, para doce estudiantes”. ¡Eso no es educación popular!

(¿A partir de cuántos metemos el corte popular / de élite? ¿Vos qué decís? Doce es medio poco, ¿no? Quince, ponele. ¿O cincuenta?)

Por eso Argentina (Buenos Aires, ¿qué más hay?) atrae a decenas de miles de estudiantes internacionales de grado y posgrado cada año. Bueno, de vez en cuando hay una amenaza de bomba y tenés que desalojar el edificio en plena clase. Bueno, hay alguno que otro intento de secuestro y abuso sexual en la facultad de Psicología. Bueno, al rector lo tenemos que elegir en el Congreso Nacional tras un vallado perimetral custodiado por los cuerpos de Infantería y Montada de la Policía Federal, entre gases lacrimógenos y balas de goma.

Pero tenemos una educación pública y gratuita.

Sabe com quem você está falando?

Cómo engatusar adolescentes

Chicos y chicas miran atónitos a los axolotl, en la Plaza de las Ciencias de ExpoUBA.

Miles de adolescentes, en su mayoría de clase media-alta, asistieron a ExpoUBA en la Rural. Pasaron más de 50.000 personas durante tres jornadas. La Universidad más grande y prestigiosa del país se mostró a la comunidad en toda su diversidad.

Una cola de casi dos cuadras sorprendía a los jóvenes que llegaban a Plaza Italia para entrar a ExpoUBA. “¡Uhhhh, todo eso!”, fue una exclamación repetida, pues si bien el ingreso había sido publicitado como “libre e irrestricto” en la puerta los variados controles demoraban el flujo.

El Pabellón Ocre de La Rural fue colmado por la Universidad pública más prestigiosa del país. La UBA, nos enteramos, tiene todo: desde Radio hasta museo de maquinaria agrícola, desde hospital oncológico hasta complejo vacacional en la Patagonia. Y todo público, gratuito y de excelencia.

En líneas generales, la división de los espacios fue por unidad administrativa: las 13 facultades, el CBC, los 4 colegios secundarios, los Hospitales, los Institutos, los Programas universitarios y los centros culturales. Cada uno tenía su programación, parte en el stand y parte en los varios Auditorios, ubicados en los bordes del Pabellón y que llevaban los nombres de egresados destacados de la UBA (César Milstein, Carlos Saavedra Lamas, etc).

La actividad que, previsiblemente, más atención concentró, fue la inscripción al CBC. Una larga cola ejercía de “muro” entre las dos partes del pabellón que separaba, en la cual los estudiantes, en su mayoría de clase media-alta y alta, no pocos con uniformes de colegio privado, llenaban los formularios de rigor. El otro espacio conectado con este era el de Orientación Vocacional, en cuyas mesas los chicos hablaban con profesionales que los ayudaban en su elección.

Otro espacio muy concurrido fue la Plaza de las Ciencias. En varias mesas que simulaban laboratorios, jóvenes ayudantes de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales mostraban a los interesados las más diversas experiencias, desde la electricidad estática hasta mirar por un microscopio. Tanto los más pequeños como los adolescentes probaron, una vez más, la importancia de la divulgación científica.

Los stands más pequeños y alejados correspondieron a la Asociación Docente de la UBA (ADUBA), el Programa UBA XXII (en cárceles) y los Posgrados, lo cual enfatiza la orientación “adolescente” de la exposición. En el exterior había también varios espacios, de “actividades con animales” y “deportes y recreación”. También tuvieron su espacio el Centro Cultural Rojas y los Museos de la UBA, como el Etnográfico o el de Física del Colegio Nacional Buenos Aires.

En suma, si bien el estado de la UBA puede no ser el adecuado ni este su mejor momento histórico, es indudable la atracción que sigue ejerciendo sobre los estudiantes secundarios de la ciudad de Buenos Aires y alrededores. El tiempo dirá si una exposición como esta fue un manotazo de ahogado o una orgullosa apertura a la comunidad.

Por fin una

Edificio de la Facultad de Lenguas de la Universidad de Córdoba, construido en 2006 en la Ciudad Universitaria.

Qué contento que me puse hoy.

Estábamos en un bar cerca de la facultad de Puán teniendo nuestra clase de Italiano. Tengo una compañera que estudia Filosofía ahí en la FFyL de la UBA y que, como es sabido, hace ya tres semanas que no tiene clases por la toma de la facultad y porque las cátedras de las materias que cursa eligieron no dar clases públicas.

Ella estaba cansada, hace ya varias clases que siempre que llega se la ve podrida de esta situación. Está en contra de la toma y contó que la semana pasada se peleó con un muchacho de los que la organizan. Le cancelaron el parcial de la materia que está (¿o “estaba”?) cursando, “Filosofía Antigua”. Y hoy dijo la frase que me encantó.

“Creo que me voy a cambiar de carrera”.

“¿Ah sí, a qué?” preguntó la profe.

“A la UNSAM”, respondió.

¡Síiiiii! ¡Por fin una! La madre vive en San Martín, ella hace inglés en la sede del centro (el centro de San Martín, no en el campus Miguelete) y según le comentaron la carrera de Filosofía ahí “es buenísima”. Estuve chusmeando en la web a ver de qué consta esta carrera que no sabía que existía (sabía que hay Filosofía en la UNGS pero no en la UNSAM).

Tiene tres ciclos longitudinales: propedéutico (introductorio), filosófico (el núcleo) y docente (o pedagógico); y transversalmente tiene siete áreas: sistemática, histórica, seminarios, lenguas, optativas, investigación y pedagógicas. Esa es una ventaja de todas las universidades públicas que no son la UBA: las carreras están mucho más estructuradas, por lo que en 5 años te recibís de casi todo si estudiás más o menos como la gente. Y si no colgás, porque son carreras que requieren que les sigas el tren.

Y no me vengan con los “grandes pensadores” que hay en la UBA. Que Horacio González dé tres teóricos por cuatrimestre en su materia no hace más grande a la carrera de Sociología. Sí, “está en la UBA”… pero los grosos que están en la UNSAM sí dan clases regularmente (por ejemplo Daniel Míguez, sociólogo, o Héctor Palma, filósofo e historiador de la ciencia).

Los programas en estas universidades son mucho más modernos. Miren el de Filosofía de la UNSAM. Si querés estudiar Letras, en la UNC tenés dos carreras, Letras Modernas y Letras Clásicas. Ambas son de 5 años y trabajo final (para la Licenciatura). Acá los egresados de Letras te dicen que le calcules 8 a 10 años si querés trabajar y llevar bien la carrera. Y está estructurada: ves Literatura Argentina I recién en 3º año, tras una española, una latinoamericana y una clásica (griega y latina).

Cada estudiante que se va de la UBA y se pasa a otra universidad nacional es un triunfo para la Educación Pública.