La previa

Benito Laren. Carioca. 2006. Puerta de auto intervenida.

Los peores no son los que hablan sin saber. Son los que hablan de algo que es parecido, está ahí nomás, de algo de lo que saben. Una mina que es profesora de Zoología y se especializa en copépodos de agua dulce no te va a salir a hablar de los gastrópodos del género Cerion. Pero a un politólogo especialista en transiciones a la democracia no le va a temblar el pulso para hablarte de cómo combatir “el flagelo de la inseguridad” en Buenos Aires. Ah, pero ojo, es “el Doctor” bla bla bla, Profesor Titular en la UBA (que seguro que nunca va a dar clase pero igual cobra y su ejército de ayudantes ad honorem se pelean por quién le chupa el culo más rico), graduado de la University of no sé qué.

*                                               *                                            *

Me gustan esos momentos en que la vida se cruza con la literatura, pero adentro de la literatura. Cómo olvidar “Continuidad de los parques” de Cortázar. Un señor burgués, como tantos personajes de ese Cortázar fuertemente antiperonista, muy apurado, que abandona una novela “por motivos urgentes” y más tarde la retoma en un viaje en tren a la finca y finalmente en un cómodo sillón. Es un cuento de dos párrafos, acá está.

Bendito sea Scribd. Tómense el tiempo para leerlo. Ricardo Piglia tiene un capítulo espectacular sobre este texto en El último lector. La lectura guía todo el cuento.

Hay otro que leí hace poco, del gran escritor boliviano Edmundo Paz Soldán. Un escritor y crítico literario que se aloja en un hotelucho, por un congreso, y le toma cariño a una mujer que vive en el cuarto de al lado con sus cuatro hijos. La mujer, sobrepasada, termina matándolos a pesar de la ayuda que le prodigaba su nuevo compañero. El tipo la denuncia y el cuento termina así: “Esa misma noche abandoné el hotel y me fui de La Paz. Nunca más volví a analizar libros, descifrar su sentido” (1). Su ponencia se llamaba “Entropía y literatura”…

*                                               *                                            *

Roquefor $34,90 oferta. Roquefor $52,90 Verónica. Gouda 45,90$ Verónica. Pategras 44,90$ Verónica. Pategras 48,90$ Sancor. Criollo 47,90$. Cremoso pizzero $16,90 oferta.

(1) “Entropía”, en Lamujerdemivida Dic 2006; 39: 15-17.

Anuncios

Oficialista

Jorge Lanata en su programa Detrás de las noticias habla de TN y la Ley de Radiodifusión. Circa septiembre de 2009 (maldita falta de información en YouTube…). Cortesía MrESPIO1978.

Libros sobre la mesa: Física I, de Resnick, Halliday y Krane; diccionario inglés Oxford Advanced Learner’s; diccionario Latín-Español Vox; método de aprendizaje de griego de Lorenzo Mascialino; tomo XXI de las Obras Completas (Amorrortu) de Sigmund Freud; Popular music and society, de Brian Longhurst; Music in everyday life, de Tia DeNora; Zoología general, de Storer, Usinger, Stebbins y Nybakken; Física II, de los mismos autores que el I; El nacimiento de la tragedia, de Nietzsche; Tesis sobre un homicidio, de Diego Paszkowski; Nuevas narrativas, compilado de jóvenes escritores argentinos editado para Clásica y Moderna por el anterior autor; El muchacho peronista, de Marcelo Figueras; Rosario Express, de Juan Martini; Movilidad social en la sociedad industrial, de Lipset y Bendix; y El núcleo del disturbio, de Samanta Schweblin.

*                                                              *                                                       *

Pocas veces escuché una lección de periodismo y política tan contundente como la de Jorge Lanata en este “editorial” con el que me crucé como quien no quiere la cosa navegando por Internet. Estaban cerrando el programa y el tipo vio por las pantallas esa propaganda del grupo Clarín que decía (no sé si sigue saliendo) “este canal [por TN] puede desaparecer”. Yo vi una similar en Volver, creo. Pará, pará, quiero decir algo, dice. Primero el chabón descalifica el argumento en términos legales y fácticos. Después sale contra el uso de la palabra “desaparecer” por sus connotaciones (“ideológicas”, en términos de Voloshinov) en un país como este, que atravesó el Proceso y durante el cual Clarín, como es sabido, nada hizo por oponerse al gobierno (como tantos otros, por cierto, pero “mal de muchos…”). Y lo mejor, lo más genial, es que a Lanata nadie puede tildarlo de oficialista. ¡Oficialista!

*                                                              *                                                       *

Otros objetos sobre la mesa: programa del 12º BAFICI. El año pasado para las anticipadas había una cola impresionante. Hoy  ni siquiera llegaba a la mitad del laberinto, en el Abasto. Me parecería bien que se hiciera un “boicot” al Festival de cine: las entradas aumentaron un 33%, ya no hay más entradas gratis para estudiantes en el Atlas Santa Fe y le dan más importancia a comprar entradas por Internet o a hacerte “fan” en Facebook que a mejorar el festival.

*                                                              *                                                       *

Dejá el auto en marcha.

Mariposas en las paredes

Kleist, por Eva Lootz

Eva Lootz. Kleist. 1989. Cobre y plomo. 200 x 90 x 10 cm.

El realismo mágico ya fue. De hecho hace varios años que dejó de ser una contribución latinoamericana a la literatura universal, con todo el potencial revulsivo que tuvo en los 60, para convertirse en su estereotipo . Eso llevó a esquematismos y repeticiones en el marco de un negocio editorial formidable desde, por lo menos, el Nobel a García Márquez en 1980.

Siempre tanta perorata en este blog, che. Bueno, al grano. Terminé de leer hace unos días la novela Delirio, de la colombiana Laura Restrepo, ganadora del Premio Alfaguara de Novela 2004. Conocía a la autora por sus columnas en el Babelia y tenía entendido que era una excelente narradora. Estaba en lo cierto.

Delirio cuenta varias historias, que comparten el marco espacio-temporal de la Colombia de los 90-2000 asolada por la narco-guerrilla. Familias patricias y respetables cuyos hijos deciden inmiscuirse en el dinero fácil de la droga, una hermosa joven con poderes sobrenaturales que recuerdan a las mariposas en las paredes de El coronel no tiene quien le escriba, un oscuro profesor de literatura que se ve envuelto en problemas más grandes que su mediocridad. Hasta ahí, lo más cliché del realismo mágico y el latinoamericanismo internacional-popular (hoy me compré Mundialización y cultura de Ortiz).

Pero como toda obra literaria, no solo son hechos: hay palabras. Formalmente, Delirio está estructurada como un largo devenir de historias más o menos paralelas: la del abuelo alemán que se instaló en el campo colombiano, la de Aguilar (el ex-profesor de literatura) y la del Midas McAlister, nuevo-rico socio de Pablo Escobar. Abunda el estilo indirecto libre y los diálogos están insertos en largos párrafos sin punto y aparte, generando una lectura veloz y caótica.

Los personajes están muy bien definidos y tienen grises, no hay buenos y malos. Pero, sin embargo, hay algo que no me cierra. Diría que Delirio es una excelente novela para los que no leen novelas. No hay nada ahí que no podamos encontrar en los mejores García Márquez o Vargas Llosa. Asimismo, todo el juego con la actualidad política colombiana, si bien cuidadosamente tratado a modo de fondo casual y nunca con moralismos ni condenas fáciles, no deja de ser un sign o’ the times. Está muy bien escrita, pero no atraviesa ese umbral tras el cual ya no importa lo que narrás: sigue apoyándose mucho en el argumento.

No sé. Está bien, pero prefiero otras cosas (me mató la rigurosidad).

Laura Restrepo. Delirio. Madrid. Alfaguara. 342 páginas. 59$.

Novelitas lúmpenes

Mad dogs, por Jack Vettriano

Jack Vettriano. Mad dogs. 1991. Óleo sobre lienzo. 80 x 60 cm.

Ya no sé cómo puedo hacer desde este blog para que la gente lea a Roberto Bolaño. Es algo raro que pasa, ya lo dijo Ricardo Piglia: la necesidad que tenemos los amantes de la literatura, esa sociabilidad rara que despierta, de recomendarle a nuestros amigos, a nuestras novias, a nuestros profesores, los libros o los autores que nos gustan.

Mi encuentro con Bolaño fue azaroso. Corría el año 2007 y Página/12 estaba sacando unos fascículos de “Grandes escritores latinoamericanos”. Entre los últimos salió Mario Vargas Llosa y, en una sección que comentaban autores que de algún modo se relacionaban con el protagonista, hablaba de Bolaño. Vargas Llosa lo elogiaba, decía que Los detectives salvajes le había parecido excelente, a lo que el chileno le respondía con más flores que Conversación de La Catedral estaba entre las novelas mejor escritas del siglo XX.

No sé por qué me pegó ese fascículo, pero como eran las vacaciones de invierno tenía ganas de comprar una novela larga y se me ocurrió Los detectives salvajes. También había leído un Babelia que le habían dedicado por esa época, cuando no era muy conocido. Como estaba seguro de que no la iba a encontrar en el parque Rivadavia pensé Bueno, compro Conversación. Voy al tiempo y veo la novela de Bolaño, esa edición pocket roja hermosa de Anagrama, con los “Billy boys” de Jack Vettriano en la tapa que en este momento estoy mirando en mi biblioteca. Me salió 30 pesos.

Meses después leí finalmente Conversación, pero Bolaño perduraría como una de mis pasiones. Siguieron el poemario Tres, 2666, Estrella distante (que leí prestada de un amigo en dos o tres días) y la compilación de artículos Entre paréntesis. Ayer leí el número que tardíamente le dedicó adncultura, el 19 de septiembre, bajo el título “Bolaño, la construcción de un mito”. Como el año pasado tradujeron al inglés 2666 y salió elegido libro del año por Time y ganó el National Book Critics Award, volvió la onda Bolaño.

Entonces dije, loco, hay que volver a leer a Bolaño. Se sumó también a este revival una reseña que Jordi Gracia hizo en el Babelia del sábado pasado de Una novelita lumpen. Gracia titula su reseña “No hay un Bolaño menor” y reivindica esa faceta “comedida y sutil”, frente a la monumentalidad de sus novelas mayores. Ya una vez lo hablaba con Martín Kohan: lo maravilloso de Bolaño es cómo maneja los dos registros, las 1100 páginas de 2666 en las cuales cada crimen tiene una potencia narrativa propia. En Los detectives hay párrafos espectaculares y totalmente autónomos; de hecho Amuleto y Amberes son “satélites” de esa novela más grande.

No le temamos a la consagración. Si Los detectives salvajes reemplaza (para mí, con total razón) a Cien años de soledad como “la” novela latinoamericana, perfecto. Que así sea y que los pterodáctilos sigan retozando.

La belleza de lo muerto

Blood feast, por Sebastián Feast

Sebastián Feast. Blood Feast. 2008. Imagen digital sobre papel fotográfico. 60 x 45 cm.

El mal absoluto. Alan Pauls sostuvo una vez que ese era el tema central de la obra de Roberto Bolaño. Podría leerse así: en Los detectives salvajes no se ve tanto, pero sí en su novela póstuma 2666 y, más claramente todavía, en Estrella distante (1).

Estrella distante cuenta la historia de Carlos Wieder, un poeta devenido asesino -o un asesino devenido poeta- en el Chile socialista de principios de los 70. La duda que nos plantea esta magnífica novela breve es la que aparece entre guiones: ¿puede un asesino ser autor de la poesía más vanguardista?, ¿puede su obra consistir en asesinar a dos bellas hermanas, luego de haber conquistado su amor?, ¿puede ser aviador de las Fuerzas Armadas pinochetistas y escribir poemas en el cielo, puede armar exhibiciones privadas en casa de altos oficiales en donde presenta sus cuadros llenos de muerte?

“Encendí un cigarrillo y me puse a pensar en cuestiones sin importancia. El tiempo, por ejemplo. El calentamiento de la Tierra. Las estrellas cada vez más distantes.”

Wieder iba a talleres de poesía. Benno von Archimboldi era el novelista más importante del siglo XX. En la útlima “Parte” de 2666 nos enteramos de su juventud en las tropas hitlerianas durante la Seguna Guerra Mundial. Lo que aprendemos a lo largo de las cinco partes, además de la “banalidad del mal” en las trescientas cincuenta páginas de crímenes, es que Archimboldi no fue un excelente novelista a pesar de haber sido un oficial nazi, sino que fue un gran novelista justamente por haber sido un oficial nazi. Ese contacto con el mal absoluto, podríamos pensar, sus días en ese pueblo de provincias en el que los niños de 10 años jugaban al fútbol borrachos desde la mañana temprano, lo llevó a lograr esa potencia artística.

“La belleza de lo muerto” se titula un artículo de Michel de Certeau, referido a la (im)posibilidad de pensar la cultura popular. No tiene nada que ver con Bolaño, pero me gustó el título, esta idea de que lo muerto siempre es bello. Pedro Almodóvar trabaja algo parecido en Matador: el amor entre dos personas a partir precisamente de su relación con la muerte, él ex-torero, ella su fanática secreta y obsesiva. “Te quiero más que a mí mismo muerto”, le dice en el clímax trágico de la película, que, como no podía ser de otra manera, termina con la muerte de los dos en pleno acto sexual.

Ahí estaría la belleza de lo muerto/ la muerte. En una especie de amor fati iniciático e inevitable para todo lo vivo. Todos saben que escribimos para no morir. Solo en las letras puede permanecer lo muerto.

Roberto Bolaño. Estrella distante. Barcelona. Anagrama. 115 páginas. 34$.

(1) Se puede leer completa en http://www.scribd.com/doc/12418373/Estrella-Distante

El escritor insufrible

Alan Pauls, Horacio Castellanos Moya, Juan Villoro

Hablaron sobre Roberto Bolaño los escritores Alan Pauls, Horacio Castellanos Moya y Juan Villoro.

La quinta jornada del Festival Internacional de Literatura contó con la presencia de los escritores Alan Pauls, Horacio Castellanos Moya y Juan Villoro. . Recordaron sus expe- riencias personales con Roberto Bolaño y comentaron, muy en clave “teoría literaria”, posibles lecturas de su obra de cara al futuro.

El moderador del Panel fue el redactor de adncultura Pedro B. Rey, uno de esos periodistas que siempre quieren hacer notar cuánto saben y qué bien que relacionan lecturas y conceptos. La charla comenzó con el mexicano Juan Villoro (1956) contando su relación con Bolaño, al cual conoció de joven en México para luego reencontrarse 20 años después. “Con Bolaño vimos cómo se construye un clásico en tiempo real”, sentenció.

Horacio Castellanos Moya (1957), salvadoreño nacido en Honduras, recordó sus experiencias con Bolaño cerca de la muerte de este, en 2003. “Trabajaba en un diario, y Roberto me llamaba porque necesitaba mucha información sobre los crímenes de [Ciudad] Juárez”, para lo que luego sería su novela póstuma, 2666 (2004). “Era un tipo muy compul- sivo, incontrolable. Siempre se tenía la sensación de estar cerca del abismo. Cuando discutías con él, era terminante”, comentó. A pesar de haber vivido en México, Chile y España, para Castellanos Moya “Bolaño era un outsider en todos lados”.

El único de la mesa que no había conocido personalmente al chileno era Alan Pauls (1959). Recordó que solo una vez habló con él por teléfono y que, a pesar de los importantes problemas técnicos de la comunica- ción, “no quería cortar. Se notaba que era un tipo al que le gustaba con- versar”. En relación a sus pasiones y aversiones, tema presente en toda su obra, Pauls coincidió con Castellanos Moya en que era terminante en sus juicios y que, además, “nunca los argumentaba”. En su opinión, “le aportó a la literatura latinoamericana de su época una faceta agresiva, belicosa, que le faltaba”.

“Creo que Los detectives salvajes se ordena formalmente como un esta- dio, en el cual constantemente entra y sale gente, personajes”, aventuró Villoro, conocido apasionado del fútbol. Con respecto a lo formal, Pauls destacó el carácter “inclusivo” de toda su obra, lo cual para él hace imposible pensar en Bolaño como un escritor de vanguardia, “que por definición tiene que dejar afuera a alguien” (“más bien lo veo como un romántico”, completó). “Hay dos bolaños: el primero, que ‘cierra’ el ciclo de la gran novela latinoamericana, con LDS; y el segundo, de 2666, que ‘abre’ un ciclo, qye no se sabe al día de hoy en qué puede seguir”, analizó, convirtiendo el Domo del MALBA en una sucursal de la facultad de Puán, para placer de unos (como este cronista) y desgracia de la mayoría.

Los tres escritores discutieron sobre la profunda influencia y la lectura a brazo partido que Bolaño hizo de Borges, evidenciada además por él mismo en sus conferencias. “Era un fanático de Borges que escribía como Cortázar“, dijo Pauls, aunque aclarando que se trataba de ser cortaza- riano “en el buen sentido” (se ve que alguien le había comentado la polémica del día anterior). “Todas sus páginas parecen narradas desde la experiencia vivida”, destacó el mexicano. Todos coincidieron en que el meteórico ascenso de su figura y su obra no permiten pensar aún en un “futuro clásico”: recién el año pasado se tradujo al inglés Los detectives salvajes, y las reseñas de la de 2666 salieron la semana pasada en los medios norteamericanos.

Consultada por Fuera de contexto, una fuente de la librería Eterna Cadencia destacó que los libros que más se vendieron (a pesar de los prohibitivos precios) fueron los de los autores invitados y/o homena- jeados: Villoro, Bolaño, Pauls. También comentó que la mayoría de las ventas fue con tarjeta de crédito.

El primer FILBA dejó una buena impresión en el público (que acudió masivamente a las actividades a pesar de que la entrada no fuese popular) y en la prensa (este medio incluido). Nos vemos en 2010.

“Bolaño es muy superior a Cortázar”

Juan José Becerra, Gonzalo Garcés, Martin Kohan

Los escritores argentino Juan José Becerra, Gonzalo Garcés y Martín Kohan, acompañados del boliviano Edmundo Paz Soldán.

La tercera jornada del Festival Internacional de Literatura (FILBA) tuvo como puntos altos los dos paneles sobre el escritor chileno Roberto Bolaño y la entrevista a Pedro Lemebel. .Aprovechando el fresco, la gente se acercó al MALBA para disfrutar de un evento que promete permanecer en la agenda cultural de Buenos Aires.

Sin lugar a dudas, Roberto Bolaño es la figura más importante de la literatura latinoamericana en lo que va del siglo XXI. “Después de Bolaño” fue el título del Panel que reunió a los escritores argentinos Martín Kohan (1967), Gonzalo Garcés (1974) y Juan José Becerra (1965), moderados por el crítico y escritor boliviano Edmundo Paz Soldán (1967).

En esta oportunidad el más locuaz fue Gonzalo Garcés, que demostró su erudición y profunda capacidad de análisis literario al vincular la literatura de Bolaño con la de Jorge Luis Borges. En primer lugar, dijo, “su modo de escribir, con mini-historias que resuenan en otras, es el de las novelas de Bolaño”. También reconoció la técnica que él llamó “escritura conjetural”: situar siempre a la narración como “algo que le contaron” al narrador, cuya veracidad nunca se termina de comprobar.

Juan José Becerra señaló su preferencia por 3 novelas del escritor chileno: Estrella distante (1996), Los detectives salvajes (1998) y 2666 (2004). En esas obras, señaló, rige un desorden aparente (comparado por Martín Kohan con el de Faulkner y Pynchon), en el cual “las cosas que van ocurriendo tienen un sentido solamente al final”. Desa- tando la controversia, señaló: “Por supuesto que Los detectives salvajes es mucho mejor que Rayuela“, para rematar con el título de este post (que acarreó una pregunta al final del panel para que “desarrollara más” esa idea, lo cual se negó a hacer). Volviendo al tema, sentenció: “No creo que haya un ‘después de…’: lo que hay es una ‘actualidad’ de Bolaño”.

Se habló de vanguardia (a diferencia de “vanguardismo”, según Martín Kohan), de literatura realista (central en Bolaño para Becerra), de la presencia del “mal” en sus novelas y de la articulación fuertemente novedosa que construye entre arte y política (para Kohan, desde el “eje conceptual” Chile-México).

En el Rincón de Lecturas se exhibió una selección de video-poesías del colectivo Videobardo, que estará presentando su muestra en la Biblioteca Nacional el martes 18 a las 18 hs. A continuación hubo un recital de poesía, a sala llena (la entrada era gratuita), con la destacada presencia de Juan Fernando García y Javier Cófreces.

Pedro Lemebel

El chileno Pedro Lemebel dio la nota en el FILBA.

El plato fuerte llegaría a las 18:45, con la entrevista de Fernando Noy a Pedro Lemebel (1955), uno de los escritores más importantes de Chile desde la muerte de Bolaño. Como buena estrella, Lemebel hizo esperar 45 minutos a su público, que en su mayoría soportó el frío pacientemen- te. Si valió la pena, cada uno es libre de opinar. El Domo instalado en la plaza lateral del MALBA estaba, efectivamente, rebosante de gente. Entre el público destacaba la presencia en primera fila del escritor Alan Pauls, inusualmente risueño.

Lemebel es una loca, un personaje digno de Fernando Peña que regaló (a cambio de 12$) risas y talento a todos los que lo escucharon. “A mí me gustaban los Beatles. Cuando salió ‘La vi parada ahí’ me morí… (risas).  Después me dijeron ‘en inglés no significa lo mismo'”. Recordó sus andanzas con Chavela Vargas y Violeta Parra e incluso se animó a cantar un dueto a capella con Noy.

Los que no habían leído nada de su obra pudieron comprobar la talla de su escritura, en la crónica sobre un viaje a Buenos Aires que leyó en voz alta para toda la concurrencia. También mencionó su proyecto de escri- bir una “historia de la homosexualidad en Chile” (sic). “Esa cartografía está en los juzgados. También en las cartas al Rey que mandaban los curas soplones, diciendo que los indios nos portábamos mal”. Para ter- minar, confesó: “Nunca lo escribí: los gringos tontos me dieron la beca Guggenheim, cuando yo les había mostrado el índice”.

La velada terminó con una performance poética de este controvertido escritor. El sol se ocultaba entre las torres de Figueroa Alcorta, dando paso a la larga Noche de los Museos y aplazando unas horas la última jornada del FILBA.