Casada
Luz se casó en Madrid. Vivía con su novio en un semipiso a tres cuadras de la Gran Vía. Todas las mañanas se levantaba para pasar por la puerta del Museo del Prado antes de que Francisco, el jefe de Maestranza, saliera con el balde a decidir si la vereda merecía ser baldeada. “Hoy no”, le dijo la segunda o tercera vez que la vio. “Si los vecinos la ven muy limpia, se enojan. Si los turistas me ven baldeando, no pasan más. Es un jodido equilibrio, tía.” Fue la primera vez que le dijeron “tía” fuera de Argentina, donde, ya lo sabemos, significa una cosa muy distinta.

Había terminado sus estudios en Comunicación Social en la Universidad Siglo XXI. El profesor de Planificación de Políticas Comunicacionales le había recomendado la Maestría en Periodismo Digital de la Universidad Carlos III; dijo que un colega suyo de la época de la Transición estaría dispuesto a recibirla, académicamente hablando por supuesto. Habló con Manuel y a él le pareció el mejor momento para conectarse con su pasado ibérico. El avión salió a las 4 de la madrugada.

En Barajas no los detuvieron ni los discriminaron. Simplemente pasaron y se tomaron un taxi que por 36 euros los dejó en el departamento de Jordi, un catalán de Girona que juraba haber conocido a Roberto Bolaño.

Como Manuel necesitaba unos papeles de Argentina tuvo que volver a los pocos meses. Recién entonces se casaron, en Madrid. Para esa época salían mucho y frecuentaban los botellones de la esquina de su casa. Acá la cosa era muy distinta.

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Cooperativistas y oficinistas

Daniel Joglar. Two-Tone Squares, 2007 Papeles impresos apilados. 17 x 17 cm.

Daniel Joglar. Two-Tone Squares, 2007
Papeles impresos apilados. 17 x 17 cm.

¡Es un pájaro! ¡Es un avión! ¡No: es un cooperativista!

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En el libro de Violeta Kesselman, Intercambio sobre una organización, los personajes no tienen nombre. Son el del comedor escolar, el de la agrupación tal, el del centro de fomento. Se mandan mensajes, leen libros. Ahí no aparece gente que no tiene agua en la casa, obviamente. Porque es un libro que habla de la militancia, de la década ganada. No te pido que hables de eso si sos escritor; pero si estás con los que podrían cambiarlo y no decís nada de eso, sos cómplice.

Pero bueno, hablemos de literatura.

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Somos artistas. Somos buenos. Generamos fundaciones para educar a la gente. A otros artistas-in-progress. El arte es probablemente lo más valioso de nuestra sociedad. Es lo que nos diferencia de otros animales. Arte entendido, en un principio, como toda producción de factura humana (mmm… facturas). Lo que hoy se conoce como arte, pero también como artesanía.

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Ya tengo muy poco que decir.

 

No sé qué es un shock de keratina

Ciervo río, por Omar Jury

Omar Jury. Ciervo río. 2009. Acuarela sobre papel. 19 x 18 cm.

Estaba en la vidriera de una peluquería y salía como trescientos pesos. Debe ser una cosa importante para la estética femenina. Lo asocié con lo femenino a pesar de que no aclarara l@s destinatari@s.

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La política tiene menos épica… Escuchar a cualquier dirigente hoy es lo mismo que teletransportarse a, digamos, veinte años atrás. Ya nadie habla de la crisis de 2001 ni de los 90, por suerte. Se ve que el Gobierno se dio cuenta de que ya pasaron casi doce años, de los cuales más de diez estuvieron ellos.

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El jueves pasado estuve en el centro entre las nueve de la mañana y las doce de la noche, de donde volví a mi casa solo para regresar al centro el viernes a las nueve de la mañana. Tenía entradas a las diez para ver las últimas dos películas de Matías Piñeiro, Viola y Rosalinda. Matías Piñeiro es cineasta, egresado y docente de la FUC, del riñón de ese estilo cinematográfico afecto a los festivales de cine. Ambas me gustaron mucho, percibí una atmósfera elegante y sensible, usos de cámara delicados, potentes, efectos y texturas inquietantes y muy atractivos. Había visto Todos mienten, su segundo largometraje, en el BAFICI de 2009 (la reseñé en este mismo medio) y tenía un recuerdo borroso. Aquella vez ganó la mención especial como Mejor película argentina y el Gran Premio del jurado dentro de la Competencia Internacional. Releyendo mi nota me sorprendí: creía que me había gustado menos. Pero no, dije que era “rara”. Lo aplicaría también a estas dos últimas. Para un jueves, solo, a las diez de la noche, en la sala Lugones, están más que bien. (P.D.: chapeau para las actrices).

A cuatro cuadras estaba el Obelisco. Era el “8A”. Ya estoy podrido de las cifras con letras para indicar fechas. Es un formato que no me cierra, es muy anglosajón. Me acerqué. No había mucha gente, al menos cuando yo estuve, tipo nueve, nueve y media. Había un camión con una pantalla gigante que pasaba videoclips satíricos, con animaciones y videos musicalizados al ritmo de canciones populares con letras cambiadas (referidas al Gobierno). No me cierra el tono de los reclamos, igual… no sé, los carteles clamaban por la corrupción, el robo, los trenes y el transporte en general, la reforma de la justicia, el lavado de dinero. Por ahí no va a caer.

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La estoy viendo a Cristina en el comité de campaña. Rodeada de Insaurralde, Scioli, Filmus, Abal Medina y secuaces. Muy buenas noches a todos y a todas.

Este es el aguante.

Desactivar

Acoples, por Julia Masvernat

Julia Masvernat. Acoples. 2011-2012. Serigrafía sobre papel. Medidas variables.

“Olga Cossettini… acá estaba la oficina de Néstor“, pensé mientras el viento gélido se me colaba por los pliegues del abrigo.

“Acá seguro doblaba el auto, se metía en la cochera del subsuelo y nunca más lo veías”. No me imaginaba multitudes vivando al líder; más bien, acuerdos a puertas cerradas de esos a los que nos tiene acostumbrados la política argentina. La de las componendas y los Pactos de Olivos.

Cuando empecé a ir al campo de deportes en el secundario no había casi nada en Puerto Madero. El Hilton, pará de contar. Lotes vacíos, carteles gigantes que prometían condominios lujosos aplazados indefinidamente. Hacia 2004-2005 se puso con toda. Jugábamos al fútbol y enfrente, sobre Juana Manso, los obreros de la construcción hinchaban para algún equipo y chiflaban al otro. Después vinieron las torres, la de Repsol-YPF, las El Faro.

Martín Rejtman decía en la revista crisis, el año pasado, que Tinelli y Puerto Madero son dos símbolos fuertes del menemismo y que hoy siguen fuertes. Al principio pensaba que ese barrio, como el que está por Figueroa Alcorta entre la facultad de Derecho y el Malba, son la Argentina que no existe. Pero no: son la Argentina de pura cepa, como los poblados a veinte minutos del centro de Resistencia que no tienen agua, o las afueras de Bariloche donde la policía mató a Diego Bonnefoi.

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Fogwill decía en la entrevista con El ojo mocho en 1997 que no entendía cómo alguien que llenaba un formulario para la Fundación Antorchas podía seguir escribiendo. No si la ganaba, eh -aclaraba. Si llenaba el formulario. En uno de los primeros capítulos de Girls, Adam le dice a Hannah que a pesar de tener un “major” en “Comp-Lit” (literatura comparada), trabaja como carpintero freelance desde su casa porque “se siente más honesto”.

Hay algo de eso, de la honestidad. Fogwill pensaba que los escritores quedaban desactivados en ese trajín burocrático. Cáustico, obvio, pero un cachitín certero. No sé si está bien el discurso llorón de ciertos artistas del estilo “mamá, mamá, dame plata para hacer mis obras”. Me reconcilio más con Franco Vico, que armó la Fundación Vairoletto y le robó la plata a Faena para hacer su locura. Aguante los ricos que estudian carreras empresariales en universidades privadas, trabajan en multinacionales y viven en lofts de la puta madre. Se siente más honesto.

De Belleza y felicidad a Matienzo 2

Belleza y Felicidad. Bandeja, 2000 Bandeja de cerámica intervenida. 11 x 23 x 1,5 cm Cortesía de Col. Gustavo Bruzzone

Belleza y Felicidad. Bandeja. 2000
Bandeja de cerámica intervenida. 11 x 23 x 1,5 cm
Cortesía de Col. Gustavo Bruzzone

Hace poco me enteré de que Belleza y felicidad estaba a la vuelta de lo de un amigo. “La próxima vez que vaya, paso a ver qué quedó”, me dije. Lo saqué de un anuncio en ramona: Belleza y felicidad. Acuña de Figueroa 900. 4867-0073 | lu-vi 10:30-20; sa 11-14 info@bellezayfelicidad.com.ar http://www.bellezayfelicidad.com.ar A la vuelta, justo. Y ayer fui.

Pasé antes del mediodía. El local está funcionando; lo ocupa una vidriería comercial. Entré. Había un señor de unos cuarenta años atendiendo a dos señoras de la misma edad. Le estaban encargando un trabajo grande. El tipo estaba sentado en una banqueta, con el cuerpo sobre una gran mesada que le servía de escritorio, sucia y llena de papeles. Barrio, barrio. Había espejos de todos los tamaños, veteados, cortados, redondos, curvos, con stickers.

Rápidamente me di cuenta de que había muchos rastros de ByF en la vidriería. El empapelado era original, el mismo que se puede ver en las fotos de la época: colorido y aéreo, con la palabra “imaginación” repetida en mosaico por las altas paredes. Había agujeros en las columnas blancas con palitos de sahumerios violetas, amarillos. Había inscripciones tipo tag en los enchufes. Algunos vidrios, con estampitas pegadas o esmerilados de ilustraciones, podrían haber pasado por obras de ByF si el calendario hubiera indicado diez años atrás.

Arranqué para lo de mi amigo sin llegar a hablar con el dependiente. Después de comer le pedí que me acompañara (“¿hay una casa de vidrios ahí, no?”; no sabía de su existencia anterior). Caminamos media cuadra por Medrano, una por Guardia Vieja hasta Acuña y ahí estaba -cerrado- el local que sigue diciendo “Belleza y Felicidad”, con esas letras cursivas tan aniñadas, en la vidriera. “Vamos a la plaza”, propuso. “No, mejor vení a conocer Matienzo 2”, le sugerí.

Seguimos por Guardia Vieja una cuadra. “Hay mucho ruido acá”, así que hicimos una S y agarramos Rocamora. Después de unas cuadras doblamos a la derecha y a doscientos metros, entre las dos avenidas, está Matienzo 2. Tocamos el timbre. No había nadie. Todo muy limpio el frente, clarito, lavado. Cruzamos a la vereda de enfrente y le traté de explicar la cantidad de promesas que ese edificio contenía; expectativas, trabajo, amistad, compañerismo y una historia que recién en el futuro se va a convertir en realidad y en pasado.

Me llamó la atención el parecido con la casa actual, desde el frente. Es el clásico lote de 8,66 m de Buenos Aires. Hasta los balcones son similares; la cuadra también, tranquila y empedrada, sugerente. Pensé que en 2030 quizás un joven pasará por ese frente y se quedará ahí parado, imaginando: “acá estaba Matienzo”.