El sistema de transporte de Londres

Cuando salí del subte que me llevó desde el aeropuerto de Heathrow hasta mi hostel, en London Bridge, me sentí como en las películas. Esas en las que el protagonista sube desde lo desconocido y tiene la cámara atrás que lo toma como los autos en el Daytona cuando elegías la cámara 4 (la 3 no, era muy cerca). Ya me había olvidado de las decenas de kilos que pesaba mi mochila con la carpa, el aislante, la bolsa de dormir y las wellies (así le dicen a las botas de lluvia, que me salvaron la vida). Yo simplemente caminaba.

Tras dejar el equipaje salí a dar una vuelta. Crucé el London Bridge (ese que St. Vincent dice que va a saltar) y me fui para el lado de la City. En el mercado de Leadenhall me mezclé entre los oficinistas que, siendo las 12.30 del mediodía, ya estaban escabiando sus primeras pintas como acompañamiento del almuerzo. Todos los días me crucé a gente parada en la vereda de los pubs, tomando birra de día.

Después empecé a viajar, para ir a las atracciones culturales que me había propuesto conocer. El subte, como en cualquier ciudad del mundo, es el medio de transporte más cómodo y rápido. Pero el subte también, como en pocas otras ciudades del mundo, es gigante y caro. El colectivo salía casi la mitad y era mucho más pintoresco, sobre todo si te tomabas los double-deckers.

La cuestión era que no entendía bien cómo funcionaban los colectivos. En el frente sólo decían el número y el destino final (Covent Garden, Waterloo). La clave estaba en las paradas, que incluían también los horarios detallados de cada línea:

Parada de colectivos en Londres - horarios

Las paradas tenían garitas, con un banco para sentarse. Ahí atrás tenías un mapa del área alrededor de donde estabas parado, unos quinientos metros a la redonda. Lo que tenías que buscar era tu destino: por ejemplo, quiero ir a Trafalgar Square. Buscar en la lista ordenada alfabéticamente de sitios de interés (no calles), y la encontrás. OK, desde acá te llevan el 91 y el RV1. Al lado de esos números había una letra, ponele la M. Cada parada de esa área de quinientos metros estaba identificada con una letra. Si en la que estaba yo decía M, genial, me quedo ahí y lo espero. Pero si es otra, miro en el mapita y la M por ahí está en la esquina, entonces voy ahí y lo espero.

Era mágico. Después el tema de la señalización en el subte: imposible perderte, las líneas tal y tal pasan por este andén (a veces más de una por estación), para ese lado (Northbound, Southbound), bajarse acá para ir a tal lugar. Y no son súper tecnológicos los subtes, son como acá, aunque con mejor frecuencia, aire acondicionado y muuucho más abajo de la tierra las líneas más nuevas.

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