Nunca conocí a una azafata

FFyH (UNCuyo)

Vista de la Facultad de de la Universidad de Cuyo, desde los balcones de la Facultad de Cs. Políticas y Sociales, hoy a las 9 de la mañana.

De camino al aeropuerto un camión de dieciocho ruedas chocó a nuestro colectivo. Dobló muy cerrado para la derecha y lo “acarició” como durante diez segundos. Inmediatamente se generó el típico microclima de situaciones de emergencia (ascensores que se paran, embotellamientos, gente varada en estaciones de micros). Había una señora tipo indigente (carrito con cartones, harapienta, crucifijo) que por los siguientes cinco minutos estuvo gritando sin cesar “¡hijo de puta! ¡hijo de puta! ¡hijo de puta!” al camionero (del otro camión). Después cambió a “¿quién te enseñó a manejar? ¡Moyano!”

Se bajó en el Aeroparque, conmigo, y apenas entró al hall central empezó a saludar a todo el proletariado de servicio (ordenanzas, seguridad, limpieza). Era conocida la vieja. “Casi no contamo’ el cuento, eh”, les decía a todos, sin aclarar absolutamente nada más; nadie le pedía explicaciones, tampoco. El vuelo salió demorado. En el aeropuerto de Mendoza llamé al remisero que me había llevado la vez pasada, hace tres años. “Acabo de salir con pasajero, te mando otro compañero”, me dijo, y a los 10 segundos vi a un bigotudo que gritaba: “¡Julio! ¡Julio!”

La primera noche en el hostel la pasé en un cuarto de doce camas con un vietnamita que vive en Houston, TX (EEUU), tres australianos y cuatro daneses rubios que volvieron a las cuatro de la mañana hablando en danés o no sé qué carajo pero estuvieron como media hora más meta y meta. Me levanté a las 7, fui a desayunar y en el medio veo que se van todos juntos. Vuelvo al cuarto y me habían robado la botella grande de agua. “Ah, sí, se llevaban como tres botellas”, me dijo la recepcionista. “Bueno, cuando vuelvan ya vamos a hablar”, me envalentoné. “No, ya hicieron el check-out“.

En el comedor creí que una chica llevaba una remera con la tapa de la última revista crisis, por el color naranja flúo. Nada que ver: decía “La Walsh”.

En el colectivo le regalé la programación de Matienzo a una chica muy linda y muy amable que me indicó qué bus (así le dicen acá) tomar y dónde bajarme. “Si vas a Buenos Aires, te recomiendo este lugar”.

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