Terraza al cielo

Alejandro Awada, el malo en De martes a martes, de Gustavo Triviño, que se estrenó hoy en el Festival.

Juan José Campanella está en Mar del plata, más precisamente a tres metros de quien esto escribe, trabajando en la Sala de Prensa en el Casino Central. Se ve una ventana de mail, antes estaba hablando por celular y cada tres o cuatro minutos se le acerca algún periodista o fan que haya logrado ingresar al recinto y no pueda menos que -es justo aclarar- felicitarlo por su trabajo y por el lugar de visibilidad que ha alcanzado para nuestro cine. A las 14 hs brindará una charla donde presentará avances de Metegol, su nueva película animada en 3D, a estrenar en 2013.

Hay actividades especiales todas las noches en el Punto de Encuentro. Mañana toca Violentango. Hay también conferencias y masterclass, como la del lunes con Rich Moore, director de Ralph, el demoledor para Disney/ Pixar. Hubo homenajes, asimismo, a grandes del cine nacional como Hugo del Carril y Narciso Ibáñez Menta.

Dentro de las salas también pasan cosas interesantes. El cine argentino trajo algunos pesos pesados como De martes a martes, ópera prima de Gustavo Triviño. Juan Benítez es un obrero tosco y con una vida gris que una noche presencia una violación. Tras perseguir al violador, la película cuenta el recorrido de Juan en la búsqueda de un futuro mejor para su familia, ahora que posee ese secreto. A pesar de que trata un asunto por demás importante, su propuesta cinematográfica cae en ciertos clichés del rico-bueno-perverso descubierto por el pobre-honrado-salvador.

Grandes sorpresas nos trae, por suerte, el cine latinoamericano. Todo el mundo tiene a alguien menos yo, de Raúl Fuentes, nos sumerge en la vida de una editora literaria treintañera que se enamora de una colegiala de dieciocho años. En el mundo de la clase alta del DF mexicano, la construcción de la película apela al nítido blanco y negro, a los planos cortos y a una soberbia elección musical para documentar dos vidas, pero también un mundo lleno de incertezas y búsqueda. Las cosas como son, de Fernando Lavanderos, nos ubica en Santiago de Chile en una época, la actual, plena de contradicciones. Jerónimo tiene un hostel y aloja a una noruega que viene a trabajar en una escuela marginal. Enfrentado a sus contradicciones internas y a una situación familiar complicada, su relación tejerá el camino entre el individualismo y el cinismo. Claramente, sin salida.

Acaba de entrar a la sala Flavio Cianciarullo, que tocó el domingo con Boom boom kid. Qué tal, Flavio,

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