Esperando en vano

Cola para entrar a la Feria del Libro, sobre la avenida Sarmiento, en mayo de 2009.

Siempre me intrigaron las colas. Una vez me enteré de que hay un libro de un sociólogo yanqui, se llama algo así como “El sistema social de la cola”, habla de cómo está organizada esta asociación al parecer tan anárquica.

La cola más larga que hice en mi vida fue la de los Rolling Stones en 2006. Llegamos a las seis y media, el recital estaba anunciado nueve y media y finalmente entramos como a las diez. Nos pusimos en último lugar a la altura de Obras, por Libertador, pero mirando para Crisólogo Larralde: iba hacia allá, doblaba en el Club Ciudad todo hasta el fondo, volvía sobre sus pasos hasta Libertador de nuevo y por ahí hasta Udaondo y la cancha de River. La principal preocupación de los muchachos que teníamos adelante era cómo conseguir la birra: cada vez que pasaba uno hacia “el fondo” con una cerveza le preguntaban dónde la había comprado, entonces uno del grupo iba y al rato volvía. Obviamente esto generaba la necesidad de evacuar no precisamente en baños químicos dispuestos para la ocasión…

En la Feria del Libro también me llamaron la atención las colas. Los guardianes de las buenas costumbres suelen quejarse de qué poco leen los chicos (cuándo fue la última vez que vos leíste un libro lejos de la playa, les preguntaría), pero yo siempre que iba a la Feria en abril y mayo veía como seiscientas personas de cola. Últimamente no, quizás sea porque me acostumbré a entrar por Cerviño… Pero en 2008 ó 2009 sí… Ahora dicen que el año que viene la van a hacer en Tecnópolis.

Entiendo que la cola ya es parte de la salida, como los mochileros que se van a Bolivia (“al Norte”, dicen, ¿viste?, “voy al Norte” o “voy al Sur”) y se toman el micro en Retiro y a los dos días llegan a Humahuaca y el viaje ni empezó. Ellos dicen que sí, que disfrutan todo. Digamos que si pagaste setecientos pesos el pasaje más te vale que lo disfrutes como si fuera un spa con Angelina Jolie. Pero en la Feria del Libro veía eso, familias que llevaban a sus hijos entonces ya una hora de cola, otra hora tal vez “tomando la leche” en los puestos convenientemente preparados del interior del predio. Así pasa el tiempo.

Otros prefieren pasar el tiempo leyendo un libro. Pero esos no creo que vayan a la Feria del Libro a hacer colas.

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