Conocido

Mitch Epstein. Amos Power Plant, Raymond, West Virginia. De la serie American Power. 2004. Fotografía, impresión cromogénica. 177.8 cm x 233.68 cm.

A Jack White se lo ve inquieto. Nunca tiene ganas de estar ahí donde lo vemos a menos que sea haciendo música. Parece pensar constantemente, “¿qué hago acá si podría estar tocando, escuchando, produciendo música?” El interlocutor no puede más que sucumbir a su magia, tratando de que no se lo lleve para el fondo del abismo.

Así se lo ve en una entrevista con la NPR de hace cuatro meses, antes de que saliera su primer disco, Blunderbuss. Es raro, porque si bien no está arisco y se engancha en la conversación no podemos dejar de pensar que ese no es su lugar. Jack White no es un músico para estar sentado en un sillón Luis XVI en un hotel cheto; nos lo imaginamos más bien en un motel de dos estrellas en la ruta, volviendo de Las Vegas tras una noche de juerga y olvido.

Pero también está más centrado, más maduro, en esa edad en la que decide que no le importa lo que los otros piensen de él y de su pasado como cuando tenía 24. La primera observación que le plantea el entrevistador es que, de alguna manera, Blunderbuss suena a conocido. No en el sentido peyorativo, aclara, sino que aparece el Jack White que todos percibimos detrás de sus anteriores proyectos pero nunca terminaba de pasar al frente.

Nunca me enganché con sus producciones pos-White stripes, lo admito. Incluso me resistí un poco a este disco. Pero me di cuenta de que lo grandioso de Jack White es que te produce el rango completo de emociones del que es capaz  la música: emoción, reproche, decepción, gloria.

Es un tipo que se la complica a propósito para estirar sus límites, como cuenta en Under great white northern lights. Cuando tocaba en The dead weather se le ocurrió que si traía a una mujer a tocar a un cuarto lleno de hombres la dinámica cambiaba. Probemos. Probemos también con una banda totalmente femenina. Probemos con una de todos hombres, o mixta. Este acá, a esa mandala allá. Traeme al baterista de tal disco. Llamame a cinco sesionistas y les digo que no tengo una lista de partituras y esquemas, que vamos a ver cómo me siento en ese cuarto con ustedes. La energía. Los tipos se miraron y dijeron “OK”.

La música de Jack White fue siempre ese “OK”. Esto existió, puede salir mal, pero solo hay un camino: para adelante.

Acá pueden ver la entrevista de 23 minutos con Bob Boilen para la NPR
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