Literatura ready-made

El cantante de Pearl Jam, Eddie Vedder, en el proceso creativo de Riot act (2002). Foto: Jeff Ament.

La primera vez que nombré a César Aira fue en una entrevista que le hice a Martín Kohan.

¿Y qué opinás del canon actual de la literatura argentina, que sería Piglia, Saer, Fogwill, Aira?
– Me parece que sí. Si son esos que vos estás diciendo, me parece perfectamente justo. (…) Es un canon, al que yo adhiero, pero es lo que otros señalan como “el canon de Puán”…

Nunca lo había leído. Apenas lo conocía, de revistas o suplementos literarios que caían en mis manos. Ese personaje misterioso, que no daba entrevistas y que había recopilado la obra póstuma de Osvaldo Lamborghini.

A principios de 2010 fui al Atril de Morón a canjear libros, tras una gran limpieza del altillo, como la de lunes pasado. Llevamos un bolso lleno. Eligiendo en los anaqueles de literatura latinoamericana vi La guerra de los gimnasios. No se ven muchos libros de Aira en librerías de segunda mano, fíjense… Y en las de nuevos, solo uno que otro título más bien reciente -y nunca dos veces el mismo.

Empecé a interiorizarme. Graciela Speranza habla de la literatura ready-made de Aira (1): intercambiable, superficial pero extraña por su misma naturaleza mutable. Ahí cita una entrevista en la que dijo: “me dicen que tendría que corregir más, revisar lo que hago, pero si hiciera eso tendría que tachar todo cada vez y escribir una novela nueva… que es lo que hago”.

Aira publica dos o más novelas por año. “Novelas” -entre 20 y 200 páginas, cabe todo. Y va rotando de editoriales; casi todas las argentinas, desde Emecé hasta Mansalva, pueden decir “tengo un Aira”, como si fuera un cuadro de Picasso. Como lector es casi un vicio: coleccionar lomos, formatos inverosímiles para la obra de un autor ídem.

La leí, me gustó, pero más bien diría que me desconcertó. Por lo loco, lo disparatado de la situación en un marco general de realismo. Y el final, como si le hubieran dicho “te quedan dos páginas, redondeame”. Esa es otra crítica que se le hace a Aira, pero está en la línea de lo que le decía a Speranza: el tipo quiere terminar y escribir otra novela.

La siguiente fue La Villa. La saqué de la biblioteca de Puán. Las descripciones son su fuerte, dice Daniel Link en Leyenda, y coincido: esos cuadros de la planta circular, con forma de panal humano, son inolvidables. En el parque Rivadavia conseguí El divorcio, meses después de su lanzamiento, siguiendo la recomendación de Fogwill; fue la que más me gustó, por ahora, increíble.

En la Feria del libro de este año compré la reedición de Ema, la cautiva, su clásico de 1981. En una FLIA, Mil gotas, de Eloísa. Es adictivo Aira, leés, te gusta o no, pero querés leer la siguiente. Para el verano me aprovisioné en cuanta biblioteca tenía a mano: me esperan El Tilo, Yo era una chica moderna, Yo era una niña de siete años y El congreso de literatura.

¿Querés probar?

(1) Graciela Speranza, Fuera de campo. Literatura y arte argentinos después de Duchamp, Barcelona, Anagrama, 2006.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s