Todo lo que necesitas

Elger Esser. Arles I, France. 2009. Fotografía C-print. 142 x 184 cm.

Es fuerte encontrarte con una persona que ha tenido una vida tan distinta a la tuya. Sobre todo cuando te enfrentás a un modelo de “éxito”, si se quiere, que está tan ligado al arte, a la creación, a hacer algo de tu vida.

El tipo se llama Claudio Tolcachir. Es un actor, director y dramaturgo argentino, tendrá 35 años y actualmente tiene dos obras en cartel en su teatro Timbre 4. Una de ellas, La omisión de la familia Coleman, está en el mismo lugar, con el mismo elenco, hace seis años.

Contaba Tolcachir que él ensayó Coleman cuatro meses, improvisando, con los actores, en su casa. Tenía una idea de los personajes: una familia, la madre, la abuela. Y en un momento empezó a decirle a uno: el otro día te llamó tal y él no te dijo, después iba al baño, donde estaban los otros dos actores y les decía ellos están pensando en irse, ¿qué van a hacer? Se fue armando hasta que en un momento la escribió.

Meté en Google “la omision de la familia coleman” a ver qué te sale. Dijo que nunca estudió dramaturgia, que si no se juntaba con los actores a ensayar de 12 a 4 de la mañana nunca la hubiera escrito. Después escribió dos obras más, dirigió en el circuito comercial (Agosto, Todos eran mis hijos).

Ahora dos cosas. Una, la reivindicación de “lo independiente” por sobre todas las cosas, y que eso nos hace mejores. Tolcachir relató cómo en Europa no ensayan una obra, ni consiguen actores, si no tienen una beca lista, la sala contratada, etc; y se extrañaban de que acá se junten ocho tipos a preparar gratis una obra sin ninguna certeza. De ahí él sacó como conclusión, la típica, que estamos “curtidos” en la miseria y de ahí sacamos fortaleza. El peligro es que te venga un Macri (o sea, sigan así, no pensamos poner un peso) y después ¿con qué cara te quejás?

Dos, la gente del arte que siente la necesidad imperiosa de hacer cosas. Para los sociólogos no es tan fácil cagarnos en todo y salir a hacer investigación social. Pero los actores y directores de teatro, que son muy apasionados, sí pueden ensayar gratis y trabajar de camareros de día; de hecho lo hacen. Pero yo tengo amigos que tienen la edad de Tolcachir y viven con los viejos. En vez de mendigar becas a la universidad o al CONICET, ¿por qué no nos conseguimos un laburo de verdad y hacemos nuestra profesión, nuestra vocación, por la necesidad de hacerlo, por el amor?

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