Por afuera

Jan Timme. One, two, three… 2005/2010. Fotografías color enmarcadas. 73 x 315,6 cm (en total).

No sé cómo empezar. Hace unos días que vengo pensando en qué debería escribir, cómo no ser muy duro pero al mismo tiempo cómo no traicionarme, cómo no suavizar lo que pienso con miras a un futuro incierto en el cual tal vez mi opinón no sea tan radical.

Las cosas más interesantes que leí en los cuatro años y medio de mi carrera de Sociología las leí por afuera de la facultad. A veces, en otro idioma, porque ni siquiera estaban traducidas al español.

Vigilar y castigar de Foucault. Lo saqué de la biblioteca del colegio, a fines de sexto año. Me recuerdo, desde afuera, como si estuviera viendo a ese adolescente que era yo, leyendo Vigilar y castigar en el claustro central del Nacional.

Qué otro. Las cárceles de la miseria de Loïc Wacquant lo compré una noche de invierno en la librería de la esquina de Puán, había ido a visitar a mis amigos que estaban recién empezando esas carreras idealistas, Filosofía, Letras, que hoy ya todos han abandonado. Al día siguiente se lo llevé a Wacquant, en una charla, y me lo firmó.

Resistance through rituals, Hall y Jefferson comps., me lo trajo un amigo de Londres en la primavera de 2009.

La política de los pobres y todo Auyero, de bibliotecas, prestados, alguno comprado (Inflamable en una mesa de usados, medio mojado y todo chamuscado, en una peatonal de Mendoza).

El queso y los gusanos de Carlo Ginzburg, quizás el mejor libro de sociología que he leído, comprado en LSF de un lote de 700 ejemplares que, me enteré, se importaron en 2009 y hoy libreros y bibliófilos añoran.

En busca de respeto de Phillippe Bourgois, gracias a mi amiga C. en Prometeo 40% de descuento dos semanas después de su aparición (por primera vez traducido al español).

Las personas que fui viendo, los sociólogos y demás especialistas que me cambiaron la manera de entender la disciplina, la vida. Gabriel Kessler comentando una ponencia sobre asociaciones de padres de Cromañón. Javier Auyero hablando de dominación social con fotos de Villa Inflamable. Robert Castel, frágil, disertando sobre la sociedad del riesgo con Abal Medina (¿?) a su lado. Wacquant. Phillipe Bourgois en el IDES. Cristian Alarcón en unas Jornadas de Periodismo en La Plata.

Ningún profesor de la UBA. Ningún eminente cerebro que se haya contentado con seguir trabajando en una facultad derruida y mediocre.

Me tienen podrido con el nivel de la carrera de Sociología de la UBA. En todos estos años (algún diletante todavía debe estar cursando Sistemática) me cansé de escuchar diatribas sobre qué pobres son los estudiantes extranjeros. “Estudian de manuales”.

¿Con cuántos estudiantes brillantes me crucé en estos cuatro años y medio? Los cuento con los dedos de una mano. ¿Con cuántas personas que no estaban (no están) capacitadas para estudiar en la universidad? No me alcanzan los granos de arena del desierto.

Mi paso por la Facultad de Ciencias Sociales se divide en dos: la Carrera; y la Sociología. La segunda enriqueció mi vida. La primera me disgustó. Por momentos me hizo rabiar, me avergonzó, me encandiló y me expulsó. En varias oportunidades tuve que alejarme de la primera para acercarme a la segunda. Mis mejores contactos con la Sociología fueron por afuera de la Carrera.

Qué triste. Si pudiera volver el tiempo atrás… ahhh. No se puede.

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