En defensa de las ciencias sociales

Uno de los mil colgantes de plata producidos por John Armleder para el Puma Reality Bag Project. 2008. 2,9 x 5,1 x 3,8 cm c/u.

El futuro profesional de los especialistas en ciencias sociales es, para Antonio Muñoz Molina, “mucho más sombrío que el de los echadores de cartas”. Mientras tanto, “en una facultad de físicas (sic) hay menos de dos alumnos por profesor”. Una vaga promesa de aventura o “leyenda de dinámica moderna” es lo que conduce año a año a miles de estudiantes a las “pseudociencias”, y ya las llamemos ciencias de la comunicación, ciencia política o sociología, son “casi lo mismo” que la astrología o la teología.

Estas y otras opiniones expresó el pasado sábado 18 de junio el escritor y periodista madrileño, en su tradicional columna del suplemento Babelia del diario El país. Disparadas por un encuentro con científicos en la Universidad de Cádiz, el autor de El viento de la luna construye una melancólica evocación de pedagogías olvidadas, con un sentido de la educación ya antiguo.

El artículo está plagado de inexactitudes y posturas demodés. Así, acuerda explícitamente con una visión “autónoma” del arte según la cual “uno se resignaría” a aceptar que un estudiante no comprendiera un poema de Garcilaso “si al menos hubiera adquirido una gran formación matemática o científica”. Es decir, el español, reciente visitante de la Argentina, mantiene la creencia en “las dos culturas” de C. P. Snow: una literaria y otra científica, irreconciliables pero perfectamente jerarquizadas a favor  de la segunda.

Después se vuelca a la consabida crítica de la proliferación de nuevas “ciencias” (de la información, del trabajo) para asombrarse, cínico, de que “el ejercicio público del raciocinio y de la precisión informativa sea cada vez más raro entre nosotros”. Introduce la vieja definición (moderna, y antes griega) de ciencia como saber racional y riguroso; cuando desde los estudios de sociología de la ciencia de los últimos cuarenta años (Knorr-Cetina, Latour y Woolgar, etc) sabemos que la ciencia no es más que un mecanismo aceitado de “fabricación del conocimiento”.

Por último cae en la lamentable defensa acérrima de “la ciencia” como reservorio de la verdad, típica, por otra parte, de los no científicos (como demuestra cualquier encuesta de prestigio ocupacional). Dice que los científicos (a diferencia de “expertos en literatura, en sociología”) “no hablan en jerga” -intente leer un paper de Cell y luego me dice. Ellos tienen “la obligación y la costumbre de permanecer atentos a la experiencia de lo real, de someter cada intuición, cada hipótesis, al escrutinio de sus colegas” (el subrayado es mío) -lo más difícil de encontrar en los laboratorios, sabemos, es el mundo real. Y como corolario, cita a uno de los asistentes, el físico de Sevilla Manuel Lozano Leyva, que dice que “en ciencia los fraudes tardan muy poco en descubrirse” -claro, por eso vivimos solo quince siglos creyendo que la Tierra era el centro del Universo.

El artículo “Los saberes” de Antonio Muñoz Molina se puede leer acá.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s