Roberto Bolaño y la pesada

Las meninas, por Joel-Peter Wilkin

Joel-Peter Witkin. Las meninas. 1987. Fotografía analógica.

Estuve leyendo “Derivas de la pesada”, un discurso originalmente pronunciado por Roberto Bolaño en diciembre de 2002 y recopilado en el libro Entre paréntesis. Cualquier crítico literario serio que agarre este discurso y lo lea como si fuera un paper ante un congreso ciertamente lo destrozará. Pero nosotros no pertenecemos a esa secta, así que lo disfrutamos como lo que es: una genial pieza de filosofía del martillo.

Bolaño había reconocido su intención de hablar sobre las líneas de la literatura latinoamericana contemporánea, pero abrumado por la riqueza de la argentina decidió abocarse solo a ella. Recapitulando a modo de introducción, señala la centralidad indiscutible de Borges en el período que se cierra con su muerte en 1986. La última oración del artículo es: “Hay que releer a Borges otra vez”. No es nuestra intención discutir este fundamentalismo de Bolaño, sino centrarnos en su lectura de la literatura argentina contemporánea.

Dice Bolaño que hay tres “puntos de referencia” en este campo. Dos son públicos, dice; pero el tercero es secreto. El primero es Osvaldo Soriano, quien había muerto hacía cinco años. No encuentra esta posible rama literaria muy fecunda (de hecho dice que “hay que tener el cerebro lleno de materia fecal” para estimarla así) más que en la comprobación por parte de los escritores contemporáneos de que se puede ser masivo, alcanzar a muchos lectores. “No es necesario escribir libros originales, como Cortázar o Bioy, ni novelas totales, como Cortázar o Marechal, ni cuentos perfectos, como Cortázar o Bioy (…). Basta escribir como Soriano” (1). El texto está plagado de esa clase de ácidas sentencias.

La segunda línea, más oscura y subterránea pero aún pública, se origina en Roberto Arlt. Para Bolaño el rescate de Arlt como Jesucristo lo produce su San Pablo, Ricardo Piglia. Se pregunta Bolaño por qué Piglia se “enamoró” de Arlt y no de Gombrowicz, cuando es de vox populi que también lo hizo. Uno de los detalles que se le escaparon al chileno. Bolaño acepta  a Roberto Arlt como “el sótano” de la literatura argentina – más que eso, dice sin despreciarlo, sería inaceptable.

¿Cuál es la tercera línea, la secreta? Osvaldo Lamborghini. Hay un parecido entre la obra de Lamborghini y la de Joel-Peter Witkin, ¿verdad? “Arte dionisíaco”, lo llamó mi amigo Joaquín, fanático de Nietzsche. Estos tres son los escritores de la pesada: sin ellos, la literatura argentina sería muy aburrida, dice Bolaño. Pero, agrega, solo con ellos “la literatura se acaba”. ¿No leyeron a Lamborghini? Es “una cajita que está puesta sobre la alacena del sótano” de nuestra literatura, siguiendo con la analogía. La palabra crueldad, dice el chileno, es la que mejore se adapta a su obra. Como a las fotos de Witkin. ¿No vieron las fotos de Witkin?

(1) Roberto Bolaño, “Derivas de la pesada”, en Entre paréntesis, Barcelona, Anagrama, 2004, p. 25.

(2) ibídem, pp. 28-29.

Un comentario en “Roberto Bolaño y la pesada

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