Añoranzas de Mississippi

El escritor norteamericano William Faulkner, en la década de 1940. Foto: Alfred Eriss.

Un escritor como William Faulkner no necesita presentación. O, mejor dicho, no necesita más presentación que la que nos brinda su extensa obra, desarrollada en novelas, cuentos, ensayos, poesía y algunos guiones de cine que constituyen la cúspide más alta del séptimo arte. Recordemos que, en las décadas de 1940 y 1950, muchos guiones de Hollywood estaban escritos por creadores de la talla de Faulkner, Ernest Hemingway y Francis Scott Fitzgerald, entre otros. En esos años también vivían, y creaban, los grandiosos T. S. Eliot y John Dos Passos.

Nacido William Cuthbert Falkner el 25 de septiembre de 1897, pasó su niñez en el pueblo de Oxford, Mississippi. En 1918 ingresó a las Real Fuerza Aérea canadiense, tras haber sido rechazado de la estadounidense por ser muy bajo. En el formulario de la RAF colocó “Faulkner” como su apellido, creyendo que sonaba más “inglés”, entre otras mentiras relativas a su persona que, imaginaba, lo ayudarían a ser aceptado. Eran los tiempos de la Primera Guerra Mundial. Comenzó su entrenamiento en Toronto, pero antes de finalizarlo la Guerra terminó y fue honorablemente dado de baja. A pesar de nunca haber entrado en combate, el joven Faulkner fue recibido en Mississippi con honores, a los que él agradecía contando inimaginables historias de guerra, incluso alegando haber sufrido considerables heridas que le habían causado la implantación de una placa metálica en su cabeza…

De su experiencia militar saldría el material para su primera novela, Soldiers’ pay, de 1926. En 1919 se anotó en la Universidad de Mississippi en el marco de una programa especial para veteranos de guerra, a pesar de que ni siquiera hubiera terminado el secundario. Entre 1922 y 1924 trabajó en la oficina de correos de la Universidad. Su desastroso desempeño incluía jugar a las cartas con sus compañeros, enviar equivocadamente o simplemente perder las cartas que le eran confiadas y atender mal a los clientes. Cuando un superior comenzó a investigarlo, convinieron su inmediata renuncia.

En 1925 se mudó a Nueva Orleans, donde frecuentó un círculo literario. En 1926 publica su primera novela y en agosto viaja a Europa. Visita religiosamente el café de París al que acudía el viejo Joyce, pero por su magna timidez nunca se atreve a hablarle. Desde 1929 comienza a llevar una vida más holgada, tras un período de escasez saldado con la aparición de The sound and the fury ese mismo año, novela que el autor aceptaría haber escrito “deliberadamente para ganar dinero”. En 1932 comienza su carrera como guionista de Hollywood con un contrato de seis semanas para la Metro-Goldwyn-Mayer, de la cual saldría su primera película, Today we live (Howard Hawks, 1933).

La prosa de Faulkner es torrencial, vívida, fragmentaria, barroca, recargada, casi inconsciente, pero absolutamente medida, fría y cerebral. En las primeras décadas del siglo XX se había inventado un término para este “artificio”: stream-of-consciousness (fluir de la consciencia). Sus ilustres introductores habían sido nada menos que James Joyce y Virginia Woolf. El autor era la pluma a través de la cual sus personajes hablaban, pensaban, sentían, juzgaban el mundo que veían ante ellos. Eran los “años locos” de la primera posguerra. Menos de una década después, William Faulkner se consagraba con The sound and the fury (1929) e inauguraba su época más brillante, que duraría hasta 1942 con la salida de Go down, Moses.

Canonizado en vida, le es otorgado el Premio Nobel de Literatura en 1949, un año después que a su compatriota T. S. Eliot. Sus obras maestras Absalom, absalom! (1936) y As I lay dying (1930) marcarían profundamente la literatura norteamericana y universal del resto del siglo XX. En 1962 fallece este magnífico escritor que, sin siquiera haber completado el secundario, dio luz a algunas de las mayores obras de ficción de la historia de la humanidad.

Largos párrafos separados por guiones, que repiten una misma estructura gramatical y nos otorgan con cuentagotas cada vez más información sobre algún personaje, sobre la historia. Detalles que pasaron de largo en su momento, pero que 20 páginas después son retomados como si nunca se hubieran ido. Incoherencias que son resueltas como al desatar un nudo hecho por un niño. La lectura de William Faulkner (el hombre, la obra) requiere concentración, paciencia, perseverancia y determinación. Como todo clásico, exige, pero no defrauda. Hagamos la prueba.

Obras de William Faulkner en español:

¡Absalón, absalón!, Madrid, Alianza, 1971.

El sonido y la furia, Barcelona, Bruguera, 1982.

Santuario, Barcelona, Bruguera, 1982.

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Un comentario en “Añoranzas de Mississippi

  1. Hay una incorrección. La obra que Faulkner admitió haber escrito “con el único propósito de ganar dinero” es ‘Santuario’, y no ‘El ruido y la furia’. Por lo demás, este artículo no aporta nada de nada.

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