Las conciencias bienpensantes

Santiago Calatrava (Valencia, 1951). Palau de las Arts (2005). Valencia, España.

El otro día estaba esperando el colectivo en algún lugar de Buenos Aires. Era la hora del regreso, así que la parada estaba bastante concurrida. Cuando aparece el colectivo en cuestión, el primer pasajero de la fila saca la mano para que el chofer se detenga, pero éste decide hacer caso omiso de la seña y sigue su camino, como dirían los Decadentes, sin mirar atrás. La consecuencia fue una turba de trabajadores enfurecidos, acordándose de la madre del mencionado en medio de una densa nubede humo y smog. La señora que estaba adelante mío sentenció: “Hacen lo que quieren…”.

Observaciones. Primero, todas las personas nos quedamos en la parada esperando religiosamente a la siguiente unidad. Segundo, la señora que pronunció esa frase probablemente no tenga idea de que un pensamiento como ese generó 150 años de tradición sociológica.

Recordé un texto de Immanuel Wallerstein que había leído el cuatrimestre pasado (1). El autor postula que la “cultura sociológica” se basa en tres Axiomas, uno por cada “clásico”. El primero corresponde a Émile Durkheim. Su legado consistió en descubrir que existen “hechos sociales” objetivos, que son externos a los individuos y que ejercen una coerción sobre ellos. A su vez, las personas se mantienen unidas porque hay una “moral”, compartida por todos ellos, que genera el “lazo social” por el cual no vivimos en el estado de naturaleza hobbesiano. Estoy esquematizando, pero es algo así. El Axioma nº 1, entonces, reformulado por Wallerstein, es: “Existen grupos sociales que tienen estructuras explicables y racionales(2). Como diría la señora, “cada uno no puede hacer lo que quiere” [agrego] en una sociedad.

Pero ojo, nos dice, porque esos grupos tienen conflictos internos, no son homogéneos. Aquí es donde entra el gran Karl Marx. “La historia de toda sociedad existente hasta ahora es la historia de la lucha de clases”. Nótese el “hasta ahora”, parte históricamente ignorada por todo el mar- xismo ortodoxo que cree en la infalibilidad del futuro orden socialista… Uff, cada vez me convenzo más de cuán fácil es criticar a los llamados “marxistas” desde el propio Marx. Pero ese es otro tema. ¿Qué nos dice Marx? Que existen jerarquías adentro mismo de los grupos (clases, más allá de cómo las defina), y que ellas entran en conflicto entre sí. Este es el Axioma nº 2.

Pero como la tercera es la vencida, tuvo que llegar Max Weber. Tene- mos en el Axioma nº1 1a idea de los “grupos”, y en el nº 2 la teoría del “conflicto” adentro de estos grupos. ¿Pero por qué, se plantea Wallerstein, no explotan las sociedades, aún tras períodos revolucio- narios, que sin embargo son aislados a lo largo de la Historia? Weber viene a explicarnos la existencia de orden junto con la existencia de conflictos por el concepto de “legitimidad”. La dominación, es decir, la posibilidad de encontrar respuesta a la autoridad por parte de los “dominados”, tiene que ser “legítima” para poder sobrevivir a lo largo del tiempo. Hay tres tipos puros de “dominación legítima”, pero el que le interesa a Weber es la dominación “legal-racional”, según él la que rige (mayoritariamente) en la modernidad.

Esto lo discutimos el viernes pasado con mi amigo F., que próximamente colaborará con este blog, y unos compañeros de la Facultad de Puán que conocimos ese mismo día. Ellos son marxistas, de la línea del PO; noso- tros, por el contrario, somos de izquierda. Yo les hablaba de esto, que ellos no pueden entender, porque según el marxismo doctrinario más cuadrado, en un estado de contradicción de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción tan flagrante como el actual, la revo- lución tendría que haber llegado hace rato. Les mencioné, entonces, el concepto de “legitimidad”. Muchachos, todo esto no explota porque el orden de dominación que nos rige es “legítimo”, nosotros nos quedamos en la parada esperando el siguiente bondi y no quemamos todo (excepto casos excepcionales como en la estación de Haedo), lo aceptamos por- que creemos  que “está bien” que así sea, más allá de que estemos o no de acuerdo, etc. No logramos coincidir, finalmente. “¿Cómo puede ser ‘legítimo’ un país en el que millones de pibes se mueren de hambre y…”. OK. Nada para declarar.

Y miren que me había propuesto no hablar de Sociología en el blog…

(1) Immanuel Wallerstein, “El legado de la Sociología, la promesa de la ciencia social”, en Immanuel Wallerstein (au.), Roberto Briceño León y Heinz R. Sonntag (eds.), El legado de la Sociología, la promesa de la ciencia social, Caracas, Nueva Sociedad, 1999, pp. 11-24.

(2) Wallerstein, op. cit., p. 19.

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