Max Horowitz, un anciano deprimido y con síndrome de Asperger, en las calles de Manhattan.
Mary & Max se pasó acá en el BAFICI de 2010. La vi en el Teatro 25 de mayo, en Urquiza, me acuerdo de que era el último día del festival, un domingo a un horario extrañísimo, ponele 12:20 del mediodía. Esos últimos días cuando ya pensás que viste todo y te armaste más o menos un balance mental del festival de ese año… y llegó esta.
Siempre tuve debilidad por las películas animadas. A nivel creativo deja más libres a los guionistas y demás creativos para, aunque suene cursi, “dejar volar su imaginación”. ¿Te imaginás las películas de Disney con actores?
Eso es lo primero que surge cuando hablamos de animación, ¿no? Los dibujitos de Disney, la niñez. Pero al crecer nos fuimos enterando de los trasfondos de esas historias en apariencia tan inocentes, sus connotaciones morales y políticas. Leer Alicia a los 10 y a los 20.
Max Horowitz: Do you have a favourite-sounding word? My top-five are “ointment,” “bumblebee,” “Vladivostok,” “banana,” and “testicle.
La historia es enternecedora. Una niña de ocho años, Mary, vive en un pequeño poblado del interior de Australia. Tras una búsqueda azarosa en el directorio, encuentra a Max Horowitz, residente de Nueva York, Estados Unidos, y decide escribirle una carta. Max resulta ser un anciano de 84 años con extrañas visiones de la vida, la religión, las costumbres y básicamente todos los asuntos de la humanidad.
La película se desenvuelve a modo de conversación entre los personajes, cuyas cartas son “leídas” en las voces de Toni Colette y Philip Seymour Hoffman. Hay también un narrador que acentúa el tono “cuentito”. Las expresiones de Max son hilarantes por su profunda certeza y por su cualidad de matter-of-fact, como si todo estuviera dicho y no se discute más.
Max Horowitz: When I was young, I invented an invisible friend called Mr Ravioli. My psychiatrist says I don’t need him anymore, so he just sits in the corner and reads.
Uno no piensa “este tipo está loco, no le demos bola”, sino que, al final de la película, sentimos reafirmado ese dicho de que “los niños y los locos siempre dicen la verdad”. El tono es infantil, pero con una ternura y delicadeza tal que caemos en la cuenta de cuánto más sencilla es la vida: dos personas que se conocen y se comunican. Mary & Max es una película sobre la comunicación y sobre la represión de la que hablaba Freud en El malestar en la cultura. Seamos amigos.
Los personajes y todos los decorados, al estar hechos en plastilina y animados en stop-motion, tienen una calidez de torta de cumpleaños onírica.
Hay momentos demoledores, pero el tono triste se balancea con el humor, filoso e inteligente. Todo tiene un cariz gloomy inolvidable.


