Miranda July, delirándola en Me and you and everyone we know.
Esta película la pasaron acá en el BAFICI de 2006. No la vi, pero recuerdo el nombre en el catálogo (que no era un librito sino un desplegable que al abrirlo por completo quedaba como de un metro cuadrado), largo y repetitivo. Por falta de referencias y la abrumadora cantidad de películas, como siempre, la dejé pasar.
Hace unos meses salió la segunda película de esta directora y guionista norteamericana, Miranda July. Entre unos amigos se comentó como “la de Me and you and everyone we know“; una decía que “ella” le encantaba, ya que las protagoniza también como actriz.
Un vendedor de zapatos (blanco) medio fisura, Richard, se separa de su mujer (afroamericana) y se muda solo. A veces recibe a sus dos hijos (afroamericanos) (“muchos chicos no tienen ni una casa y ustedes ahora van a tener dos, ¿buenísimo, no?”) Una video-artista que trabaja como chofer de remises para adultos mayores (Christine) intenta que su obra sea exhibida en el museo local.
Lo primero que resalta en Me and you… es un tono entre el video-arte y el cine. Hay escenas mayormente líricas y escenas mayormente lineales, cinematográficas; pero todas tienen un cachito de cada uno. Hasta en el plano más casual (la caminata de Richard y Christine hasta el auto). Las partes en que se ven los videos de Christine son auténticas obras de video-arte, una “obra dentro de la obra”.
El núcleo reflexivo, me parece, está en las tres edades de la vida: los niños, los adultos y los ancianos. La película nos muestra sus posibles interacciones, normales o patológicas, rutinarias o comprometidas. Los chicos son adictos al chat y los artistas son sexualmente raritos; los viejos son artistas y los adultos lloran como chicos.
Imprimís una hoja con puntos y comas y te imaginás que ahí estamos vos, yo y todos los que conocemos.
Tal vez eso sea, el escape, la computadora, salir al mundo desde tu propio cerebro. Y mirar por la ventana, a veces. Estamos perdidos.
Los encuentros entre los personajes tienen un aura de imposibilidad, como de choque de almas paralelas. Todo está envuelto en terciopelo: los pervertidos no parecen tan pervertidos, los fracasados no nos suenan tan fracasados. La música es excelente también, lo que tiene que tener una soundtrack, acompañar el sentimiento, crear ambientes y manejar las emociones. El tema de Spiritualized…
Al final uno piensa: ¿qué pasó? ¿Qué onda esta película? ¿Por qué me parece que es la mejor película que vi en los últimos tiempos? Podemos planear nuestras vidas como si fuera una cuadra que caminamos.
Una película thought-provoking, que te hace pensar. Lo increíble es que te deja el tema a elección.


