No encuentro por ningún lado la foto que quería (snif…) poner para encabezar este post. La voy a describir, aunque no creo que llegue a las famosas mil palabras. La vi hace unos años, por lo cual la imagen en mi memoria puede no ser exacta. Valga de esbozo. Está el escritor argentino Lucio V. Mansilla (1831-1913), sentado en una silla. Ja, me salió un versito. Se encuentra frente a una serie de espejos. Por efecto de los mismos, su imagen se ve reflejada hasta formar cinco “Mansillas”, que dan la impresión de estar sentados alrededor de una mesa. Incluso hay algunos mirando para el costado, otros de frente. Parece, para lo que era la tecnología del siglo XIX, que en la escena hay cinco hombres. Todos iguales. Todos (como) él.
Mansilla escribió, entre 1888 y 1890, una serie de artículos en el diario Sudamérica conocidos como causeries, luego publicadas en un libro bajo el título de Entre-nos. Una causerie es una charla, una conversación de tono burlón, ligero e informal en que el causeur (en este caso, Mansilla) desliza ciertas posiciones sobre diversos temas, siempre desde la ironía y la complicidad con el interlocutor (en este caso, nosotros). En una titulada “¿Si dicto o escribo?”, el causeur se dirige a Marco Avella- neda, sobrino del ex-Presidente, como “Marquito” (2) – “entre-nos”. Las causeries son charlas que el propio autor dice destinadas para todo el mundo, pero en las que abundan oraciones en francés o latín y demás cultismos que una persona de a pie jamás podría entender. A menos que sea “como nosotros”.
Los espejos, bien lo sabía Mansilla, tienen algo de fantasmal. Jorge Luis Borges dice en ese sorprendente relato de Ficciones llamado “Tlon, Uqbar, Orbis Tertius”: “Entonces Bioy Casares recordó que uno de los heresiarcas de Uqbar había declarado que los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres” (3). Es un cuento arquetípico de Borges: plagado de citas falsas (”The Anglo-American Cyclopaedia”) junto a algunas alusiones verídicas (su amigo Bioy Casares), la trama construida bordea la cordura y la inquietud existencial, proveniente de su fascinación por la Cábala, los mitos escandinavos, etc. Probablemente el espejo sea uno de los símbolos más importantes de la obra borgiana, junto con la biblioteca y el laberinto (combinados, este último y el primero, en el clásico “Las ruinas circulares”).
¿Es tan gigante Borges? Sin lugar a dudas, es el escritor número 1 del canon literario argentino. ¿Quién elabora ese canon? Buen tema para el próximo “Ágora”. En el mundo, cuando se habla de literatura argentina, el primer nombre que suena es el del autor de El hacedor. A mí me encanta leer las entrevistas que los medios locales le hacen a escritores extranjeros. Siempre se viene la pregunta: ¿le gusta la literatura argentina?, ¿qué autores? El gran escritor irlandés John Banville (Wexford, 1945) comenzó por Borges, citando una famosa frase de Vladimir Nabokov sobre el argentino: “Cuando leí a Borges por primera vez pensé que había descubierto una catedral, pero en realidad era solo un zaguán”. Como si eso no fuera lo suficientemente contundente, se explaya: “En el momento en que sus historias comenzaron a ser tradu- cidas, (…) quedamos tan sorprendidos… Y no sé, ahora me parecen carentes de sangre, de sensibilidad… porque la ficción necesita, creo yo, la confusión y el caos de lo cotidiano, y no encuentro eso en Borges” (4).
Más que descalificarlo, parecen decir todos estos escritores, lo que merece la obra borgiana es ser redimensionada. Bajarlo del panteón, darle un nivel más humano – nivel con el que, dicho sea de paso, él mismo en vida demostró nunca sentirse cómodo. El tema de Borges es Borges. Su obra se sostiene en ese complejísimo personaje llamado Borges y construido por él
“Borges es… no sé cómo decirlo… un escritor menor genial. Sí, es eso: un escritor menor genial. Creo que su mayor fuerza radicaba en el hecho de que conocía sus límites” (5). Sabias palabras de Paul Auster (Nueva Jersey, 1947) que me encanta citar siempre que hablo del maestro Jorge Luis. ¿Un escritor menor genial? Esperamos la opinión de nuestro amigo P. Balán, fanático acérrimo del autor de El libro de arena.
(1) Citado en Jorge Luis Borges, Borges. Cuentos, Buenos Aires, Kapelusz, s/f [1997], p. 52.
(2) Lucio V. Mansilla, Horror al vacío y otras charlas, Buenos Aires, Biblos, 1995, p. 124.
(3) Jorge Luis Borges, Ficciones, Buenos Aires, Alianza, 1995, p. 14.
(4) Juan José Delaney, “Soy un poeta que escribe en prosa”, adncultura, 19 de julio de 2008, 49, p. 27.
(5) Tomás Eloy Martínez y Paul Auster, “Encuentro en Nueva York”, adncultura, 11 de agosto de 2007, 1, p. 18.
Como paso todo el día fuera del universo(sí, camino al delta hay un lugar fuera del universo) no puedo navegar po estos pagos, ni siquiera a los tumbos. Pero robándole horas al estudio, veo con asombro que aparezco mencionado en otro artículo impecable. Escribo en éste sólo por eso, pero también quiero elogiar uno más reciente sobre Wallerstein y los fundadores de la ciencia social y, de paso, criticás con justeza a los “marxistas vulgares”, otro de mis deportes preferidos de sedentario.
Saludos,
P.B.