Duilio Pierri. Dedoman and friends. Óleo sobre tela. 130 x 200 cm. La obra formó parte de la exposición inaugural de Objeto a, palermitana galería inaugurada hace un mes, ubicada en Niceto Vega 5181. Más información en www.objeto-a.com.ar
… y te diré quién eres, dice el refrán. Es extraño que muchos refranes tengan su antítesis. Por ejemplo, está “la venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena” y su contrario “la venganza es el placer de los dioses”, o un intermedio neutro como “la venganza es un plato que se sirve frío”. Brrr, qué sangriento.
Muchas obras literarias consagraron dichos que pasaron al habla popular. El Gatopardo, del conde de Lampedusa, contiene la famosa expresión “hace falta cambiar algo para que todo siga igual”. Luego del éxito de la película de Luchino Visconti (1963), este tipo de actos pasó a conocerse como “gatopardismo” de tan popular y acertado que probó ser.
El Quijote de Cervantes, bueno, ni qué hablar. Como todos los que lo leyeron recordarán, Sancho Panza era aficionado a los refranes, y esta costumbre sacaba de quicio a don Quijote. Una vez, recuerdo, Sancho tira como cuatro o cinco al hilo: “Porque quien a buen árbol se arrima buena sombra le cobija, y bien se está San Pedro en Roma, y más vale pájaro en mano que ver un ciento volar” y sigue algo así. A ver, acá encontré una cita: “[Sancho: - ] (…) y considere que se suele decir que buen corazón quebranta mala ventura, y que donde no hay tocinos, no hay estacas; y también se dice, donde no piensa, salta la liebre. (…) – Por cierto, Sancho – dijo Don Quijote-, que siempre traes tus refranes tan a pelo de lo que tratamos cuanto me dé Dios mejor ventura en lo que deseo” (1).
Otra obra clásica pródiga en refranes es el Martín Fierro, de José Hernández. La mayoría están en la Vuelta, que es cuando Fierro se vuelve un gaucho manso y deja atrás sus días de furia contra el mundo. Algunos versos expresan este tono claramente conservador: “El que obedeciendo vive/ nunca tiene suerte blanda -/ mas con su soberbia agranda/ el rigor en que padece -/ obedezca el que obedece/ y será bueno el que manda” (2). Otros son tan clásicos que ni vale la pena citarlos completos: “Los hermanos sean unidos/ (…)”. Versos como los del Moreno, a continuación, ponen la piel de gallina de tan actuales que suenan: “La Ley es tela de araña -/ en mi inorancia lo esplico,/ no la tema el hombre rico -/nunca la tema el que mande -/pues la ruempe el vicho grande/ y solo enrieda a los chicos” (3). Todos los refranes que estén en octosílabos son del Martín Fierro: “todo bicho que camina/ va a parar al asador”, por ejemplo.
Otros libros dieron y darán títulos para cualquier nota periodística más o menos atinada. Gabriel García Márquez, por ejemplo, ya debe estar hasta las pelotas con que siempre que pasa algo pongan “Crónica de un/a [inserte nombre de suceso] anunciada/o”. ¿Qué pasa, es “culto” encabezar una nota con un título de algo que nunca leíste? Como el otro día, que nombraron a Eduardo Galeano “ciudadano ilustre del Mercosur”, en Montevideo. Todas las notas eran “En memoria de las venas abiertas de América Latina” o “Cerrando las venas abiertas de América Latina”. En la tele, un periodista muy atinado le preguntó al escritor uruguayo: “¿están cerradas hoy las venas abiertas de América Latina?” ¡¡NO PODÉS, FLACO!! Si estudiás periodismo para tener en frente a uno de los más grandes escritores vivos de la actualidad no podés preguntarle semejante boludez.
Otros escritores se hicieron famosos, además de por sus libros, por su histrionismo y agudeza al hablar. Mark Twain y Oscar Wilde son recordados por sus frases. Del segundo, “solo hay una cosa peor a que hablen de uno: que no hablen”. Y del primero: “Cuando tenía catorce años, me llamaba la atención qué poco inteligente era mi padre; cuando tenía veintiuno, me sorprendió cuánto había aprendido en los últimos siete años”.
Marx era un gran escritor. Cualquiera que haya leído su obra puede dar fe de que su prosa era realmente amena y trágica, debido a su atenta lectura y admiración por Shakespeare. De hecho, ciertas frases famosas de Marx se han convertido en refranes: eso de que “la sucesos históricos se repiten dos veces, una vez como tragedia y otra como farsa” es casi textual el comienzo de El 18 brumario de Luis Bonaparte.
(1) Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, Buenos Aires, Centro Editor de Cultura, 2004, p. 392.
(2) José Hernández, Martín Fierro, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1991, p. 202.
(3) op. cit., p. 189.

Siempre pensé hacer un blog analizando refranes.
Pero es un poco muy trillado.
La versión correcta de la frase de Marx es “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal se producen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra como farsa”.
Si los hechos se “repitieran dos veces”, ocurrirían tres veces. Y, sin embargo, el error es recurrente. Hace no mucho apareció en un volante de una obra de Kartún que usaba la frase como divisa y en un discurso de la presidenta, si mal no recuerdo.
Que Galeano sea uno de los “más grandes escritores vivos de la actualidad” es menos un juicio estético inocente que una declaración de principios.
Galeano, más esclerosado que nunca, con su “prosa de glosador de tangos”, como alguna vez escribió Sebreli, sigue pontificando barbaridades edulcoradas. Habiendo arruinado a más de una generación, sigue siendo récord de ventas en librerías. Quien hace poco se autodefinió en una entrevista con el atroz portmanteau de “sentipensante” (que le enseñaron unos pescadores colombianos) sigue postulándose como abanderado de los oprimidos y chorreando panlatinoamericanismo. Que alguien, s.v.p, le propine un insulto en su querido idioma guaraní. Su nueva changa: ser cartógrafo espiritual:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-10536-2008-07-04.html
Atte.,
P.E.B.