
Joshua Bell de visita en un hotel (?). Foto: Cortesía JAMD.
El violinista norteamericano Joshua Bell deleitó al público porteño con sus dos majestuosos recitales, acompañado del pianista Frederic Chiu.
Ante un Teatro Coliseo con varias butacas vacías, el experimentado músico se mostró comunicativo y regaló dos bises tras la insistencia de los espectadores.
El recital comenzó puntualmente a las 20.30 hs. Las luces se apagaron y salieron los músicos, seguidos por un joven que probablemente verán en todas las fotos de prensa sentado al lado del pianista: era quien le daba vuelta las páginas de la partitura. La primera obra que ejecutaron fue la Sonata El trino del diablo, de Tartini. Una ejecución técnica impecable y, al mismo tiempo, llena de sentimiento, que sirvió para preparar al público para lo que venía, algo menos “popular”. Sin pausas entre los movimientos, Joshua Bell mostró su espíritu de estrella de rock al tocar sin leer esta pieza (así como las 2 últimas que tocaría) y acomodarse el flequillo cual Axl Rose en plena época del hair metal, con la misma mano que se sostenía el violín, que lo agarraba entre el hombro y la cabeza. ¿Se entiende? O sea, el chabón soltaba el… bah.
Tras un breve descanso, prosiguieron con la famosa Sonata Nº9, “Kreutzer”, de Beethoven. Confirmaron lo que ya sabemos: a Beethoven no hay con qué darle. Es como los Beatles: lo puede tocar Olas de nadie y aún así va a sonar increíble. Bueno, no estoy tan seguro de esto último. Pero para esta altura el concierto ya iba tomando color y se iba separando la paja del trigo. No era cualquier violinista el que estaba ahí abajo, y el pianista también tenía lo suyo.
Luego vino el intervalo, de 15 minutos, tras el cual los músicos arremetieron con la Sonata Nº1 Op. 80 de Prokofiev, genial compositor ruso poco tocado en el país. Obra más compleja y oscura que las anteriores, fue sorteada con maestría por estos dos maestros, quienes probaron su capacidad de simbiosis y expresión con el alma misma de la pieza. Siguió, claro contraste, la “Melodía” de Tchaikovsky, pieza breve y amable, casi un divertimento tras lo que había pasado. Lo mismo que la última pieza anunciada, la “Introducción y tarantella” de Pablo de Sarasate (…), perfecto final para un concierto memorable.
Pero ojo, no todo terminó ahí. Al comprobar la ovación que merecieron, Bell se dirigió al público para introducir, fuera de programa, una canción del “mexican composer” Manuel Ponce, Estrellita (así, en español lo dijo). Mucha atención no le presté. Y, como si eso fuera poco, se fueron y volvieron para una más, esta vez sí una “very very short” de Prokofiev que ni alcancé a escuchar el título, pero que claramente nos deleitó.
De acuerdo a la crítica de los colegas de La Nación, se trató de un espectáculo difícilmente superable en la historia musical de nuestro país (título de la nota: “Brillante acontecimiento musical”). OK. A mí también me gustó. De hecho, reconozco que me pareció uno de los mejores conciertos de música clásica que vi en mi vida. Pero si lo veo al muchacho este en el subte como hicieron en Washington, no sé si le tiro unas monedas…
¡Estás en todas partes!
Claro, todo sea por el periodismo. ¡Saludame a los colegas de La Nación la próxima! ¡Y no te olvides de los del gran diario argentino! (?)
Publicitá a somática
abrazo
Thank you
hola,,, me dijeron q joshua bell era uno de los mejores violinistas del mundo
pero no ntiendo eso de q sea punk…
soy violinista bye…
bueno para mi l mejor violinista del mundo fue paganini… y ahora le sigue maxim vengerov me nknta i love maxim…
josh bell es super buenisimo tambn s l mjor ya lo comprobe…