
Un lector disfrutando de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, en 2005.
Recuerdo que siempre, en la primaria, la primera excursión del año era a la Feria del Libro. ¡Qué felices que éramos! Volvíamos a casa con libros para colorear, de cuentos, clásicos ilustrados en versiones para niños. Pero, señoras y señores, las cosas han cambiado. En estos tiempos, los enanos de guardapolvo blanco apenas si pueden comprarse un chupetín. Vaya si lo sabía el que gritó: “¡Seño, las historietas cuestan 70 pesos!”
Latita de una gaseosa cola de primera marca: 4$. Entrada general: lunes a viernes, 8$; sábados y feriados, 10$. El monto se podrá descontar en caso de comprar 90$ o más en un mismo stand (es decir, ya arrancás 80 pesos abajo.) Linterna para leer, de las que se agarran con un clip al libro, 5$ (en la vereda de la salida por Santa Fe). Choripán, paty o pancho, en ese mismo lugar: no se los recomiendo. Choripán, paty o pancho en los restoranes caretas que están dentro del predio: menos aún.
“Escriba su nombre en chino. 2$.” “El significado de su nombre. 2$.” Son dos stands distintos, aclaro, en el pabellón azul.
El último libro de Eduardo Galeano (Montevideo, 1940) se llama Espejos. Una historia casi universal y está editado por Siglo XXI. Sale 45$ y tiene unas 200 páginas –> caro. Con el descuento por pago en efectivo queda en 40$ –> caro. Mi recomendación es: Parque Rivadavia o similares, compren dos de los 10 o 15 libros anteriores de microrrelatos de Galeano (Bocas del tiempo, de 2004, para dar un ejemplo) por el mismo precio, o uno por la mitad (que es lo mismo, pero no es lo mismo.) Vale la recomendación para los últimos libros de Murakami, Fontanarrosa, Naomi Klein o Felipe Pigna.
El epistemólogo argentino radicado en Canadá desde hace más de 45 años Mario Bunge (¡1919!) habló el jueves en la colmada Sala José Hernández. Algunas citas de su peculiar exposición: “no todas las creencias son iguales, algunas son más verdaderas que otras;” “una sólida formación científica no vacuna contra la pseudociencia” (nótese la metáfora médica); “la realidad social es en gran medida imprevisible, porque la vamos haciendo de a poco y azarosamente;” “no sabemos siquiera si hay leyes de la Historia.” Algunos conceptos usados a troche y moche por el autor, sin la sólida definición previa que requieren: “acciones antisociales,” el “bien común,” la “verdad.” Nunca me había resultado tan difícil descifrar la ideología política de una persona como en este caso: no es neoliberal, no es peronista (tampoco anti-peronista acérrimo), no es pro-yanqui, no es milico, no es socialista ni comunista, y mucho menos anarquista. Se declara “escéptico metodológico.” Claro que, a esta altura de su vida, el tipo debe sentirse con justa razón más allá del bien y del mal. ¡Listo, es nietzcheano! Cerró con una de esas frases que decimos mitad en serio y mitad en joda: “¿Cómo que descreo de la filosofía? Yo soy un entusiasta de la filosofía, pero de la filosofía auténtica, o sea la mía.” Los asistentes esbozaron una tímida sonrisa.
Julio:
No te vi en la conferencia de Bunge, que por cierto fue buenísima. Por supuesto que a esta altura se le puede aplicar, paradójicamente, el dictum nietzscheano. Por cierto, acaba de salir la traducción al castellano del primer tomo de su monumental Tratado(uno de sus libros serios, de los gorditos, no los chiquitos).
Atte.,
P. Balan
Además, en la misma entrada, recomendando artículos de Galeano, el demagogo, autoproclamado abanderado de los oprimidos, olvidados, etc., y con su “prosa de glosador de tangos”, como dice Sebreli. Habría que olvidarlo de una vez por todas por haber obnubilado a varias generaciones con su seducción fácil e igualmente hueca.
“Nunca me había resultado tan difícil descifrar la ideología política de una persona como en este caso: no es neoliberal, no es peronista (tampoco anti-peronista acérrimo), no es pro-yanqui, no es milico, no es socialista ni comunista, y mucho menos anarquista.”
Mmmm, mirá esto, yo pienso que es un socialista muy particular, pero socialista. Pido disculpas si estoy abusando del espacio. Lo siguiente está tomado de
http://www.sinpermiso.info
El auténtico socialismo renacerá sobre las cenizas del capitalismo
Mario Bunge · · · · ·
24/05/09
El artículo que reproducimos a continuación es la conclusión de una conferencia dictada recientemente en Lima por Mario Bunge, el filósofo latinoamericano más importante e internacionalmente reconocido del siglo XX. El texto completo, “El socialismo, ayer, hoy y mañana” –que está también en la base de dos conferencias que el autor pronunciará esta semana en Barcelona y en Madrid—, será publicado próximamente en la versión en papel de SinPermiso semestral. El texto fue amablemente enviado por su autor a nuestra redactora en Buenos Aires María Julia Bertomeu, de cuyo padre, el físico argentino Ernesto-Jorge Bertomeu (1917-2006), fue Mario Bunge entrañable amigo y compañero de estudios.
La sociedad capitalista, caracterizada por el llamado mercado libre, está en grave crisis. Aunque los políticos y sus economistas nos prometen que eventualmente saldremos de ella, no nos dicen cómo ni cuándo. No pueden hacerlo porque carecen de teorías económicas y políticas correctas: sólo disponen de modelos matemáticos irrealistas y de consignas ideológicas apolilladas. Esto vale no sólo para los dirigentes neoliberales sino también para los socialistas, tanto los moderados como los autoritarios. Los neoliberales no nos explican la alquimia que transformaría la libertad de empresa y de comercio en prosperidad; y los pocos marxistas que quedan se regocijan con la crisis que profetizaron tantas veces, pero no proponen ideas nuevas y realistas para reconstruir la sociedad sobre bases más justas y sostenibles.
Yo creo que hay motivos prácticos y morales para preferir el socialismo auténtico al capitalismo, y que la construcción del socialismo no requiere la restricción de la democracia sino, muy por el contrario, su ampliación, del terreno político a todos los demás. Esto es lo que llamo democracia integral: biológica, económica, cultural y política (1) Bunge 1979). Semejante sociedad sería inclusiva: no habría exclusiones por sexo ni por raza, ni explotación económica, ni cultura exclusivista, ni opresión política.
Se preguntará, con razón, si ésta no será una utopía más, y mi postura la de un cantamañanas.
Mi respuesta es que la democracia integral podrá tardar varios siglos en realizarse, pero que su embrión nació hace ya más de un siglo, cuando se constituyeron las primeras cooperativas de producción y trabajo en Italia, sobre la base de empresas capitalistas fallidas.
Un ejemplo parecido, más reciente y modesto, es el movimiento argentino de las fábricas recuperadas; éstas fueron las empresas que, cuando fueron abandonadas por sus dueños por considerarlas improductivas, fueron ocupadas y reactivadas por sus trabajadores (2). Estos son ejemplos en pequeña escala de socialismo cooperativista.
Si en los EE UU hubiera sindicatos y partidos políticos progresistas, éstos aprovecharían la ocasión actual y transformarían en cooperativas las grandes empresas en bancacarrota, tales como General Motors y AIG.
Obviamente, semejante cambio requiere la anuencia de los poderes públicos, ya que involucra el reconocimiento legal de las empresas “recuperadas” por sus empleados, cosa que ocurrió en Argentina. Pero lo que ha estado haciendo el gobierno norteamericano desde fines del 2008 es usar dineros públicos para rescatar esas empresas privadas fallidas por mala gestión.
O sea, ha estado haciendo lo opuesto de Robin Hood. Garrett Hardin (3) lo llamó “socializar las pérdidas y privatizar las ganancias”.
En resumen, un programa realista para los partidos socialistas partiría de la consigna de la Revolución Francesa, agregándole participación y competencia en la gestión del Estado. El medio para realizar este ideal de la democracia integral es: Ir construyéndola de a poco y desde abajo con las cenizas del capitalismo en tren de autocombustión. O sea, multiplicar las cooperativas y mutualidades, renovar los partidos socialistas con una fuerte dosis de ciencia y tecnología sociales, fortalecer los sindicatos independientes, fundar centros de estudios de la realidad social, y multiplicar las bibliotecas y universidades populares.
En suma, el socialismo tiene porvenir si se propone ir socializando gradualmente todos los sectores de la sociedad.
Su finalidad sería ampliar el Estado liberal y asistencial para construir un socialismo democrático y cooperativista. Este pondría en práctica una versión actualizada de la consigna de la Revolución Francesa de 1789, a saber: Libertad, igualdad, fraternidad, participación, e idoneidad.
NOTAS: (1) Mario Bunge, Treatise on Basic Philosophy, tomo 4: A World of Systems. Dordrecht, Boston: D. Reidel, 1979. (2) J. Rebón e I. Saavedra: Empresas recuperadas: La autogesión de los trabajadores. Buenos Aires, Capital Intelectual, 2006. (3) Garrett Hardin: Filters Against Folly. Nueva York, Londres, Penguin Books, 1985.
Mario Bunge es el más importante e internacionalmente reconocido filósofo hispanoamericano del siglo XX.
Físico y filósofo de saberes enciclopédicos y permanentemente comprometido con los valores de la democracia republicana, los derechos humanos y la justicia social y económica, son memorables sus devastadoras críticas de las pretensiones pseudocientíficas de la teoría económica neoclásica ortodoxa y del psicoanálisis “charlacanista”.