Sin aliento (IV)

Vista aérea de la urbanización cerrada “Las praderas”, en Luján, Provincia de Buenos Aires.
Lo bueno del BAFICI es que uno siempre se cruza con viejos amigos. Anoche por ejemplo vi a uno del género “estudiante de cine”, interesante especimen que sale a la luz en esta clase de eventos. Charlando con él me enteré de algunas curiosidades:
- Una “lata” de fílmico color (35 mm) de 4 minutos cuesta 500 dólares.
- Manuel Ferrari y Rafael Filipelli son importantes y respetados teóricos del cine, pero pésimos directores.
- Una “lata” de Súper 16 (creo que era así, la cuestión es que es peor que el fílmico) blanco y negro de 11 minutos cuesta 50 dólares.
- Hay dos bandos de directores del “nuevo cine argentino”: los que salieron del ENERC (Adrián Caetano, Lucrecia Martel) y los que salieron de la FUC (Pablo Trapero, Celina Murga, Andrés Tambornino).
- Para que te tome una película el INCAA tenés que tener un certificado de libre deuda (sic) que dice que le pagaste lo estipulado por convenio colectivo a todos los trabajadores, desde los técnicos de sonido hasta los actores.
- Hacer un largometraje con una posproducción decente cuesta alrededor de 800.000 pesos.
Después de enterarme de estas y de muchas más intimidades del mundo del cine argentino me agarró una gran angustia, pensando en esas películas que parecen una boludez terrible pero que en verdad significaron mucho esfuerzo y dinero para los que creyeron en ellas. Así que hay que respetar a todos por igual.
El segundo opus de Celina Murga se llama UNA SEMANA SOLOS. Trata sobre la vida cotidiana de un grupo de primos que se quedan solos en el barrio cerrado donde viven porque sus padres se fueron de viaje. Cuidados por la empleada doméstica y (en menor medida) por la hermana mayor, vemos cómo el tener todo (lo material) no es garantía de felicidad ni, especialmente, de buena conducta. Estos pequeños bandidos se dedican a sabotear y destrozar casas vacías aprovechando la total falta de límites con que se desenvuelven. Murga nos trae un personal, riguroso y nada moralista retrato de la primera generación de argentinos nacidos y criados en estos micro-mundos que son las urbanizaciones cerradas. Es destacable el tratamiento de los personajes de los chicos, sin caer en contrastes buenos-malos ni en estereotipos. Futuro estreno.
Seguimos con Gus van Sant y su PARANOID PARK. El park en cuestión es una gran pista de skate, típica de ciudad mediana de Estados Unidos. Un extraño asesinato conmueve al pueblo y el investigador apunta directamente a los skaters. Genial banda de sonido y tratamiento de la imagen. Tenemos al mejor van Sant, el de los sinsentidos y las contradicciones de la vida. Comparte con Mala noche el interés por los adolescentes, por la indagación de sus peculiares existencias. No se las puedo vender: es tómalo o déjalo.
Qué maestro Bob Dylan, aunque su presentación en Buenos Aires haya dado lástima (ver post “La goyenechización de Bob Dylan” en este mismo blog). Todd Haynes nos muestra su frenética visión de “la música y las muchas vidas” del trovador, con la particularidad de haber usado 6 o 7 actores (no me acuerdo). Están todos los Dylan: el pequeño fanático de Woody Guthrie que escribe sobre su vida, el cantante de protesta de la avenida Greenwich, el poeta maldito de la segunda mitad de los sesenta (imperdible Ben Whishaw), el cowboy de Pat Garrett y Billy the Kid, etc. Leo en el Sin aliento (el periódico del Festival, por si no lo sabían) de hoy que esta película puede ser vista como la versión ficcional del documental de Scorsese No direction home, y la verdad que Natalí Schejtman tiene razón, está bastante apegado a esta “historia oficial” ¿Por qué tradujeron I’M NOT THERE como “Mi vida sin mí”? Ya saben, entonces: cuando se estrene Mi vida sin mí, no es la última de Adam Sandler, es la genial aventura del loco Todd Haynes.
Tags: cine independiente bafici
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