La goyenechización de Bob Dylan

Un breve artículo periodístico sobre el recital podría decir así:
“El legendario músico de rock estadounidense Bob Dylan presentó anoche en el estadio de Vélez un repaso de toda su carrera, en la que fue su tercera visita al país. Tras tocar en Córdoba el pasado jueves, el tramo argentino de su gira Never ending tour culminará este martes con una actuación en Rosario.
“Con más de 45 años de carrera, el sexagenario músico salió al escenario de riguroso traje negro y sombrero de ala ancha al mejor estilo yanqui. La banda (de 7 músicos) también vistió sacos de uniforme tono beige y camisa negra. Tras un inicio con Rainy day women 12 & 35 y el clásico Lay lady lay, el público porteño tuvo una idea de lo que se avecinaba. Un Dylan de voz arenosa y dicción por lo menos errática hilvanó por la siguiente hora y media una catarata de canciones más o menos conocidas, en versiones totalmente cambiadas en la línea vocal. Esto se debió ni más ni menos que al frágil estado del cantautor, de 67 años, que optó por “recitar” las letras con dificultad. Los segmentos más disfrutables, en canciones como Just like a woman o All along the watchtower, resultaron ser los instrumentales.
“Lo que prometía ser una jornada para el recuerdo se transformó en un evento olvidable. Entre el poco nutrido público (con plateas ocupadas en 1/4 de su capacidad y la popular local a medio llenar) se dibujaron caras de decepción y de lástima ante el espectáculo, aún así esforzado y profesional, de un poeta y figura clave de la música del siglo XX.”
Pasamos a los comentarios extra-periodísticos. ¿Qué problema hay con decir que el recital de Dylan no te pareció “increíble”? Clichés de anoche: “la banda sonó impresionante”, “la voz del tipo así me conmueve más”, “la escenografía íntima estuvo muy bien”. ¡Genial! Si no se gastaron ni un poco en montar una escenografía, es “íntimo”.
Otra. El señor no pronunció palabra hasta el último tema antes de los bises, cuando presentó a la banda y tiró un magro “thank you”. Qué dijo este público argentino ABC1: “está bien, el tipo sale a tocar, está en la suya”. Obviamente hubo cosas bien hechas: fue puntual, salió solo 15 minutos después de lo anunciado; los precios de las entradas no fueron excesivos, tal vez para cubrirse por lo que venía; y dicen que el recital de León Gieco estuvo muy bien, con Charly García y Gustavo Santaolalla incluidos. Sin embargo, el espectáculo principal dejó un gusto a show de compromiso, carente de emoción e incluso por momentos adormecedor.
No, cómo lo vas a criticar a Dylan, che. Ese es el problema. Tendemos a idealizar a las personas. Y no nos damos cuenta de que así les hacemos un mal, las alejamos y las convertimos en objetos casi de culto. Justamente, no es así. Son personas de carne y hueso, como nosotros. En el caso de Bob Dylan, es una persona talentosa, un poeta de primer nivel reconocido en todo el mundo (basta echar un vistazo a Desolation row, que no la tocó dicho sea de paso, o la quemadísima e infaltable Blowin’ in the wind), un músico innovador que continúa haciendo excelentes discos (como lo prueba la reciente trilogía Time out of mind, Love and theft y Modern times). Pero anoche en Vélez no cumplió con las expectativas de un gran show.
Después reflexioné y me di cuenta de que no era la alegoría más adecuada, pero me hizo acordar al viejo Polaco Goyeneche. En esos años en que salió de gira por todo el mundo, con Piazzolla y otros maestros, presentando los tangos que lo habían hecho grande. Pero ya no cantaba. “Decía”. Pero cómo decía… Goyeneche “diciendo” es lo más parecido a Buenos Aires que se ha logrado desde la música. Duele en el alma que lo de Dylan, más bien, nos haya hecho acordar a la Historia que se repite como farsa.
Tags: bob dylan, buenos aires, Recitales, velez
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