El sistema de transporte de Londres

Cuando salí del subte que me llevó desde el aeropuerto de Heathrow hasta mi hostel, en London Bridge, me sentí como en las películas. Esas en las que el protagonista sube desde lo desconocido y tiene la cámara atrás que lo toma como los autos en el Daytona cuando elegías la cámara 4 (la 3 no, era muy cerca). Ya me había olvidado de las decenas de kilos que pesaba mi mochila con la carpa, el aislante, la bolsa de dormir y las wellies (así le dicen a las botas de lluvia, que me salvaron la vida). Yo simplemente caminaba.

Tras dejar el equipaje salí a dar una vuelta. Crucé el London Bridge (ese que St. Vincent dice que va a saltar) y me fui para el lado de la City. En el mercado de Leadenhall me mezclé entre los oficinistas que, siendo las 12.30 del mediodía, ya estaban escabiando sus primeras pintas como acompañamiento del almuerzo. Todos los días me crucé a gente parada en la vereda de los pubs, tomando birra de día.

Después empecé a viajar, para ir a las atracciones culturales que me había propuesto conocer. El subte, como en cualquier ciudad del mundo, es el medio de transporte más cómodo y rápido. Pero el subte también, como en pocas otras ciudades del mundo, es gigante y caro. El colectivo salía casi la mitad y era mucho más pintoresco, sobre todo si te tomabas los double-deckers.

Sigue leyendo

Escribir

Caseros (circa 1994)

Mi abuelo no sabía leer ni escribir. Le llevábamos revistas porque le gustaban las fotos e, inexplicablemente, siempre entendía algo del contenido de las notas. Televisión sí miraba, más que nada fútbol los fines de semana (supongo que nunca se enteró de que las fechas, desde el Fútbol para todos, también se jugaban el resto de los días).

Mi abuelo me miraba con cara de preocupación. Se interesaba en mi futuro: cuando estaba en el colegio, me preguntaba qué iba a estudiar en la Facultad; cuando estaba en la Facultad, me preguntaba si iba bien y cuándo me iba a recibir; cuando me recibí, me preguntaba si tenía trabajo y, cuando le decía que no, me compadecía y afirmaba, taciturno, que la vida estaba difícil. El año pasado, finalmente, pude decirle con toda la satisfacción del mundo, con la certeza del novato que habla con un maestro, que lo había conseguido, que por primera vez en la vida, a los 25 años, tenía trabajo.

En las fotos se lo ve atento, un poco fuera de lugar a pesar de que todas las fotos que tengo de él son en su lugar, en su casa, que es la casa en la que crecieron mi mamá y mi tía. Pocas veces lo vi fuera de esa casa. El cielo siempre era más grande que la ciudad.

*                                                                 *                                                        *

El otro día me fui de shopping por primera vez. El local de una marca MUY CONOCIDA en un shopping MUY CONOCIDO que está a la vuelta de un museo de arte latinoamericano MUY CONOCIDO.

La estructura del edificio es antigua, lo que delata su carácter pionero en el panorama argentino. Abajo hay un supermercado MUY CONOCIDO. Subí por las escaleras mecánicas (en francés se dice monter, ¿cómo vas a montar una escalera? pero bueno, es el mismo idioma en el que ochenta se dice cuatro veces veinte) y el local era uno de los primeros, a la derecha.

Apenas entré me puse súper self-conscious: me miré a través de los ojos de las majestuosas señoritas que, en segundos nomás, irían a atenderme y a mimarme por el módico precio de un par de miles de pesos en ropa. ¿Estoy bien? Tu vestido, ¿cuesta mucho, poquito o muchísimo más que mi pantalón? Alta, pelo corto, oscuro, ojos claros delineados, una boca carnosa pero no exhuberante, tono de voz cautivante. Qué estoy buscando, algo abrigado, media estación (¿en qué quedamos?), bueno, por acá, cualquier cosa me preguntás.

Y todas las chicas que entraban eran así. El público y el staff, en los lugares para GCU, son intercambiables. Se elogiaban entre ellas, “me encanta su vestido”, y cuando salía le decían “me encanta tu vestido”. Sí, sos divina, ya lo sé, pero no me alcanza ni para pagar el alquiler en la villa a la vuelta de tu country.

Meditación

Sitiado por los cigarrillos y el whisky,
escucho que alguien mete mal un cambio en la calle.
La noche es dura y las noticias son malas.
¿Guardo la Elegía en el freezer
para comerla cuando llegue la inspiración?

Que quede claro:

Esos globos inflados con gas
pegados al techo
donde hubo una fiesta,
son mis sentimientos.

Fabián Casas. En El spleen de Boedo, Bahía Blanca, Vox, 2003.

Interlocutor válido

Horacio Zabala. Las ficciones de Borges. 1999. Assemblage (17 envases de aceite, vidrio y acero). 95 x 14 x 16 cm

Horacio Zabala. Las ficciones de Borges. 1999. Assemblage (17 envases de aceite, vidrio y acero). 95 x 14 x 16 cm

Es increíble la diferencia del comportamiento del tiempo en Internet. Qué difícil que es encontrar el pasado. Supongamos que una vez escribiste un comentario en un blog que te encantaba, en, digamos, 2009. Es imposible encontrarlo. Supongamos que en 2008 viste una foto de tu artista favorito en el suplemento joven del diario El día de La Plata. Es imposible encontrarlo.

Por eso me chocó cuando estaba leyendo una letra de Kate Nash en SongMeanings.com y vi que el primer comentario era de octubre de 2006 y otro de abril de 2007 decía “por favor, Kate, tenés que sacar un disco!!” Claro, Nash era una joven inglesa de 19 años que había subido un par de temas a MySpace y se había viralizado (Facebook era casi inexistente) hasta cobrar una cierta fama que le hizo grabar, efectivamente, su primer disco ese mismo año. Y acá estamos, siete años después, Nash es una megaestrella pero acá siguen esos rastros.

Violeta Kesselman nos contó cuando vino a la radio que ella llevaba un blog también, más o menos en 2005, llamado Todos los días. Sigue online, nos dijo, porque ella quería. Es una decisión consciente, en este caso: una escritora que quiere preservar su material “temprano” al alcance de los lectores. Pero Borges nunca quiso re-publicar sus dos primeros libros de poesía. Cuando a Kesselman le pinte, aprieta el botoncito y adiós para siempre.

No entiendo cómo se va a preservar todo lo que se está haciendo. ¿Quién sabe qué banda tocó en el Café Einstein el sábado 13 de junio de 1987? ¿Y en Vuela el pez el domingo 2 de septiembre de 2012? Entonces me puse a recopilar algunas de esas cosas. Pero ¿dónde las tengo? En Google Drive. ¿Y cuando Google apriete el botoncito, como hicieron con Megaupload?

Hace dos años Agustina Gurevich presentó, en el ciclo “15/20. 15 directores sobre el 20 de diciembre de 2001″ una obra que jugaba con esto. Era un unipersonal, la actriz tenía una pecera en la que iba haciendo un preparado con agua, juguetes, comida, etc. Sonaba un audio como de casete, gastado, una voz que arrojaba interpretaciones e instrucciones sin sentido. En un momento la voz (la propia Gurevich) dice “se preguntarán por qué en pleno siglo XXI estoy grabando esto en un casete. Porque creo en la obsolescencia de los dispositivos de almacenamiento digitales…”

Cuando no tengamos más pendrives ni celulares, ¿qué seguirá? ¿Las señales de humo? ¿Volveremos a escuchar a la banda del barrio en vez de buscar sesiones de Kate Nash en YouTube?

Casada
Luz se casó en Madrid. Vivía con su novio en un semipiso a tres cuadras de la Gran Vía. Todas las mañanas se levantaba para pasar por la puerta del Museo del Prado antes de que Francisco, el jefe de Maestranza, saliera con el balde a decidir si la vereda merecía ser baldeada. “Hoy no”, le dijo la segunda o tercera vez que la vio. “Si los vecinos la ven muy limpia, se enojan. Si los turistas me ven baldeando, no pasan más. Es un jodido equilibrio, tía.” Fue la primera vez que le dijeron “tía” fuera de Argentina, donde, ya lo sabemos, significa una cosa muy distinta.

Había terminado sus estudios en Comunicación Social en la Universidad Siglo XXI. El profesor de Planificación de Políticas Comunicacionales le había recomendado la Maestría en Periodismo Digital de la Universidad Carlos III; dijo que un colega suyo de la época de la Transición estaría dispuesto a recibirla, académicamente hablando por supuesto. Habló con Manuel y a él le pareció el mejor momento para conectarse con su pasado ibérico. El avión salió a las 4 de la madrugada.

En Barajas no los detuvieron ni los discriminaron. Simplemente pasaron y se tomaron un taxi que por 36 euros los dejó en el departamento de Jordi, un catalán de Girona que juraba haber conocido a Roberto Bolaño.

Como Manuel necesitaba unos papeles de Argentina tuvo que volver a los pocos meses. Recién entonces se casaron, en Madrid. Para esa época salían mucho y frecuentaban los botellones de la esquina de su casa. Acá la cosa era muy distinta.

Este blog está en contra de los pasajeros que son excesivamente amables con el chofer del colectivo. Este blog está a favor de los y las jóvenes que van por la vida sintiendo que todo gira alrededor suyo hasta que un caño de escape los trae de vuelta a la realidad. Este blog está a favor del campo. Camino, campo, lo que sucede, gente. Este blog está en contra de los parques de diversiones. Este blog está en contrar de parar. “No puedo parar”, etc etc. Este blog está a favor de las citas polivalentes, que pueden significar a ó b al mismo tiempo. Por hache o por be. Llamale hache. Este blog está a favor de los templates de colores y de las tipografías especiales. Este blog está en contra de la atención al detalle, de que la parte sea más importante que el todo. Este blog está en contra de los fundamentalistas del subterráneo. Este blog está en contra de los que van corriendo y sienten que las personas que se cruzan en su camino (campo, lo que sucede, gente) son cosas, no personas. Este blog está a favor de los cursos, los fluires, los riachos, los helechos, los empapelados, los baños y los espejos gigantes. Este blog está a favor de la buena suerte. Este blog está en contra de la no respuesta y de las aplicaciones para celulares. Este blog está a favor de las luces coloradas y de los medios de comunicación. Este blog está en contra de las jornadas exitosas y de los eufemismos. Este blog está en contra de los stickers y de las cursivas. Este blog está a favor de las casas vacías, de los conventos, de las peatonales, de las cadenas que evitan que te roben tus pertenencias.